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Martes, 15 de Octubre de 2019

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"Su voluntad es exterminar. Ellos están preparados para resistir"

Rok Grossa acompaña a los kurdos ante la nueva guerra y relata la vida de un pueblo en armas desde hace décadas

Desde que Turquía iniciara esta semana una ofensiva contra las milicias kurdas en el norte de Siria, se han levantado todas las alarmas en la comunidad internacional por el daño humanitario y el peligro de que se liberen terroristas bajo control kurdo.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan quiere recuperar el control de la frontera turco-siria entre el río Éufrates e Irak con una operación (“Fuente de Paz”) que pretende limpiar de “terroristas” el territorio hasta ahora bajo control de las milicias kurdas Unidades de Protección del Pueblo (YPG).

Sin embargo, los kurdos ya se preparan desde hace meses para esta ofensiva. Desde el anuncio de Trump de retirar las tropas estadounidenses en diciembre de 2018 ha habido preparativos militares a nivel de infraestructura y logística, pero también en los aspectos sociales, consolidando las comunas locales, según explica Rok Grossa, quien acompaña a los kurdos ante esta nueva guerra.

“Entonces ya se esperaba esta posible invasión”, asegura. Y pone el foco en la propia gente que se defiende en esa zona. “Las fuerzas militares se encuentran en los puntos más calientes para preparar la resistencia, pero aquí la población ha vivido una guerra contra Estado Islámico y muchos pueblos se han visto atacados”, por lo que los preparativos sociales llevan tiempo dándose “en forma de manifestaciones, de construir redes de apoyo para prepararse para esa resistencia”. Uno de los principales motivos de esas manifestaciones ciudadanas de apoyo es que los familiares de los combatientes de primera línea están en las ciudades.

Los kurdos están convencidos de que la invasión de Turquía sería el fin de su proyecto. “Sabemos cómo han impuesto su forma de Gobierno, cómo en las escuelas ahora se enseña turco, religión… mientras que el proyecto de autonomía social que se construye ha sido exterminado”, lamenta Grossa.

Rok Grossa ya fue testigo de cómo los kurdos respondieron cuando hace un año el Gobierno de Ankara ordenara tomar Afrín. “Fue un proceso increíble ver cómo en los territorios que ya habían sido bombardeados y donde la infantería de los grupos islamistas con el apoyo de Turquía iba avanzando, la población tenía que huir y se replegaba en los pueblos de atrás”. Grossa recuerda que en Afrín se organizaban las comunas de cada barrio para dar espacio a los refugiados que iban llegando. Había una gran resistencia popular plagada de hospitalidad, “una unidad de la gente para proteger contra el enemigo que está masacrando, destruyendo tu tierra, asesinando a las familias”.

Cuando se produzcan ataques similares, Grossa espera que la respuesta de la sociedad kurda sea similar a la de entonces. “Desde la liberación del Daesh se vio la voluntad de poner en práctica un sistema propio donde la gente pudiera hablar su idioma y gestionar sus administraciones”, y están convencidos de que el objetivo de Turquía es terminar con cualquier proyecto de autonomía. “Hemos visto sobre todo los grandes ataques que ha habido contra las mujeres en Afrín, de forma que el movimiento de mujeres tiene más claro que nadie la necesidad de resistir ante estos ataques”, destaca. La resistencia de la población civil es fundamental para impedir el avance de los grupos islámicos.

Grossa también rememora lo ocurrido durante la guerra de Kobane. Entonces ya experimentaron la brutalidad del estado islámico y “fue entonces cuando empezamos a iniciar actividades en solidaridad con la resistencia del pueblo kurdo y la ciudad de Kobane. Iniciamos un comité de solidaridad que nos dio pie a conocer y aprender sobre la realidad de lo que estaba sucediendo aquí en el norte de Siria”. Así fue como se interesó por el proyecto kurdo y “aprender nuevas formas de gestionar la política”.

El sistema democrático que plantearon se basaba en la liberación de la mujer, la democracia directa y la ecología social. Grossa subraya la consolidación del movimiento autónomo de mujeres, con “autonomía para gestionar sus vidas, para gestionar su economía y sus vidas”. Además, asegura que “a nivel de comunas la democracia está muy desarrollada”, aunque había carencias ecológicas a consecuencia de la propia guerra, como la falta de agua, la dificultad para gestionar residuos o la escasez de árboles. Por eso comenzaron con su organización un proyecto de reforestación.

Grossa celebra la voluntad y la conciencia de la importancia de crear un proyecto sostenible con una perspectiva ecológica, pero “lo que faltan muchas veces son los recursos y el conocimiento técnico, que son cosas que en occidente abundan, y por tanto hemos dedicado mucho esfuerzo a construir estos puentes”.

El español no tiene intención de regresar. Denuncia que Turquía trata de cortar los accesos para impedir que los internacionales puedan ir a allí y documentar lo que está pasando. “Mientras sigan las amenazas no tengo intención de salir porque creo que es importante que se dé a conocer lo que está sucediendo y desafiar ese monopolio la información que Turquía trata de mantener”, explica.

Para Grossa, la hospitalidad, la humanidad y el sentimiento de comunidad del pueblo kurdo dista mucho del individualismo y materialismo de la sociedad europea, y es así como cree que debemos vivir como especie. “Cuando ves que lo que se está defendiendo aquí es un modelo de vida de reconectar con las raíces de la humanidad, la naturaleza y lo que somos como especie, el hecho de vivir más años o menos se convierte en algo pequeño”. Por eso, asegura, “el miedo se desvanece”. Prefiere vivir de esta forma aunque eso signifique que su vida pueda ser más corta.

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