Martes, 22 de Septiembre de 2020

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La desigualdad del Covid-19: "La gente pobre tiene más probabilidades de infectarse"

El epidemiólogo Usama Bilal nos habla de cómo esta pandemia también establece diferencias entre ricos y pobres

Si la sociedad que entró en la crisis del coronavirus era ya una sociedad desigual en la que imperaban las diferencias entre unos y otros, la que saldrá de la pandemia será aún peor. Son muchos los expertos que apuntan a que esta crisis va a aumentar la brecha que ya existe entre Comunidades Autónomas, ciudades o países.

Usama Bilal obtuvo una beca de La Caixa para realizar un doctorado de epidemiología cardiovascular en la Escuela de Salud Pública John Hopkings. Es de Gijón y desde hace dos años examina patrones de salud en todas las ciudades de EE. UU. y algunos países de América Latina, abarcando más de 700 ciudades.

Actualmente es epidemiólogo en la universidad de Drexel y ha estado con nosotros en La Ventana. Nos ha contado que el desarrollo de esta crisis ya está siendo desigual y ha puesto el ejemplo de la ciudad de Philadelphia, en la que los barrios más ricos han recibido muchos más test. Esto a pesar de que el coronavirus tiene mayor incidencia en los barrios con menor nivel adquisitivo: “La proporción de población de gente en barrios pobres que ha resultado positiva es muy superior a la de barrios ricos”.

Aclara que “la gente más pobre tiene más probabilidad a infectarse y además tienen más prevalencia a las enfermedades crónicas”. Como ejemplo ha puesto las condiciones en las que están algunas residencias de la tercera edad comparadas con otras destinadas a un nivel adquisitivo mucho mayor.

Es cierto que la enfermedad ha afectado a muchísimas grandes ciudades como Nueva York, pero el epidemiólogo cree que no se trata de eso, sino de la desigualdad que alberga esa urbe: “No es una enfermedad de grandes ciudades, es una enfermedad de lugares muy desiguales”. Nos ha contado que en Detroit ha tenido muchísima incidencia porque hay mucha gente que ni siquiera tiene acceso a agua para lavarse las manos porque se la han cortado, lo que impide la desinfección que tanto se aconseja.

Ha reconocido que nunca esperó ser testigo de un confinamiento como este, “y menos por una pandemia así”. Eso sí, le busca el lado positivo a las medidas que se están tomando en relación con su impacto en el medio ambiente, argumentando que se demuestra que “muchas de las medidas que se venían pidiendo en relación con la contaminación no son imposibles”.

Explica que si lográramos llevar a cabo alguna de estas medidas de manera generalizada las consecuencias en nuestra salud podrían ser muy buenas. Ahora llega el momento de “elegir entre ciudades para coches o ciudades para personas”, nos dice. Muy importante porque “nuestro contacto con la naturaleza acaba determinando muchas de estas enfermedades”.

Además, señala que controlar estas enfermedades se hace mucho más difícil en entornos en los que existe una gran desigualdad y pocas políticas de protección social.

Sobre el plan de desconfinamiento puesto en marcha por el gobierno dice que “lo importante es ir con mucho cuidado y con la conciencia de que en algún momento podemos volver atrás”.

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