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¿Autocrítica, yo?

Dejó claro Iglesias en su reaparición que quiere resucitar un supuesto enemigo: los medios de comunicación.

Pablo Iglesias volvió a primera línea de la política este sábado, y no pocos medios titularon de su mitin que había hecho autocrítica, al reconocer que los problemas internos de Podemos, y cómo los han gestionado, producen vergüenza ajena.

La autocrítica es necesaria cuando en cuatro años, la fuerza política más innovadora de la izquierda tiene a sus simpatizantes desmotivados, y a buena parte de su capital humano fuera de la formación que levantaron a pulso, ya sea por voluntad propia o porque les han apartado, y a otros compitiendo con otras marcas electorales.

Pero si la autocrítica es admitir qué errores ha cometido uno cuando algo sale mal, francamente, yo no ví ni rastro de ella en la entrevista que Iglesias concedió luego a la Sexta Noche. Su fracaso, dijo, fue tratar de integrar a quienes no pensaban como él; su mayor error, dijo, fue no haber visto venir la espantada de Manuela Carmena e Iñigo Errejón. No escuché ni una reflexión sobre por qué el proyecto de Podemos pierde fuelle, y no sólo en Madrid, aunque quizá eso es mucho pedir en plena precampaña electoral.

Lo que sí dejó claro Iglesias en su reaparición es que quiere resucitar un supuesto enemigo: los medios de comunicación. Es un driblaje perfecto para desviar la atención sobre qué le está pasando a la formación morada. La culpa, al final, siempre es del mensajero.

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