Miércoles, 21 de Octubre de 2020

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Un mal día lo tiene cualquiera

La mala suerte de heredar la corona muy joven

El 9 de abril de 1483 debería haber sido un bien día para Eduardo V, ya que fue el día en el que se convirtió en rey de Inglaterra. Pero cuando uno recibe una herencia tan jugosa como un reino, corre el riesgo de que su bendición sea su condena

Eso fue exactamente lo que le ocurrió a nuestro protagonista de hoy. Eduardo era el hijo mayor de Eduardo IV e Isabel Woodville, y recibió el título de Príncipe de Gales después de que su padre se deshiciese de todos los enemigos que le disputaban el trono; bueno, de casi todos.

El 9 de abril de 1483, Eduardo IV falleció, y su hijo, que entonces contaba 12 años, se convirtió en rey de Inglaterra. Su tío Ricardo, duque de Gloucester, fue nombrado lord protector del joven rey y de su hermano pequeño, mientras el primero fuese menor de edad. Los dos niños fueron instalados en la Torre de Londres, que era residencia real y cárcel… y en eso se convirtió para ellos.

En junio de ese mismo año, Ricardo arrebató el trono a su sobrino, denunciando que el matrimonio de Eduardo IV e Isabel era inválido y, por tanto, sus hijos eran ilegítimos. Y así comenzó el reinado de Ricardo III. De Eduardo V y su hermano no se supo nada, nunca más; pero en 1674 se encontraron dos esqueletos en la Torre de Londres que, probablemente, eran los suyos. Nunca lo sabremos con total certeza, pero no hace falta coger una lupa para ver las huellas de Ricardo III en esta escena del crimen.

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