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Martes, 28 de Enero de 2020

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"Así nos ven", los exonerados que ponen sobre la mesa las grietas del sistema judicial de EEUU

Hablamos con un hombre que pasó una década en prisión por un crimen que no cometió y con una abogada de Innocence Project California que lucha por sacar a inocentes de la cárcel. La justicia estadounidense ha vuelto al debate público tras el estreno de la miniserie de Netflix sobre cinco jóvenes falsamente acusados de una violación en Central Park

Rafael Madrigal ha estado casi diez años encerrado en una cárcel de California por un crimen que nunca cometió. Entonces tenía 25 años y dos hijos de 3 y 5. “Todo comenzó con un testigo que decía que yo me parecía a la persona que intentó matar al chaval. Las mentiras de los detectives, la presión a los testigos, la presión a las víctimas… a ellos solo les importa coger a la persona, sea inocente o culpable”, nos cuenta.

Su situación recuerda al mediático caso de “los cinco de Central Park” que deja al descubierto los agujeros del sistema judicial estadounidense y ha vuelto al debate público a raíz del estreno de la serie de Netflix "When They See Us" (Así nos ven). Un relato sobre cinco chicos negros de entre 14 y 16 años erróneamente condenados por la violación a una chica blanca en Central Park.

Yusef Salaam, Raymond Santana, Anton McCrae, Kharey Wise y Kevin Richardson fueron obligados a confesar el crimen y pasaron entre 6 y 13 años en prisión pese a ser inocentes. En un contexto de alta criminalidad y tensiones raciales, este fue considerado “el crimen del siglo” por el entonces alcalde de Nueva York e incluso Donald Trump llegó a pagar anuncios en los principales diarios neoyorquinos pidiendo que los jóvenes fueran condenados a muerte, algo por lo que el ahora presidente de Estados Unidos se ha negado a pedir disculpas.

Estos “exonerees” (presos inocentes) luchan ahora para evitar que casos como el suyo se repitan, pero en EEUU hay un 25% de confesiones falsas entre los casos de exoneración que la policía utiliza para encerrar a gente inocente, según los datos de Innocence Project California. Audrey McGinn, abogada de la organización, explica que su proyecto “ha logrado exonerar a 29 personas y en todas las redes sale una persona casi todos los días, es impresionante”. Trabajan en muchos de esos casos durante años, pero hayan pasado mucho o poco tiempo en la cárcel, su sensación tras liberar a un preso inocente “es absolutamente lo mejor”, describe la abogada.

Ni perdón ni indemnización

Lo más difícil es recuperar su vida tras salir en libertad. “Después de tantos años de no haber trabajado, es muy difícil de explicar a un empleador”. En California la ley establece que los exonerados deben recibir 140 dólares por cada día de encarcelamiento injusto. “Es difícil conseguirlo, pero en algunos casos lo hemos logrado. Todavía no para Rafael Madrigal tristemente”, cuenta McGinn.

Para Madrigal, ningún dinero es suficiente. “Aunque me ofrezcan 10 millones de dólares, yo no pasaría ni un día en la cárcel por algo que no hice”. En su caso, todavía ni siquiera le han indemnizado. Tras salir en libertad, “de los que yo considero los responsables: el detective, el procurador, el juez… nadie me ha dicho discúlpanos, cometimos un error, nada…"

Madrigal fue acusado de intento de asesinato, un crimen que ocurrió en el este de Los Ángeles cuando él se encontraba en la ciudad de Rancho Cucamonga trabajando, por lo que era imposible que fuera culpable. Sin embargo, le condenaron pese a no tener ninguna prueba. En todo el tiempo que pasó encerrado “pasan muchas cosas por la mente de uno… la prisión no es un parque de diversión, es un lugar donde día tras día tienes que mirar si vas a amanecer vivo al día siguiente”.

Logró ser liberado tras salir a la luz unas conversaciones grabadas dentro de la cárcel en las que un hombre involucrado en el crimen contaba a su pareja que Madrigal no tenía nada que ver con el caso. “Lo malo es que la procuradora tenía esas grabaciones desde antes de que me hallaran culpable”, denuncia, pero nunca las presentaron. De haber sido así, el jurado, que estuvo cuatro días deliberado, “jamás me habría encontrado culpable”, sentencia Madrigal.

Obligados a confesar

Audrey McGinn explica que cuesta mucho sacar a un preso de la cárcel. No solo legalmente es extremadamente difícil, sino que lleva años de trabajo porque “después de una condena ya no hay prisa, entonces no hay derecho a un juicio rápido”, asegura, por lo que acceder a pruebas puede llevar años. En Innocence Project California están litigando dos casos en este momento y pendientes de presentar otras dos peticiones. Con Donald Trump en la Casa Blanca apostando por la pena de muerte y la castración química en delitos sexuales con menores, la abogada teme que pueda haber graves consecuencias contra los derechos y libertades.

En el caso de los cinco jóvenes de Central Park, las pruebas de ADN fueron claves para su liberación, pero también fue crucial para su condena que se auto inculpasen con confesiones falsas a base de torturas y extorsión policial. Su condena se anuló en 2001 después de que un hombre confesara la violación. Madrigal cree que “lo que ocurrió allí es más o menos lo que les ocurre a todos. No les importa si la persona es culpable o inocente, ellos solo quieren la convicción”.

Para McGinn estas son unas prácticas que todavía se realizan. “Es una tortura psicológica”, asegura la abogada, y se da más entre los casos de personas inocentes porque “creen en el sistema y creen que el sistema va a funcionar para ellos, entonces para salir de la situación del interrogatorio policial, confiesan pensando que lo pueden resolver después”.

Rafael Madrigal está convencido de que fue acusado del crimen por el simple hecho de ser latino. “En la descripción que dieron de la persona que hizo el intento de asesinato, lo único que dijeron es que era un hombre latino de 19 a 20 años de edad”, asegura.

Ahora Madrigal intenta recuperar el tiempo perdido con sus hijos. “Cuando le dicen a uno por primera vez que va a ser libre no lo cree”. Desde el día que salió pudo trabajar y ver crecer a sus dos hijos, ahora con 21 y 24 años. El mayor está estudiando criminología. Quiere “ayudarles en su futuro, explicarles lo que está pasando, lo que puede pasar, que todo el tiempo estén alerta, porque ellos no saben que esto es muy grande, no solo me ha pasado a mí, ahora está pasando mucho esto”.

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