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Espectáculo lamentable

Josep Ramoneda analiza la antología de disparates de la campaña electoral que hemos escuchado en los últimos días, el escándalo de la policía política que creó el ministerio del interior gobernado por el PP y los diez meses de gobierno de Sánchez

Los escándalos políticos no lo son tanto cuando el gobierno al que afectan no está en el poder. Pero la confirmación de que el Gobierno de Mariano Rajoy creó en el Ministerio del Interior una policía política encargada de espiar y destruir a sus adversarios es de una enorme gravedad. Y revela el deterioro institucional que dejó el PP entre la corrupción económica y el abuso de poder. Nadie fue cesado, nadie dimitió, y alguno incluso fue premiado y Casado se desentiende de una historia propia de un régimen autoritario. ¿Alguien dará la cara?

La antología de disparates de la campaña electoral es tan extensa que por el prestigio de la política alguien debería mandar a parar. De las proverbiales exhibiciones de ignorancia de Adolfo Suárez Illana, ahora en relación con el aborto, a las fanfarronerías de Aznar en pelea de machos con Vox, los rifirrafes entre Casado y Rivera, los desahogos patrióticos contra López Obrador, la súbita pasión por la tauromaquia que gana toreros para la política, o la irrupción del lobby del rifle de la mano de la extrema derecha, el espectáculo es lamentable. Y merece la repulsión ciudadana. Da la sensación de que la derecha ensimismada en su pelea interna ha dejado vía libre a Pedro Sánchez. Como si ya dieran la batalla por perdida. ¿Cálculo político o irresistible poder de las bajas pasiones? La derecha, que tenía fama de saber jerarquizar los intereses y no perderse en batallas menores, empieza a parecerse a la izquierda en el narcisismo de las pequeñas diferencias. Al fin y al cabo, todos son de la misma pasta. Pero los ciudadanos merecen algo mejor.

Diez meses de gobierno habrán sido una buena campaña electoral para el PSOE. Primero, vino el cambio de estilo, un gobierno rejuvenecido, feminizado y modernizado, que fue un alivio, en contraste con el tono antiguo, soso y burocratizado de Rajoy y su desgastado entorno. Después un inventario de propuestas de nunca acabar, que sigue creciendo ya en tiempo de descuento, con la ventaja de que una legislatura tan corta no da margen para la frustración del incumplimiento. Hoy mismo, se ha anunciado una retahíla de propuestas para la España vacía, que de momento quedan a beneficio de inventario, pero que apuntan al mundo rural, donde el despoblamiento no cesa, y, por tanto, el voto de cada ciudadano adquiere mayor peso día a día. A Sánchez no se le juzgará por lo que hizo –no hubo tiempo- sino por lo que podría hacer. Y este juicio es libre y depende de los estados de ánimo.

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Cadena SER

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