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Jueves, 20 de Febrero de 2020

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Los últimos de Casetas: así vive la única familia del abandonado poblado minero

Relato de la vidas de Máximo e Isabel, últimos vecinos del poblado minero abandonado que nació a orillas de la mina hullera La Única, en tierras de La Ercina, León.

Máximo Álvarez llegó al poblado minero de Casetas de Oceja a los tres años. Antes de cumplir los catorce, lo mandaron con una pala y sin mascarilla a cuatrocientos metros bajo tierra. Su padre estaba muy enfermo de silicosis y eran diez hermanos. Necesitaban las 7 pesetas del jornal. 

Pasó el día con una tortilla de patata y harina porque no podían comprar huevos. La llevaba entre la camiseta y el pecho. El trabajo consistía en estar de rodillas con el agua hasta el pecho, tirando paladas de carbón hacia el compañero que quedaba atrás. Fue su primer trabajo en la mina.

Isabel Fernández era la hija del guarda de seguridad de la mina. A los catorce meses enfermó de la polio, aunque no lo supo hasta cumplir los sesenta años. Su madre murió cuando ella tenía seis.

Esos años los pasó con las piernas escayoladas y con muletas. Pero creció y la necesidad le hizo coger la fuerza que no tenía. Su padre se había vuelto a casar. Eran nueve hermanos y a los catorce se fue a servir a León y Valladolid. A los veinte se casó con Máximo, que tuvo que abandonar la mina al serle diagnosticada silicosis de tercer grado.

Se dedicaron a la ganadería, cultivaron la tierra y, recuerda Isabel, el día que pudo tener agua en casa, lloró.

Escuchen la historia de los últimos sobrevivientes en un poblado minero ya abandonado

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