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Jueves, 27 de Febrero de 2020

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GOYA DE HONOR 2020

De Marisol a Pepa Flores, la transición de una artista y un país

La niña prodigio, la chica pizpireta que encandiló a España y el franquismo convirtió en símbolo del aperturismo en los 60, pasó a ser una joven militante comunista que también hizo papeles dramáticos. Retirada desde 1985, antes de la celebración de los primeros premios Goya, ahora recibe el galardón honorífico y el cariño de toda la industria

Pepa Flores, en una imagen de archivo

Pepa Flores, en una imagen de archivo / Aurora Fierro/Cover/Getty Images

Corrían los años 60 y nuestro país vivía los tiempos del desarrollismo. Fue entonces cuando una niña rubia y pizpireta se convirtió en la gran franquicia del cine español. Se vendían miles de discos, recortables, tebeos que contaban su historia o muñecas con su cara; incluso había una publicación titulada ‘La revista de los amigos de Marisol’.

En el cine también empezó a arrasar. Ya con su primera película, Un rayo de luz, dejó deslumbrado al público. Era 1960 y Marisol tan solo tenía doce años. A partir de ahí se puso en marcha en torno a ella una maquinaria perfectamente engrasada por su descubridor, el productor Manuel Goyanes, que no descuidaba ni el más mínimo detalle. Todas las cartas de sus fans se contestaban con la rúbrica de la pequeña estrella. Y la niña asistía a todo tipo de presentaciones, entrevistas o actos promocionales.

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El fenómeno de los niños prodigio no era nuevo en España. Había nacido en los 50 con Pablito Calvo el protagonista de Marcelino pan y vino y había alcanzado unas octavas difíciles de igualar con los trinos de Joselito, el pequeño ruiseñor. Pero Marisol era distinta, ella había llegado para modernizar el género del cine con niño.

Joselito y Pablito Calvo representaban la España pobre de los años 50. El argumento de sus películas siempre giraba en torno a niños humildes que luchaban por triunfar. Marisol en cambio era una protagonista a todo color. Una niña buena, como ellos, pero con cierto descaro. Marisol también cantaba copla como Joselito, pero sus melodías derivaban hacia el pop. Una niña rubia, de ojos azules y acento andaluz, la mezcla perfecta para un país que pretendía modernizarse sin renunciar al casticismo.

Imagen de Pepa Flores, Marisol, en una actuación de niña / TRECE

Pepita Flores, Marisol, había nacido en Málaga en 1948 en una familia humilde. Vivían en una corrala típicamente andaluza y solo había un baño para las cincuenta familias que allí residían. Desde muy pequeña se le dio bien lo de cantar y bailar. A los diez años viajó a Madrid con un grupo de coros y danzas para participar en un festival y aparecieron en televisión. Fue entonces cuando el productor Manuel Goyanes se fijó en ella. Averiguó sus señas y viajó hasta Málaga para ofrecerle un contrato en exclusiva.

Acompañada de su madre, la niña se instaló en Madrid en una pensión vecina a la casa de Goyanes, que había decidido invertir en ella a largo plazo. Le pusieron profesores de canto, de interpretación y hasta de equitación, y cuando la consideraron preparada, la lanzaron al cine: Un rayo de luz, Tómbola, Ha llegado un ángel, Marisol rumbo a Río… sus películas resultaron un éxito rotundo. El fenómeno cruzó el Atlántico, llegó a Latinoamérica y también a Estados Unidos. El público americano pudo ver a Marisol en el plató de Ed Sullivan y las televisiones europeas también se la rifaban.

Manuel Goyanes dirigía con mano férrea la carrera de su pupila. La relación entre el productor y Marisol ha hecho correr ríos de tinta. En algunas entrevistas años después Pepa Flores se quejaría del control absoluto que tenía sobre su vida y de su falta de libertad. A menudo también Franco requería la presencia de la niña en actos sociales en el Pardo o para jugar con sus nietas. Años después, en una entrevista con Paco Umbral, Pepa Flores hizo graves acusaciones en las que aseguraba que gente importante acudía a verla a un chalet a donde la llevaban y donde ella y otras niñas desfilaban desnudas para ellos.

Pero nada de eso se veía en la pantalla. En sus películas, Marisol seguía transmitiendo alegría y optimismo y era un referente para las niñas españolas que soñaban ser como ella. Cuando irrumpió en el cine con Un rayo de luz, Marisol tenía ya doce años aunque su personaje representaba bastante menos. Siempre interpretaba papeles de menos edad de la que tenía en realidad. El problema con ella, por tanto, fue que el enemigo de todo niño prodigio, la pubertad, se presentó antes de lo esperado.

Marisol pudo subsistir como niña hasta 1965. A partir de entonces sus personajes tuvieron que empezar a cambiar. La chiquilla graciosa se había convertido en una mujer. En pantalla empezaban a verse sus primeros escarceos amorosos y la prensa le adjudicaba romances. Por ejemplo, con el bailarín Antonio, con el que protagonizó la película La nueva cenicienta. Era evidente que había llegado el momento de readaptar su imagen pública.

En 1969 se casó con Carlos Goyanes, el hijo del productor, y empezó a trabajar con otro tipo de directores y en otro tipo de películas más arriesgadas, como La corrupción de Chris Miller de Juan Antonio Bardem, nada que ver con las historias infantiles que protagonizaba al principio. Pero el matrimonio con Carlos Goyanes no iba a durar mucho. En 1972 se separaron y ese momento marcó también la ruptura con su etapa anterior. A partir de entonces Pepa Flores tomó las riendas de su vida.

Su siguiente pareja fue el bailarín Antonio Gades, con el que tuvo tres hijas. Una de ellas, María Esteve, siguió con el tiempo su camino de actriz y otra, Celia, se ha convertido en cantante. En 1976 Marisol recibió una oferta. La portada de la revista Interviú en la que salía desnuda fue un escándalo, pero también un símbolo de la Transición. Marisol se había hecho mayor y al mismo tiempo España también. “Parece que quiere ofrecernos una imagen distinta de usted misma”, le preguntaron en una entrevista, a lo que ella respondió: “No hay una nueva imagen, soy así desde que soy mujer. A los 12 años no podía salir enseñando una pierna”.

La estrella infantil no tuvo el mismo éxito como actriz adulta. En 1977 rodó Los días del pasado junto a Mario Camus, sin duda su mejor trabajo en la nueva etapa. En ella interpretaba a una maestra de pueblo en la posguerra que ayudaba a su novio maquis. Hizo luego pequeñas apariciones en Bodas de Sangre o Carmen de Carlos Saura o una miniserie para televisión sobre Mariana Pineda. Pero sus trabajos se espaciaban cada vez más y más. Fuera del cine la imagen de niña del régimen había dado paso a una militante comunista que participa en manifestaciones y protestas.

En 1985 rodó la película Caso cerrado y, como si su título fuera una declaración de intenciones, se retiró del cine. En las últimas décadas Pepa Flores ha vivido apartada del mundo del espectáculo. Primero en Altea y después en Málaga. En la actualidad tiene 71 años y vive retirada de la vida pública junto a su pareja, el italiano Máximo Stecchini. En todos estos años ha recibido numerosas ofertas para volver al cine y a la música, aunque ella siempre las ha rechazado. El público no la ha olvidado y la industria la sigue recordando con cariño. Prueba de ello es este Goya honorífico que se le concede ahora. La suya fue una vida que corrió paralela a la evolución de las circunstancias de nuestro país y una carrera que fue paralela también a la evolución de los españoles.

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