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Jueves, 14 de Noviembre de 2019

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Ilsa la de Telefónica

Durante la Guerra Civil dos escritores se conocieron en el edificio de Telefónica de la Gran Vía. Dos autores donde ella se quedó en la sombra. Antonio Rubio cuenta la vida y la lucha de Ilsa Barea

En el edificio telefónica de la Gran Vía madrileña se conocieron Arturo Barea, escritor y la que sería su mujer durante más de 20 años, Ilsa Barea, traductora, periodista, llegó a Madrid desde Austria convencida de que podría ayudar a la II República a ganar la Guerra Civil. Ahora ha salido a la luz su novela ‘Telefónica’ que recrea 4 de los días de aquella contienda, una novela que acaba de ver la luz en castellano.

Antonio Rubió contó que a pesar una pareja creativa "el nombre de ella se quedaba atrás" a pesar de que quien trabajaba más y traducía era ella, como por ejemplo, la obra 'La Forja de un Rebelde'.

Ilsa publicó su obra a finales de los años 40 en un periódico vienés en 70 entregas, no había visto la luz en forma de libro hasta ahora. Rubio comentó que lo importante es recuperar a la gente y que "hay mucha literatura y muchos libros, que está ahí dejados de la mano de Dios".

En la novela 'Telefónica' Ilsa intenta concienciar a la ciudadanía de las ventajas que puede tener el conocimiento y el socialismo. La temática es la del amor pero es una novela "totalmente social" que busca la situación del momento, la situación de España... "Ella intenta denunciar como la extrema derecha intenta invadir Europa y hoy desgraciadamente nos encontramos en la misma situación", comentó Rubio.

En la trama de la novela, que es en parte autobiografía y narrado por ella, se encuentra el hombre español clásico y la mujer alemana independiente que en su estructura mental chocaban pero ella de alguna forma reivindica que tiene que ser independiente y tener su formación. "Ella fue de las pocas austriacas que en aquella época pudo tener formación e ir a la universidad y luego tuvo una militancia primero en el partido comunista y luego en el socialista", contó Antonio Rubio.

Al final ella quería ayudar y cambiar la sociedad y lo consiguió en Austria, donde formó culturalmente a los ferroviarios. Pasó de ser Ilsa la de telefónica a Ilsa la de los ferroviarios.

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