La España rural: ni ultra, ni añeja
Lo que con ligereza e insensibilidad llamamos a veces el resto de España demostró ayer que no tiene nada que ver con los tópicos, ni con lo ultra, ni lo añejo

La España rural: ni ultra, ni añeja
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Este fin de semana ha sido la manifestación masiva de la España rural, antes fue el viernes ecologista, y aún antes, el 8 de marzo de la igualdad. La sociedad civil toma claramente la delantera señalándole los problemas a la clase política, esperando que se interpreten sus demandas.
No está mal que los cambios lleguen de abajo arriba, siempre que arriba, los dirigentes, escuchen de verdad y pongan sobre la mesa proyectos de largo plazo más allá del carrusel de ofertas de última hora al calor de la penúltima manifestación y porque tenemos elecciones por delante.
La España que no copa titulares de prensa se hizo oír ayer. Con claridad y corrección, con argumentos y paciencia. Harta de que España parezca solo la suma de Madrid, Cataluña y toda la costa rica, en el Mediterráneo o la cornisa cantábrica. Lo que con ligereza e insensibilidad llamamos a veces el resto de España demostró ayer que no tiene nada que ver con los tópicos, ni con lo ultra, ni lo añejo. Ayer se pedía educación y sanidad, atención a los mayores, transporte, internet rápido, futuro para los hijos, dignidad para sus campos y respeto para su forma de vida.
Y que el interés, de todos, políticos y medios de comunicación, llegue mas allá de las elecciones.




