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Miércoles, 18 de Septiembre de 2019

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Se buscan Mandelas... y generales

Les propongo hacer un ejercicio, a ver cómo nos sale y qué conclusiones sacamos. Imaginemos un conflicto que esté ahora mismo especialmente encabritado y donde encontrar una solución parece misión imposible. ¿Qué nos viene a la cabeza? Pues el “Procés”, el follón de Catalunya, España, la independencia, el patriotismo, los presos, todo ese lío. Y también podríamos poner otro ejemplo, que es el Brexit, donde las mentiras, la mala fe, los errores, la incompetencia, la soberbia….y más cosas han creado una mezcla que está a punto de provocar un estallido histórico.

Son dos problemas muy serios, muy graves, sin duda. Vale, pues ahora –segunda parte del ejercicio- los vamos a multiplicar por cien, o por mil; cambiamos de escenario: la Sudáfrica del apartheid en 1990 cuando Mandela sale de la cárcel después de 27 años: ¿cuál era el pronóstico más extendido? Que habría guerra, guerra civil, de negros contra blancos; porque los negros estaban hartos de opresión y los blancos –la mayoría- se creían en posesión de un derecho divino sobre haciendas y personas. Y los blancos estaban mejor armados, pero los negros eran muchos más.

O sea, que todo invitaba a pensar en eso: en que correría la sangre. Bueno, pues no ocurrió. Y la clave fue Mandela, claro, con su empatía, su inteligencia, su generosidad, su visión, su liderazgo en definitiva. Le llamaron traidor, le llamaron blando, vendido… tuvo mucho mérito, lo que hizo. Pero es que también hubo alguien al otro lado; un general llamado por los suyos –por los más belicosos- a derrotar a los negros. Y que también hizo el esfuerzo de ponerse en lugar del adversario; y de pensar en el bien mayor de evitar una guerra. Y también le llamaron traidor, y blando, y vendido…

Hoy les contaremos esta historia a través de una novela que acaban de publicar un periodista y un artista gráfico. Se titula “Mandela y el general”, creo que podría ser de lectura obligatoria en todas las escuelas… y en la sede de algún partido, también. Sólo tengo una duda, y se la voy a plantear enseguida a sus autores: ¿Mandela y el general Viljoen hubieran tenido el mismo éxito, habrían podido mantener su acuerdo en tiempos de twitter, con la presión y el fanatismo que destilan las redes sociales? Quiero pensar que sí, pero sinceramente tengo mis dudas.

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