Miércoles, 05 de Agosto de 2020

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LGTBIfobia

El 72% de los gays, lesbianas y transexuales vuelven al armario en el trabajo

Lo hacen para evitar ser objeto de críticas o rumores, temor a perder el empleo o verse perjudicados en su promoción profesional

Este martes se cumplen cinco años de la muerte de Pedro Zerolo, uno de los principales referentes de la lucha contra la discriminación por orientación sexual en España. Una lucha a la que le queda todavía mucho camino por recorrer a juzgar por los datos que arroja el proyecto ADIM, una iniciativa financiada por la UE y coordinada por los Gobiernos de España y Portugal junto con la Universidad Complutense, que evalúa la gestión de la diversidad sexual en los entornos profesionales.

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¿Las personas LGTB vuelven al armario en la oficina?

El estudio ha preguntado, mediante cuestionarios anónimos, a empleados de dieciséis grandes empresas españolas y portuguesas, entre las que hay bancos, tecnológicas o gigantes textiles, y también al personal docente, investigador y administrativo de seis universidades. De sus respuestas se deduce que el 72% de las personas pertenecientes al colectivo LGBT+ tiende a ocultar su orientación sexual en el trabajo, y que más de la mitad de quienes tienen hijos se consideran incómodos hablando de ellos en el ámbito laboral.

Además, el estudio acuña el término de ‘homofobia liberal’. Una forma de discriminación más sutil que es la que se sufre en muchas empresas donde el insulto grosero o las humillaciones públicas no entran en lo políticamente correcto, pero no por tolerancia sino por meras cuestiones de imagen. Es lo que le pasó a Carlos, un director de Marketing, experto en diseño digital, y que ha contado su experiencia esta tarde en La Ventana.

‘Yo trabajaba en una multinacional de seguros, en la que tenía un buen puesto, pero de la que acabé marchándome. Allí había gays y lesbianas en el nivel directivo que veías que hacían muchos esfuerzos por ocultar su condición. Si hacía algún comentario trivial sobre si había salido con un chico, notaba que se hacía un silencio muy tenso o se cambiaba de tema. Nadie me dijo nada abiertamente, pero notas con claridad esa hostilidad y eso te afecta. Llegas a dudar de si es algo que está en tu cabeza o no, hasta que te das cuenta que no son imaginaciones tuyas. Es como si te dijeran, vale eres gay, pero en tu casa, aquí que no se note y que no se hable de ello’.

‘Lo comenté con algunos compañeros pero te das cuenta de que es una conducta que forma parte de la estructura y que no va a cambiar, de cara a la galería la posición institucional es que no tienen ningún problema con eso pero cuando en una organización se genera ese clima de ocultación colectiva, la empresa tiene dos opciones: tomar cartas en el asunto y posicionarse, o bien el silencio, y está claro que en mi empresa tomaron el segundo camino. Por eso me fui’.

Carlos admite que incluso dentro de la discriminación hay grados. ‘Por ejemplo, la plumofobia es un problema añadido a la discriminación por orientación sexual o identidad de género, como lo es ser transexual o lesbiana’, explica. ‘En ese sentido casi soy un privilegiado por estar en la escala más tolerada dentro del colectivo LGBT+’. Por suerte, en su puesto actual en un estudio de diseño, Carlos no ha vuelto a experimentar esa discriminación que sufrió en su primer empleo. ‘Siento haber tenido que irme porque el trabajo en sí me gustaba, pero no podía seguir. Y por suerte no me ha ido mal’.

‘Si eres mujer y lesbiana la discriminación es doble’

A Marina Logares, matemática y profesora en la Universidad Complutense de Madrid, ser lesbiana le ha lastrado en su carrera profesional. ‘La discriminación existe, se te valora menos y las agresiones ocurren. Y lo ves aquí en España, en Reino Unido –donde trabajó cuatro años en la Universidad de Plymouth- o en Alemania’. En el caso de las lesbianas, se sufre también un proceso de ‘invisibilización social’. ‘Somos ignoradas, es como si viviéramos aparte’.

A Logares no le sorprenden las cifras del proyecto ADIM. ‘He visto a muchos colegas que ocultaban su orientación sexual en los entornos académicos, al final yo acababa sabiendo más cosas de sus vidas que sus propios compañeros directos porque simplemente silencian las referencias personales’.

Eso se traduce también en renuncias a viajes profesionales por temor a que la orientación sexual pueda suponer un problema, o dependiendo de la legislación penal o el código religioso imperante en el país de destino. O también, simplemente a asistir a eventos sociales de tu empresa o tu universidad si ello implica acudir con tu pareja.

En ese sentido, Marina recuerda a un colega suyo británico que ‘sólo salió del armario cuando su pareja sufrió un infarto y él se vio obligado a pedir un permiso en el trabajo para poder cuidarle en el hospital’.

Marina cree que esta discriminación permantente rebrota en épocas de crisis como la actual, ‘porque se tiende a eliminar al colectivo minoritario’. Y también porque, pese a todo, persiste el concepto de la ‘normalidad’ y no el de la ‘diversidad’. Cuando alguien heterosexual habla de las personas normales, siempre recuerdo una pancarta de una manifestación del Orgullo en la que se leía: ‘Normal es un programa de mi lavadora’.

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