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Miércoles, 19 de Febrero de 2020

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Los Goya 2020: entre la Guerra Civil y los directores que triunfan en Cannes

Pedro Almodóvar es uno de los grandes favoritos con 'Dolor y Gloria', película que pasó por el festival de Cannes, junto con 'Lo que arde', de Oliver Laxe; frente a ellas dos cintas de la Guerra Civil, 'Mientras dure la guerra' y 'La trinchera infinita'

Estatuilla de los premios Goya

Estatuilla de los premios Goya / PREMIOS GOYA

Almodóvar y Amenábar vuelven a cruzarse en los Goya. La frase podría ser un titular de cualquier crónica de una gala de cine de los noventa; pero estamos en 2020. Los dos directores saben lo que es ganar un Oscar y, además, el manchego podría lograr su tercera estatuilla con Dolor y Gloria, una película que ha supuesto una reconciliación consigo mismo, con sus actores y actrices, con la crítica y con los premios internacionales.

Pedro Almodóvar filma la historia de un director en la vejez y en crisis. Un álter ego de sí mismo, que protagoniza Antonio Banderas, en uno de los mejores papeles del actor malagueño que ha logrado estar nominado al Oscar. Dolor y gloria es la cumbre de su cine, marcado por un estilo visual y narrativo que ha conquistado a medio mundo. Pero hay algo más, se trata de la película más reflexiva de este autor, en la que ha dado un salto cualitativo, en palabras del estudioso Román Gubern.

También para Alejandro Amenábar hay algo de redención en Mientras dure la guerra. Después de Ágora y Regresión ha vuelto a rodar en español una historia que, como ocurrió con Mar adentro, ha vuelto a marcar agenda. En el año en el que, por fin, Franco salió del Valle de los Caídos, donde España parecía estar más dividida que nunca. Amenábar ha logrado lo imposible: hacer que casi 12 millones de recaudación por una película de la Guerra Civil.

Amenábar ha logrado el consenso. Gente de izquierdas, del llamado centro y hasta de una derecha liberal han coincidido en gustos cinematográficos gracias a esta historia que retrata los vaivenes ideológicos del filósofo Unamuno, con Karra Elejalde, en el papel del escritor de Niebla, y Eduard Fernández como el villano Millán Astray. También nos deja el mejor Franco que hemos visto en la gran pantalla. Sin estereotipos, ni caricaturas, el Franco de Santi Prego -nominado al Goya a mejor actor revelación- es un ser deleznable, astuto y acomplejado, capaz de masacrar a la mitad de la población por no pensar como él.

A principios de la temporada todo parecía un duelo entre estos dos directores.  Almodóvar ya había presentado en mayo su película en Cannes con el consecuente premio para Banderas y las loas de la prensa. Mientras, Amenábar estrenaba en el Festival de San Sebastián y la taquilla iba creciendo semana tras semana. Todo parecía un duelo entre estos directores, que se han enfrentado varias veces en los premios de la Academia. Ágora, escrita por el propio Amenábar y Mateo Gil, ganó el premio a mejor guion por encima de Los abrazos rotos, de Almodóvar. Mar adentro, la película con récord de nominaciones, trece, también le arrebató la noche de los Goya de 2005 a Almodóvar y La mala educación.

Sin embargo, la temporada ha sido larga y nuevas voces se han cruzado en el camino de ambos directores. También en San Sebastián, Aitor Arregi, Jon Garaño y José Mari Goenaga, el trío de directores vascos de Handia y Loreak, presentaba La trinchera infinita. Una película que partía de un hecho surgido en la guerra civil: los topos encerrados en sus casas para evitar ser cazados por los franquistas. Antonio de la Torre y Belén Cuesta, ambos nominados, se convertían en una metáfora de una España que se resiste a cambiar por miedo y otra, que avanza hacia adelante. La trinchera infinita no ha tenido la taquilla de Amenábar, ni el reconocimiento internacional de Almodóvar; pero sí el abrazo de la crítica y de los productores. Los premios Forqué le dieron su bendición y ahora llega a los Goya con muchas posibilidades.

Sin hacer ruido, Benito Zambrano se ha colado en las categorías más gordas de estos premios con Intemperie, la adaptación de la novela de Luis Carrasco, con Luis Callejo y Luis Tosar. Un retrato de la barbarie humana, envuelto en el halo del wéstern, pero en la Extremadura cercana a Las Hurdes de Buñuel. Una historia ambientada precisamente en esa Guerra Civil que partió España en dos y que, en el año del resurgimiento de la extrema derecha, nos sirve para repensar en qué hemos sido, qué somos y qué queremos ser como país.

Y volviendo a Cannes, este ha sido un año importante para el cine de autor y para uno de sus máximos exponentes en España, el gallego Oliver Laxe. Su cine siempre ha salido con premio del certamen galo y siempre ha sido minoritario en nuestros cines; pero con Lo que arde, premio del Jurado en la sección Una cierta mirada de Cannes, ha conectado con muchos espectadores y espectadoras.

Quizá por el momento de revisión de nuestra relación con la tierra y el medioambiente en el que nos hallamos, por las vergüenzas de un país que apela al progreso al tiempo que se olvida de una parte suya imprescindible: los pueblos y campos de la España vaciada. Lo que arde es una película rodada en gallego que cuenta la vuelta a su aldea de un pirómano que quemó todo. Ahora tiene cuatro nominaciones a los Goya, película, dirección, fotografía y actriz revelación para Benedicta Sánchez. "Es de lo que más me alegro porque ella refleja a muchas mujeres en este país, que ostentan el saber pero están arrinconadas", decía el director durante la fiesta de nominados del pasado mes de diciembre.

Román Gubern, volviendo a esta enciclopedia del cine, dice que nuestro cine es potente, europeo y, ahora, diversificado. Una afirmación que se cumple viendo las películas nominadas a los Goya, pero sobre todo las que están en la categoría de dirección novel. Las óperas primas muestran que los nuevos directores miran de manera diferente. Los hay, como Salvador Simó que elige la animación para reivindicar las raíces de nuestro cine a través de una historia de amistad, la de Ramón Acín -productor anarquista- y Luis Buñuel, en Buñuel en el laberinto de las tortugas. Aritz Moreno prefiere adentrarse en un laberinto de historias y de sucesos extravagantes en Ventajas de viajar en tren. Y Galder Gaztelu-Urrutia ganó en Sitges con El hoyo, donde usa la ciencia ficción distópica para dejar claro que la desigualdad es el gran problema de nuestro tiempo, si es que no lo ha sido el de todas las épocas.

Belén Funes, la única mujer directora nominada este año, se acerca al realismo social de realizadores europeos como Ken Loach o los Dardenne, en La hija de un ladrón, la ganadora de los Premios Gaudí. Es la mirada a las mujeres invisibles y abandonadas, las vidas precarias que nunca interesan a nadie con una de las interpretaciones del año, la de Greta Fernández, que junto a Marta Nieto por Madre -la cinta de Sorogoyen-, podría amargarle la noche a Belén Cuesta. 

Nuestro cine también es grande por todas aquellas películas que se han quedado fuera de los Goya. Marqués Marcet ha retratado como nadie la vida en pareja en El dies que vindran, la película ganadora en el Festival de Málaga, que mezcla lo real y lo ficticio con una espectacular María Rodríguez Soto -probablemente la ausencia más escandalosa de la gala-, y David Verdaguer. Tampoco está La inocencia, aunque sí su actriz debutante, Carmen Arrufat. Lucia Alemany forma parte de esa diversidad estética y temática de nuestro cine con este retrato de adolescencia en la Valencia de los noventa.

Sordo, ganadora del premio Feroz especial, ha sido otro intento de contar la guerra civil desde otros ángulos, concretamente desde el wéstern. Y el thriller patrio ha estado bien representado gracias a Quien a hierro mata, de Paco Plaza, con el descubrimiento del actor novel Enric Auquer, y con Paco Cabezas y su incursión en las tres mil viviendas sevillanas en Adiós, con tres de sus actrices nominadas: Natalia de Molina, Mona Martínez y Pilar Gómez.

En el año en el que el cine español se quedó en los 95 millones de recaudación, por debajo de esa barrera moral que suponen los 100 millones y que se habían superado en años anteriores, la comedia ha seguido siendo el género que más gente ha llevado al cine. Antena 3 y Telecinco vuelven a repartirse el pastel con Padre no hay más que uno y Lo dejo cuando quiera.

El cine español sigue vivo, que no es poco, a la espera de que el nuevo gobierno actúe. La financiación sigue siendo la que se arrastra en los presupuestos del PP y el nuevo ministro, José Manuel Rodríguez Uribes tendrá que ponerse las pilas con un sector que ha conseguido que incluso políticos de derechas quieran acudir a la gala de los Goya. Irá Pedro Sánchez, también Alberto Garzón, ministro de Consumo, presidente de la Junta de Andalucía y también algunos portavoces parlamentarios, como Inés Arrimadas. Vox ha rechazado ir.

También parece este el año en el que el cine echa cuentas con un pasado y unas prácticas no siempre defendibles. Pepa Flores, Marisol, recibirá el Goya de Honor 2020. Su ausencia o presencia era una de las grandes incógnitas de la gala, pero este sábado se confirmó que serán sus hijas quienes recojan el premio. Ha sido una de las figuras más importantes de los sesenta y setenta. Se retiró antes de que existieran los Premios Goya. Fue un juguete roto, una mujer explotada, pero también una de artistas más comprometidas: vendió la medalla que le regaló Franco para financiar al Partido Comunista. Toda una hazaña para ser recordada en estos tiempos donde se denosta a uno de los partidos clave en la Transición. Todo el mundo quería verla, pero habrá que esperar.

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