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Miércoles, 18 de Septiembre de 2019

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Involucrar a la comunidad es clave contra la expansión del VIH

MSF pone freno al sida en Sudáfrica en una de las zonas más afectadas por la enfermedad de toda África. Un cuarto de la población y hasta el 40% de las mujeres embarazadas tienen VIH

MSF detiene la expansión del Sida en Sudáfrica / MSF pone freno al sida en Sudáfrica en una de las zonas más afectadas por la enfermedad de toda África. Un cuarto de la población y hasta el 40% de las mujeres embarazadas tienen VIH / Pablo Morán

El proyecto comunitario para controlar la expansión del sida en Eshowe de Médicos Sin Fronteras ya ha alcanzado las metas fijadas por Naciones Unidas con más de un año de antelación. Y lo ha hecho en una de las zonas de Sudáfrica de mayor incidencia del VIH de todo el continente.

Los objetivos marcados por ONUSIDA de 90-90-90 para 2020, se han superado con creces con el proyecto de MSF en Eshowe. Han logrado 90-94-95; esto quiere decir que “el 90% de las personas que viven con el VIH conocen su estado, el 94% de ellos siguen tratamiento con antirretrovirales y el 95% de ellos tienen una carga viral indetectable, lo que en la práctica supone que no pueden transmitir el virus y que pueden llevar una vida completamente saludable”, ha informado la organización.

El logro, explica Laura Triviño, responsable de MSF en Sudáfrica, ha sido “poder hacerlo un año antes de lo establecido, pero también que ha sido el primer distrito, la primera población en que hemos podido observar que ha sido posible hacerlo”. Se trata de una zona muy rural, KwaZulu Natal, en la que “una de cada cuatro personas tiene sida, sobre todo entre la población joven y las mujeres”, asegura Triviño. “Si miras en las mujeres embarazadas, hasta el 40% de ellas tiene sida”.

Esto ha sido posible gracias a una estrategia que involucra a toda la comunidad. Para Médicos Sin Fronteras “cuando haces cualquier intervención, tienes que hacerlo con la comunidad. Hay que entenderla y hay que colaborar con ella. El diseño del programa tiene que ser en conjunto con la comunidad, con los pacientes, familias, líderes, el sistema político que tengan… todo eso hace que sea posible diseñar estrategias e intervenciones que hablen a las necesidades que esa comunidad en específico tiene”.

La ONG lleva trabajando en esa zona desde 2011. Laura cuenta que en ese tiempo han tenido “un montón de reuniones informales o formales con diferentes miembros de la comunidad, hablando con el gobierno, compartiendo nuestras líneas oyendo lo que tienen que decir”. Antes, asegura que nadie hablaba del sida en esa comunidad, era un tabú, sin embargo, ahora se habla libremente de la enfermedad.

Desterrar el miedo al VIH en esa comunidad “ha cambiado mucho en esta población”, cree la doctora, pero todavía no se puede bajar la guardia, “hay trabajo que hacer, no podemos decir que estamos en el lugar donde no es un problema… a mucha gente le cuesta mucho compartirlo con sus familias incluso, sobre todo la gente joven”.

Todavía más de la mitad de los hombres y adolescentes de entre 15 y 29 años no recibe tratamiento. “Los hombres no están tan bien como las mujeres”, explica Triviño porque “no van a los centros de salud o cuando van ya están muy enfermos”. La masculinidad en África, asegura, hace que el hombre tenga que ser fuerte y los sistemas de salud no están adaptados a los hombres, “no quieren esperar en la sala de espera, quieren ser atendidos por hombres… el sistema sanitario no puede responder a tantas cosas”.

Ahora hay mucho más entendimiento sobre el VIH y su transmisión, “yo creo que hoy en día la gente sabe que el mayor factor es la transmisión heterosexual”, es una cuestión de educación, dice Triviño. El esfuerzo, cuenta la doctora, es explicar que “la mejor prevención que hay es estar en tratamiento con antirretrovirales”.

Cada día hay 1.200 mujeres jóvenes que se infectan cada día del total de 5.000 infecciones nuevas que se producen diariamente, por eso sigue preocupando la pérdida de fondos y que, “aunque el problema haya cambiado, sigue estando ahí”, asegura Laura. Ahora, dice, el problema es que hay mucha gente que lleva años tomando el tratamiento y tienen fatiga, dejan de tomarlo y tienen otras enfermedades.

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