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Jueves, 09 de Abril de 2020

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China se enfrenta a su momento Chernóbil

El coronavirus se ha convertido en la mayor crisis a la que se tiene que enfrentar China en los últimos años. Su gestión, en el corto plazo, podría derrocar al régimen tal y como lo conocemos hoy en día

Los trabajadores usan trajes protectores y mascarillas desinfectan un complejo residencial

Los trabajadores usan trajes protectores y mascarillas desinfectan un complejo residencial / STRINGER (REUTERS)

Tres semanas después del estallido de la crisis del coronavirus, el régimen chino ha puesto en marcha una serie de medidas muy duras para tratar de frenar la enfermedad. Se han cerrado ciudades enteras, más de 30 millones de personas han estado en cuarentena y se han suspendido numerosas redes de transporte. En medio de una guerra comercial e ideológica con Estados Unidos, y con la crisis de Hong Kong de telón de fondo, ¿podría ser este el momento Chernóbil de China?

Esta postura la comparten varios expertos y analistas que hemos consultado. Manel Ollé, profesor de Estudios de Asia Oriental en la Universitat Pompeo Fabra de Barcelona, afirma que «en un régimen autoritario y bajo una "controlcracia", hay una serie de efectos secundarios. Y, en este sentido, se habla de que esta crisis podría ser un nuevo Chernóbil».

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Un argumento compartido por el director del Observatorio de Pólítica China, Xulio Ríos, que añade la importancia del factor temporal. "Es pronto para sentenciar este tipo de diagnóstico. Porque depende mucho de si la situación se controla en el próximo mes. O, incluso, en las próximas semanas". Y es que la estrategia de Xi Jinping ha ido cambiando según se agravaba la situación. Aunque siempre ha girado en torno a tres pilares.

Responsabilizar a las autoridades locales

Lo más destacado de la gestión del coronavirus que ha hecho Xi Jinping está centrada en depurar responsabilidades. El presidente chino ha culpado directamente a las autoridades de Hubei, la provincia donde se encuentra la ciudad de Wuhan, el epicentro del coronavirus. Y, de hecho, ya han sido destituidos.

Como señala la directora del Foro Asia, Georgina Higueras, la gestión que se hizo desde Hubei tenía un objetivo muy claro: evitar consecuencias sobre la provincia. "Porque, al final, las autoridades locales temen no conseguir los objetivos o no cumplir las expectativas del Gobierno central".

A todo esto se suma otra decisión política que ha tomado Jinping para que su figura no salga dañada: ha nombrado máximo responsable a su vicepresidente, Chien-Jen Cheng, encargado también de la comisión que gestiona el coronavirus. "Ha establecido una especie cuarentena en torno a su figura, y sobre las autoridades centrales", reconoce López.

Censura

Pero, quizá, la política sobre la que más hincapié se ha hecho ha sido el control y la censura de contenidos. El gobierno central ha desplazado a más de 400 periodistas en la ciudad de Wuhan para cubrir las informaciones. Pero con varias condiciones: dar un enfoque positivo a las noticias, no hablar de casos fuera de China y no mencionar que la OMS ha decretado la emergencia internacional.

En el ámbito digital, la censura también ha estado presente, aunque no se ha conseguido un "apagón" completo. Muchos usuarios se han lanzado a denunciar, a través de vídeos publicados en las redes sociales, las malas praxis de las autoridades chinas. Y varios periodistas han comunicado, en sus cuentas de YouTube, la situación que estaban viviendo todos aquellos que cuestionaban las narrativas impuestas por el gobierno.

Es el caso de Chen Qiushi, actualmente en paradero desconocido, que denunció estar siendo perseguido por el gobierno. También publicó vídeos del caos que se vive en los hospitales de Wuhan, con salas de esperas llenas de enfermos y habitaciones superpobladas. Una situación denunciada por otros ciudadanos chinos residentes en Wuhan.

Mentiras

Además de censurarse aquello que se salía de la narrativa oficial, este domingo hemos conocido que Xi Jinping conocía, antes de informar a la opinión pública, la existencia del brote del coronavirus. A esto se suma que las autoridades chinas -en especial las locales de Wuhan- difundieron una serie de mentiras durante los primeros días de esta crisis.

En concreto, ocultaron a la población que el coronavirus se transmitía entre humanos. "Lo que buscan las autoridades locales es no salirse de los objetivos impuestos por Pekín. Porque tienen miedo de ser destituidos", sentencia Higueras.

Y a este ocultamiento de información se sumaron las numerosas quejas, tanto dentro como fuera de las fronteras chinas, por la falta de transparencia en las cifras de afectados y fallecidos por el coronavirus. Aunque lo cierto es que el Gobierno central avisó, de manera inmediata, a la OMS cuando conoció que el coronavirus se contagiaba entre los pacientes.

"Al final, el gobierno chino no quiere que su imagen se vea dañada. Han puesto en marcha medidas muy duras para evitar contagios, y parece que lo están consiguiendo", afirma Higueras. "El asunto se ha convertido en algo fundamental y prioritario para el régimen de Xi Jinping", indica el Mario Esteban es el investigador principal del Real Instituto Elcano.

¿Hacia dónde vamos?

Esta triple estrategia parece haber convencido a la ciudadanía china, que ha dejado a un lado las críticas al sistema durante las primeras semanas del coronavirus para mostrar su apoyo, aunque explícito, al régimen de Xi Jinping. Al final, la información es poder. Y si se logra establecer la narrativa gubernamental, el resto de discursos quedan ocultos o censurados.

En el horizonte próximo, ninguno de los expertos consultados cree que el régimen, tal y como lo conocemos hoy en día, pueda quebrarse. Y tampoco se sabe si China vivirá su Chernóbil, en lo que a gestión política refiere. Lo que sí está claro es que la gestión política no ha sido correcta. Y que, una vez más, la estrategia de las autoridades se ha centrado en ocultar a la población unas informaciones que, en algunos casos, podrían haber salvado vidas.

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