Sábado, 31 de Octubre de 2020

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Un mal día lo tiene cualquiera

Empezar bien una guerra pero volverte con el rabo entre las piernas

Carlos Estuardo quería recuperar el trono de Inglaterra, que creía que le pertenecía a su abuelo, pero aquello no acabó de salir bien

Que te echen del trono tiene que ser una cosa desagradable. Has estado toda la vida viviendo del cuento y de golpe te encuentras en el exilio, sin ingresos y sin gente que te haga la pelota todas las horas del día. Jacobo II había sido expulsado del trono inglés en 1688, pero había transmitido sus ganas de volver a ese lugar privilegiado a sus descendientes. Estas ganas no solo llegaron a su hijo, sino que seguían vivas en su nieto Carlos Estuardo, conocido como el Joven Pretendiente.


Su causa, conocida como la causa Jacobita, por el nombre de su abuelo, tenía el apoyo de diversos países católicos europeos, puesto que el joven Carlos era católico, una afinidad religiosa que compartían pocos de sus potenciales súbditos. En principio, Carlos estaba esperando la ayuda de las potencias europeas para invadir las islas británicas, pero en 1745 se cansó y se embarcó con apenas una docena de hombres, con los que tomó tierra en Escocia en julio de 1745.


Inicialmente las cosas le fueron bien, llegando hasta Edimburgo y viendo como sus fuerzas crecían hasta los 5.500 hombres. Pero al cruzar la frontera hacia Inglaterra, a muchos les empezaron a entrar dudas y decidieron retroceder. El 16 de abril de 1746, las pocas tropas que le quedaban a Carlos fueron derrotadas en Culloden. El propio pretendiente consiguió huir, pero su causa murió ese día. Por cierto, que Culloden fue la última gran batalla que se libró en territorio británico.

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