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Jueves, 21 de Noviembre de 2019

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El bautizo del manco de Lepanto

El 7 de octubre de 1571, Miguel de Cervantes perdió su brazo izquierdo mientras luchaba contra una flota turca

Más de 400 años después de su muerte, Miguel de Cervantes sigue siendo recordado y aclamado como el más grande autor en lengua castellana. Pero, en vida, las cosas no le fueron tan propicias.

El 7 de octubre de 1571 fue un día glorioso para las ambiciones bélicas españolas. Ese día, España, junto con sus aliados, derrotó a la flota turca en la batalla de Lepanto. Para Miguel de Cervantes, que participó en este combate, la victoria tuvo un gusto agridulce.

La cosa ya empezó mal porque tuvo la mala suerte de levantarse con fiebre, y me puedo imaginar que pasar horas luchando, y además en un barco, en esas condiciones, tiene que ser duro. Pero si la jornada amaneció complicada para Cervantes, no se puede decir que mejorara con el paso de las horas. Recibió dos disparos en el pecho y un tercero en el brazo izquierdo, que le quedó inutilizado de por vida.

Aún así, el joven Miguel debía estar contento. Con 24 años, había demostrado un gran valor, y eso no había pasado desapercibido. Gracias a esa valentía, Cervantes pudo volver a España con una carta de recomendación de Don Juan de Austria, comandante de la flota y hermano del rey.

La mala suerte, que persiguió a Cervantes toda su vida, volvió a hacer acto de presencia en su viaje de vuelta. Fue capturado por piratas argelinos y las cartas de recomendación hicieron que subieran mucho el precio de su rescate. Además, cuando por fin pudo llegar a España, dichas cartas tampoco le sirvieron para asegurar un empleo digno y seguro.

Claro que, si lo hubiese conseguido, igual no hubiese escrito su obra maestra

 

 

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