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Lunes, 16 de Diciembre de 2019

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A.K.A. (Also Known As): la obra de teatro que no desprecia los sentimientos de la adolescencia

A.K.A. es un monólogo que cuenta la historia de Carlos, un adolescente de 15 años al que fuerzan a replantearse su identidad

Entrevista a Albert Salazar, Daniel Meyer y Montse Rodríguez en 'La Ventana' / FOTO: JAVIER J. BAS

Hasta este domingo el Teatro de la Abadía de Madrid acoge la obra A.K.A. Las entradas ya están agotadas pero las representaciones seguirán en Catalunya -donde empezaron- y en una gira que comenzarán en el resto del país.

ENTREVISTA - La Hora Extra

La hora extra entrevista al protagonista de A.K.A. Alberto Salazar y a su escritor Daniel J. Meyer

A.K.A. es un monólogo que nos cuenta la historia de Carlos, un chico de 15 años que tiene muy claro quién es, aunque de repente, la gente, el contexto que le rodea le fuerza a replantearse de alguna manera su identidad. Un adolescente normal de los que siempre lleva la capucha puesta y que ha sido capaz de conectar con la gente joven. Los artífices de ello son su protagonista, al que interpreta el actor Albert Salazar, el dramaturgo, Daniel Meyer, y la directora de la representación que es Montse Rodríguez y que esta tarde se han pasado por ‘La Ventana’ con Carles Francino.

¿Cómo lo ven los adolescentes?

En el programa también han estado Alicia Renedo y Fernando Rodríguez, dos adolescentes que tienen 15 años, la misma edad que Carlos -el protagonista de la obra-, que están en 4º de la ESO y que vieron A.K.A. la semana pasada.

Rodríguez ha confesado que salió “un poco tocado” aunque también por verse reflejado en el protagonista; y es que, aunque “hacia la mitad trata cosas más peliagudas”, el texto da un giro hacia un terreno que la inmensa mayoría de adolescente son han vivido ni vivirán en su vida, sí que lo ven como algo verosímil, y la primera mitad de la obra “describe la vida de muchísima gente que conozco”.

La misma sensación la comparte Renedo que ve en los primeros minutos de la representación “básicamente nuestra cotidianidad”. Como ejemplo, el momento de llegar a casa y encerrarse en la habitación: “Necesitar nuestro espacio, pasar de los adultos por un rato…”.

A.K.A. nació en la cocina de un centro cívico

Aunque ahora las entradas se agotan rápidamente, el recorrido no ha sido sencillo; de hecho, los inicios fueron bastante tímidos: “Nos juntamos los tres y empezamos a ensayar en la cocina de un centro cívico”, cuenta el protagonista Albert Salazar. “Que de repente haya cogido esta inmensidad es algo que no nos imaginábamos para nada”, asegura.

Salazar se sitúa solo, con un texto de hora y media, en un escenario pegado al público y con una actividad física muy intensa: “Mi madre estaba preocupada porque no iba al gimnasio hasta que vio la obra”. El actor explica que todos los días que hace la función llega a su casa “reventado”; pero que tras varias funciones ha terminado “encontrando los mecanismos para no reventarte”.

Conectando con los adolescentes

Parte del éxito de A.K.A. radica en que han sabido conectar con el público joven y llevarlos al teatro; cree Salazar se debe a que habitualmente “el teatro que hay para jóvenes se cuenta desde un punto de vista adulto. El texto de Dani es súper acertado en eso”. Un ejemplo de esto es el momento en que el protagonista se besa con su novia, un momento que “es pura magia para él”.

Daniel Meyer, el dramaturgo, confiesa que escribió el texto en tan solo una noche; aunque no cree en las musas, y asegura que si supiese el secreto del éxito “lo estaría repitiendo porque nos salió bien”.

La directora Montse Rodríguez ha explicado que, en una de las actuaciones, un hombre de unos 80 años les contó que se había sentido también identificado con la historia de Carlos. Y es que creen que el fondo, los sentimientos pueden unir a distintas generaciones.

El escritor cree que la gran diferencia generacional puede estar en las redes sociales: “Nos han hecho ir a una velocidad y a unos discursos que son como tajantes, a golpe de tuit. Eso sí que es diferenciable. Pero se refleja que todos los seres humanos somos sensibles a la mirada, al tacto, y al explicarnos historias mirándonos a los ojos y de cerca”.

Esa cercanía es clave en la interpretación, el público se sitúa frente al escenario, algunos al mismo nivel: “Cuando alguien te habla tan cercanamente que puedes mirarle a los ojos o ver cómo suda o la verdad que tiene, es imposible que no te encariñes con él”, cuenta Rodríguez.

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