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Domingo, 26 de Enero de 2020

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Poner el freno

Cristina manzano escribe hoy en ‘El País’ un artículo con título admonitorio: Disfruten de las últimas navidades ultracapitalistas’. Ella sabe perfectamente de qué habla, porque es una periodista económica que dirige la edición española de ‘Foreign Policy’, y lo que sugiere -a propósito del consumo desenfrenado en estas fiestas- es que esto no da más de sí. El capitalismo, digo, el actual modelo cada vez más alejado de esa compañera de viaje que es la democracia liberal y que permite -o ha permitido hasta ahora, básicamente en Europa- barnizar con derechos un sistema que sólo atiende al beneficio.

Hoy estamos claramente en un capitalismo rentista. Da igual que el trabajo se haya precarizado hasta límites lacerantes y que los pilares del estado de bienestar -sanidad, educación y pensiones- estén casi con la reserva. Da igual: el beneficio a costa de lo que sea -y a ser posible pagando pocos impuestos- es el único objetivo.

Y las cosas han llegado a un punto en el que, según la articulista, sólo hay dos opciones: o el sistema acaba con el planeta por el uso insostenible de los recursos; o se devora a sí mismo con un crecimiento de las desigualdades que acabará siendo insoportable.

Y mira tú por donde que hoy precisamente aparecen señales de humo en esa dirección; señales judiciales. El tribunal supremo de Holanda obliga al gobierno a reducir las emisiones de CO2. Es una sentencia histórica, y que sienta además un precedente mundial.

Eso en cuanto a los recursos y la salud del planeta; en cuanto a la salud de las personas la justicia francesa, en este caso el tribunal correccional de París ha condenado a penas de cárcel a varios exdirectivos de ‘France Telecom’ “por acoso moral” a sus trabajadores; acoso institucional -dice la sentencia- tan fuerte, tan sistemático, que coincidió con una ola de suicidios en la compañía. Digo “coincidió” porque los jueces no llegan a establecer una relación directa, pero bueno, ahí está. ¿Y por qué les acosaban? Porque tenían que conseguir más de 20.000 salidas voluntarias de la empresa. Por la competencia, por los resultados… O sea, por lo de siempre.

Bueno, pues esto, efectivamente, no da más de sí. Hay que poner el freno. Dicho lo cual, eso sí, disfruten de la Navidad.

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