Últimas noticias Hemeroteca

Domingo, 08 de Diciembre de 2019

Otras localidades

"Los alimentos que comemos están regados con sangre indígena"

Charlamos con dos líderes indígenas brasileños, Celia Xakriabá y Erisvan Guajajara, sobre la deforestación del Amazonas y el exterminio de sus tribus

La destrucción en el Amazonas ha alcanzado este año su nivel más alto desde hace una década. La tasa de deforestación entre agosto de 2018 y julio de 2019 subió un 29% respecto al mismo período del año anterior, es decir, alrededor de 10.000 kilómetros cuadrados (o 15 veces la superficie de Madrid). El pulmón del mundo se muere.

El mayor bosque tropical del mundo agoniza ante la mirada pasiva de los gobiernos. Proteger la Amazonía fue la apuesta más importante de la política ambiental de Brasil durante las dos últimas décadas pero ahora ha perdido esa garantía que la había mantenido viva y el fuego fulmina su alma. En lo que va de año se han quemado unos 60.000 kilómetros cuadrados de selva y, ahora mismo, mientras lees estas líneas, las llamas siguen presentes en muchos rincones. El hambre de carne del resto del mundo tiene la culpa. Brasil es el mayor exportador mundial de carne de vacuno (1,64 millones de toneladas en 2018) lo que convierte a la ganadería extensiva en el principal factor de deforestación. Le sigue la producción de soja que representa alrededor de un 6% de la superficie deforestada. La Unión Europea es uno de sus principales mercados. Nuestro apetito voraz contribuye a esa tala de árboles.

El presidente brasileño Jair Bolsonaro estrenó su gobierno atentando contra el medio ambiente y también contra los derechos y las tierras de cientos de comunidades indígenas. Durante su campaña para la presidencia de Brasil, en 2018, declaró que las tierras protegidas eran un obstáculo para el desarrollo económico y prometió abrirlas a la explotación. Y lo ha hecho. Actualmente, en Brasil viven alrededor de 305 tribus que están viendo cómo el Estado autoriza su desaparición: “Estamos viviendo un genocidio legislado”, afirman. Alrededor de un millón de indígenas son considerados un estorbo para el avance de la agroindustria, las industrias extractivas o las empresas hidroeléctricas y no les falta razón, tribus enteras atacadas y asesinadas para robar sus tierras y sus recursos. Un exterminio silencioso del que sabemos muy poco, nuestro progreso económico destruye su selva, nuestro capitalismo voraz les liquida con impunidad.

Esta semana una comitiva de líderes indígenas brasileños han visitado España después de una gira por doce países europeos para denunciar las violaciones de derechos humanos y el deterioro del medioambiente que sufren desde la toma de posesión del presidente Jair Bolsonaro en enero de este año. Bajo el lema Sangre Indígena: Ni una gota más piden un cambio de modelo económico que, entre otras cosas, no permita que los alimentos que consumimos “estén regados con sangre indígena” y también que nos sumemos a su lucha para conservar la biodiversidad del planeta: “Somos los neumólogos del mundo porque cuidamos del mayor pulmón del planeta, nuestro hogar. Ayudadnos a multiplicar nuestra voz.”

Cargando
Cadena SER

¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?