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Martes, 21 de Enero de 2020

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"Lo que no esperaba es que se me saltaran las lágrimas"

La audiencia de La Ventana cuenta cuáles son sus cuadros favoritos: desde el que les descubrió a un pintor hasta el que les hizo llorar

Este jueves en La Ventana hemos aprovechado el bicentenario del madrileño Museo del Prado para hablar sobre cuadros y conocer cuáles son los favoritos de los oyentes: los que les han emocionado, los que les han descubierto a un pintor o los que cientos de años después nos recuerdan los problemas del presente.

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José se queda con Le Radeau de la Méduse de Théodore Géricault, una imagen de un naufragio en un barco que a él le trae al presente, a "lo que supone hoy también el naufragio de todos estos pobres emigrantes que intentan llegar a España, o a cualquier otro lugar del Mediterráneo, y son tan mal acogidos o simplemente mueren en el naufragio".

El cuadro de Francisco es La Gioconda de Leonardo Da Vinci y está muy relacionada para él con la radio: "Había un programa en la Cadena SER que explicaba asuntos de cuadros y explicó cómo robaron el cuadro de la Gioconda". Tras escuchar la historia de la Mona Lisa en la SER, Francisco tuvo "la ilusión" de visitar el cuadro en 1974: "La mirada, el aspecto... algo que te atrapa ese cuadro".

Ana, de Madrid, ha estado siempre interesada en la historia de la secesión austriaca, y a los 18 años -en su primera visita a Viena- vio El Beso de Gustav Klimt en la Galería Belvedere: "Me dejó realmente impresionada, me transmitía una delicadeza que no la había visto en muchos cuadros". Desde entonces Ana ha pasado más de 20 años viviendo en Austria, visitando en varias ocasiones este cuadro que le descubrió a un pintor al que "solo se le conoce por ese cuadro pero tiene paisajes muy bonitos".

La historia de Elisa es algo más triste; siempre ha querido ver El dormitorio en Arlés de Vincent Van Gogh y estuvo a punto de conseguirlo. Viajó hasta Ámsterdam, fue al Museo de Van Gogh y, cuando llegó al lugar en el que se situaba el cuadro, se encontró con un mensaje que decía que lo había cedido al Museo de Nueva York durante seis meses: "Lo que no esperaba es que se me saltaran las lágrimas y llorase porque no sé si volveré a Ámsterdam".

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