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Domingo, 23 de Febrero de 2020

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Morir de prestado

Manuel Jabois recuerda a José Luis Cuerda

Su padre era un jugador profesional de póquer que ganó un piso en una timba. En ese piso nuevo un día el hombre sentó a los Cuerda en un sofá y se quedó mirándolos mientras se encajonaban en silencio. Al cabo de cinco minutos habló: “Estoy pensando en comprar un coche y quería saber si vosotros sabéis ir en coche”. Finalmente lo compró: un 600 rosa.

Esta historia del padre de Cuerda dice mucho de Cuerda. Y esto que dijo el propio Cuerda de Azcona también dice mucho de Cuerda: "El cerebro más despierto, la ética más estricta. Sus películas miran de frente a la condición humana, al hombre. A su misma altura”. A esto dedicó su obra José Luis Cuerda y me atrevo a pensar que su vida, a ser un espejo en que las imágenes de los demás les hiciese justicia con una especie muy delicada de ternura, humor e inteligencia. Todo ello sin piedad y sin remilgos, sin horteradas.

Esto es importante. Cuerda era un enemigo de la horterada, de la cursilería. Su España era la de Berlanga, la de Azcona, la de Luis Ciges. Lo traté mucho durante dos años y siempre me dio la impresión ligera y feliz de que vivía sin darse importancia, que vivía de prestado, y me gusta pensar que ha muerto de la misma manera.

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