Viernes, 25 de Septiembre de 2020

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Un mal día lo tiene cualquiera

El regalito que le hizo Japón a China

Tal día como hoy en 1279, cinco embajadores chinos descubrieron que la diplomacia no siempre funciona

Kublai Khan y Marco Polo

Kublai Khan y Marco Polo / Getty Images

Como todos sabemos por los anuncios de Isabel Preysler, ser embajador hoy en día consiste básicamente en comer bolas de chocolate. Pero no siempre ha sido un trabajo tan dulce, y si no, que se lo pregunten a los embajadores que llegaron de China a Japón hoy hace 741 años. Es un decir; evidentemente, llevan bastante tiempo muertos. De hecho, exactamente, 741 años.

En aquellos tiempos, China estaba gobernada por un emperador mongol, el Kublai Kan, el mismo que acogió en su corte a Marco Polo. Después de haber conquistado uno de los imperios más grandes de la humanidad, el emperador miró hacia el este, hacia el reino de Japón.

En una carta con un estilo muy siciliano, el emperador chino les decía a los japoneses que la relación entre los dos países era como de padre e hijo, y que Japón, siendo el hijo, debía mostrar respeto y mandar embajadores a China. En caso de no hacerlo, obligaría al pobre Kublai a usar la fuerza, algo que le disgustaría mucho.

Los primeros embajadores fueron enviados en 1266, y volvieron sin respuesta alguna. Idéntica suerte se llevaron los siguientes intentos.

Al final, China mandó una fuerza invasora, en noviembre de 1274. Pese a que los chinos mostraron una fortaleza en combate muy superior, abandonaron la invasión poco después de empezarla. Y volvieron a intentar la vía diplomática. China mandó cinco embajadores a finales de 1275. Los cinco fueron decapitados.

No sé si los cinco que llegaron a la corte japonesa el 29 de julio de 1279 sabían de la suerte de sus antecesores. Lo cierto es que les esperaba el mismo destino. Los cinco fueron decapitados como regalo de bienvenida. Como la primera vez, el emperador volvió a intentar una invasión, pero también acabó en fracaso, esta vez más estrepitoso.

El fracaso tanto diplomático como militar es considerado como uno de los puntos clave de la historia de la zona y sigue siendo celebrado en Japón como una gran heroicidad. De hecho, la tumba de cinco de los desafortunados embajadores aún se puede visitar hoy en día.

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