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Sábado, 17 de Agosto de 2019

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La malicia de Inocencio

No hay día que no me llamen de otra compañía telefónica para convencerme de que la mía actual es menos fiable que Donald Trump y que la suya me traerá unos placeres telefónicos tan magníficos que mi triste cerebro no tiene ni suficientes gigas para imaginarlos

Siendo como soy una persona educada y sabiendo que me llaman de un call center en Colombia, intento argumentarles que ya fui uno de sus adeptos y la experiencia fue bastante menos satisfactoria que el masaje para mis sentidos que me está describiendo. Como sé que no estoy sólo en este mundo de llamadas anónimas que quieren parte de nuestros míseros sueldos, os traigo, como siempre, el consuelo del pasado para que veáis que cualquier tiempo pasado fue bastante fecal.

Y aquí tengo hoy al Papa Inocencio IV para demostraros que los métodos de venta eran bastante peores en 1252. Porque Inocencio, que supongo que escogió su nombre pontificio con una dosis importante de ironía, publicó el 15 de mayo de 1252 una bula papal. Una bula es un documento que escribe -o como mínimo firma- el jefe de la iglesia y que explica a sus fieles -los cristianos que también son católicos- qué cosas deben y pueden hacer. Esta que firmo el amigo Inocencio tenía por nombre Ad Extirpanda. Si el nombre os ha hecho sospechar, sois unos linces. Ibéricos, claro. Porque la bula lo que venía a decir es que era justo y necesario torturar a los herejes si estos persistían en su herejía. Y también si persistían en negar que eran herejes. Vamos, que los herejes tenían una bifurcación bastante complicada por delante.

Pero tampoco creáis ahora que Inocencio era un desalmado. Supongo que tuvo presente las palabras del creador de su religión, esas que decían “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” y puso las siguientes clausulas relativas al tratamiento de los herejes:

- No debían perder la vida ni ninguna de las extremidades.

- Se los torturará una sola vez

- Que el Inquisidor estuviera convencido de las acusaciones contra su cliente.

Ah, y también decía que el estado se podía quedar con buena parte de las posesiones del acusado.

Así que en verdad os digo, si hoy os llama un inquisidor telefónico, recordad que sus métodos son bastante más inocentes que los de Inocencio.

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