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Martes, 15 de Octubre de 2019

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La líder indígena que desafía al Gobierno mexicano

Marichuy Patricio fue la primera mujer indígena en presentarse para ser presidente de México. Pese a las amenazas, lucha por poner sobre la mesa los problemas que sufren los pueblos indígenas y denunciar la explotación de sus tierras

Marichuy Patricio es médico, defensora de los derechos humanos y también la primera mujer indígena que se presentó en 2018 para ser presidenta de México. En un país como el suyo, en el que los indígenas “son considerados personas de segunda”, ser mujer es, asegura, “ser considerada de tercera”. Por eso fue muy criticada al dar el paso y presentarse a lo que le decían que era “un trabajo de hombre y de gente blanca”, pero también estuvo respaldada por el Consejo Indígena de Gobierno. Su objetivo era poner sobre la mesa la situación de los pueblos indígenas y cambiar el Gobierno.

Marichuy lleva ya varios años luchando contra las vulneraciones que sufren las comunidades indígenas. Invitada por la ONG Lumaltik Herriak, participará en varias charlas en el País Vasco para difundir la situación de los pueblos indígenas en México. Sabe que la resistencia puede ser difícil, ha habido muertos y desaparecidos, pero está convencida de la importancia de dar voz a sus comunidades. “Más que a buscar una silla, queríamos ir a dar a conocer la problemática de nuestros pueblos”, explica.

Cree en la necesidad de organizarse desde abajo para construir algo diferente y “no esperar siempre que desde arriba vengan las soluciones, porque nunca llegan” mientras que sus pueblos se ven despojados por los “megaproyectos de muerte” que se están introduciendo, trayendo consigo contaminación y deforestación.

En las comunidades indígenas las mujeres tienen una importante labor de liderazgo, sin embargo, al dar un paso hacia adelante obtuvo críticas machistas también internas. “Casi no hay mujeres que tengan esos cargos y aquí en los pueblos buscamos que se dignifique la presencia de la mujer y que los cargos los pueda ocupar tanto la mujer como el hombre”, explica. Ese fue otro de los motivos de su iniciativa, que resultó en mucho apoyo de otras mujeres animadas a participar en la vida pública.

“Que el pueblo sea el que mande y el Gobierno el que obedezca”. Esta es la máxima de Marichuy, que insiste en la necesidad de ir organizándose desde abajo para lograrlo.

La comunidad indígena representa un 20% de la población 63 lenguas diferentes. Una población a la que se ha excluido de la vida política. “Lo único que toman en cuenta es sus territorios, sus tierras, sus aguas, sus bosques, pero para sacarles dinero”, denuncia. Pero requieren una mejora del sistema de salud y las escuelas están acabando con su lengua, su forma de vestir.

Los grandes megaproyectos energéticos que se están desarrollando en toda la américa latina les afectan principalmente en las tierras que “están usando para sacar riquezas como el hierro, el oro y la plata. Utilizan el agua de los ríos, que es la fuente de vida para una comunidad”. La activista denuncia la cesión de tierras y aguas a las empresas.

Hacia Puebla y Oaxaca hay proyectos impuestos por el Gobierno pese a las denuncias de las comunidades, pero los intereses son más fuertes y se ignora a los pueblos, lamenta Marichuy. “Ya ha habido varios asesinados desaparecidos por defender estas comunidades y no sé cuántos más habrá porque la gente va a continuar defendiendo su vida y la de los que vienen detrás”.

La destrucción del ecosistema en el que viven significa la muerte para una comunidad. “Es un lugar donde hemos estado, algo que nos han heredado. Somos los que cuidamos la tierra, la tierra tiene un valor grande porque se considera que es la madre y el día que nuestra madre muera también vamos a morir nosotros”, explica.

Se están haciendo consultas para la iniciación de los megaproyectos, pero la activista denuncia que son consultas simuladas. “Preguntan si les gustaría tener más fuentes de empleo aquí o buena alimentación. Claro que la gente responde que sí”. E incluso en algunas asambleas les llevan proyectos para convencerles de que aprueben los proyectos, “pero no les explican que el dinero va a ser para unos cuantos”.

Marichuy teme que la situación empeore si no se escucha la voz de los pueblos indígenas.

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