Domingo, 27 de Septiembre de 2020

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La piedra que evoca toda la belleza del más enigmático Egipto de los faraones

Aprendemos a mirar el 'Fragmento de cabeza de una reina' con Miquel del Pozo, un fragmento de escultura de hace más de 3.000 años, entorno el 1350 antes de Cristo, en un periodo que se conoce como el Imperio Nuevo, en el Antiguo Egipto

Viajamos al Museo Metropolitano de Nueva York, el MET, para situarnos delante de una escultura, bueno, en realidad un fragmento de la cabeza de una reina, lo que queda de una figura realizada hace más de 3.000 años, entorno el 1350 antes de Cristo, en un periodo que se conoce como el Imperio Nuevo, en el Antiguo Egipto.

Un milagro, a falta de una palabra mejor. Intentemos imaginar la historia de la pieza. Lo primero, la roca: el jaspe amarillo. Los milenios de sedimentación y los procesos geológicos que dieron lugar a su formación. Una roca que por sus características (su color, su dureza y su accesibilidad) llamó la atención a nuestros antepasados que decidieron excavar y extraerla de la tierra. Tallaron un bloque que pudiera transportarse y lo llevaron al taller de un escultor para que este hombre, con un cincel y un martillo, le diera forma a la piedra. Comienza a sacar trozos de roca y poco a poco fue dando forma a la piedra hasta convertirla en una escultura. Pensemos en ese momento, el instante en que la simple roca se convierte en una forma, deja de ser una piedra para ser una figura. Hay un momento del proceso en que la roca ya es una presencia, representa algo. El escultor la seguirá trabajando hasta llegar a pulir la superficie de la apariencia, brillante como un espejo: el rostro de una mujer, una reina, quizá también una diosa.

Durante varios años, esa roca esculpida, esa forma creada con manos humanas, representó y simbolizó el poder terrenal y seguramente también el celestial. Muchos hombres y mujeres se arrodillaron ante ella, la admiraron con devoción y quizá también le tuvieron miedo, como si fuera algo más que una simple piedra tallada.

Con el tiempo, la escultura cayó. Lo hizo porque el culto que ella representaba cayó en el olvido o cayó porqué fue intencionadamente tirada al suelo por otro culto, por otra cultura. Nuevos dioses, encarnados en otras piedras, sustituyeron a los antiguos dioses.

En cualquier caso, la escultura cayó y se rompió en varios pedazos. Uno de los fragmentos conservo los labios y la barbilla de la figura. Este fragmento permaneció enterrado, sepultado, durante milenios en la arena del desierto hasta que alguien la desenterró, a inicios del siglo XX, y la vendió a un lord inglés en El Cairo.

La pieza, ahora conservada como una reliquia, llegó al Metropolitan de Nueva York donde podemos admirarla y donde, aún hoy, nos deslumbra con su belleza. Lo que decía antes, un milagro.

La belleza y la capacidad de evocar de un simple fragmento

Es increíble la belleza de este fragmento y como evoca todo el rostro que falta. No hay ojos y sin embargo nos mira. No tenemos la nariz ni las orejas, solo quedan los labios. Pero qué labios: la curva, la voluptuosidad.

Es extraordinario como el escultor ha perfilado los labios con un borde. En el rostro humano el labio se diferencia de la piel de la cara por el cambio de color pero en la escultura el labio y la piel de la mejilla son del mismo amarillo, para diferenciarlo el escultor ha cincelado un borde, un ligero cambio de plano, que atrapa la luz y la sombra y dibujan los labios en el espacio.

La sensualidad de estos labios, pero a la vez la personalidad y el carácter que transmite. Tiene una sensualidad buscada pero no olvidemos que es la imagen de una reina. 

¿Quién era?

Con certeza no podemos saberlo, pero podemos intentar imaginar quién fue. Sabemos que pertenece al periodo del Imperio Nuevo, durante el reinado de Akhenaton, lo cual nos sitúa en la pista de algunas mujeres reales que existieron. El material, el jaspe amarillo, es una piedra preciosa y esto nos lleva a pensar que era una reina:

  • La madre de Akhenaton: Aunque para muchos historiadores los labios son demasiado sensuales para la imagen de un mujer mayor, tal como debía ser ella cuando se hizo la escultura.
  • Hay algunas hipótesis que por el parecido con los labios de otras esculturas completas conservadas creen que podría ser la reina Kiya o la reina Tiye. Aunque ninguna hipótesis queda confirmada.
  • Sin duda, la hipótesis más sugerente (y a la vez la más probable) es que se trate del retrato de la esposa de Akhenaton, la reina más bella del Antiguo Egipto: Nefertiti

Nefertiti, que significa la belleza ha llegado/la belleza está aquí

Con lo poco que conservamos, algunos historiadores dicen que la escultura tiene el cuello demasiado ancho para ser la misma mujer del busto de Nefertiti que se conserva en Berlín pero a falta de una candidata mejor, nada supera en belleza y misterio pensar que es Nerfertiti.

Lo que sabemos de la escultura

Nada, o muy poco. No se ha encontrado ningún fragmento que pueda considerarse que formó parte de esta escultura que seguramente era una figura completa de pie. Lo que sí sabemos es que era una figura formada por distintas piezas, seguramente de piedras de colores distintos. En el fragmento que conservamos, en el cuello se observa una incisión, un agujero, que hace pensar en algún elemento de unión del rostro con el cuerpo. Seguramente el cuerpo estaba modelado en una piedra de otro color (quizá alabastro) mientras que el rostro, las manos y los pies debían ser del mismo jaspe amarillo.

¿Qué es el Imperio Nuevo al que pertenece la pieza?

Es un momento extremadamente singular de la historia egipcia, y también de la historia humana. La cultura egipcia llevaba casi 1.000 años de existencia cuando Amenhotep IV o Amenofis IV llega al poder. Era una cultura con unas tradiciones, unos ritos, unos cultos y un arte muy marcado y determinado (que se reproducían de generación en generación). De repente, llegó Amenofis IV y decidió cambiarlo todo:

  • Cambió el culto religioso
  • Cambio el estilo del arte, mucho más libre en la representación del cuerpo humano.
  • Cambió la capital de lugar, la trasladó a Amarna
  • Y se cambió el nombre: AKHENATON (útil/servidor de Aton)

De repente el culto no era a todos aquellos dioses invisibles que nadie había visto (salvo en las obras de arte) de seres fantásticos con cabezas de animales (Horus-halcón, Anubis-chacal…). Apartó a todas esas divinidades, como si ya no existieran, y determinó que el Dios único era el disco solar: Aton.

¿Qué hacia el Dios-Sol?: básicamente, en todas las imágenes, lanzar unas manos protectoras sobre Akhenaton, Nerfertiti y sus hijos. Es decir, mostrar a los otros egipcios que ellos eran los elegidos por el Dios.

Creó su propia religión, la primera religión monoteísta de la historia. Y se designó como elegido por ese dios.

Lo que cambio en el arte con la religión

Cambió completamente, de forma radical, de la rigidez y solemnidad de las antiguas figuras se pasó a una representación mucho más humana. A veces, en las representaciones, los faraones aparecen con sus hijos en una actitud cariñosa, abrazándolos o dándoles un beso (algo impensable en el arte anterior).

Además, hubo un cambio intencionado en los cánones de belleza (o de representación humana), llegando a una anatomía casi deforme: cráneos alargados, labios gruesos, cuellos estilizados, mentones prominentes, cuerpos excesivamente delgados…

Fue un cambió en todos los estamentos visibles de la cultura egipcia. El cambio artístico quizá fue causado por un viaje de Akhenaton a Creta o por el viaje de escultores cretenses a Egipto. Nunca lo sabremos.

¿Cómo fue la aceptación?

Hubo fuertes discrepancias entre la sociedad, ya que se había eliminado de cuajo el culto a los antiguos dioses, muy arraigado entre la población que hasta ese momento era politeísta. Se mantuvo solo mientras el faraón, que tenía el poder absoluto, estuvo con vida.

El reinado duró poco, y la nueva religión también: 17 años (1353-1336). Tras la muerte de Akhenaton, la ciudad de Amarna (la nueva capital) fue abandonada (y allí quedo olvidada nuestra escultura) y se regresó a la religión ortodoxa, al culto de toda la vida. La religión y el arte volvieron al culto y el rito anterior y así perduró durante los siguientes 1000 años.

El sucesor de Akhenaton

El faraón más famoso para nosotros: Tutankamon (que estaba casado con la hija de Akhenaton y Nefertiti y que posiblemente él mismo era hijo de Akhenaton con otra mujer).

Tutankamon fue quien devolvió el antiguo culto, los dioses milenarios y también volvió al arte antiguo pero las obras del reinado de Tutankamon son fascinantes porque tienen cosas de los dos mundos: recupera el estilo antiguo, pero con elementos del nuevo.

Lo vemos, por ejemplo, en un relieve de su trono donde el faraón se ve relajado en su trono (en una postura impensable en el arte antiguo) y la reina lo acaricia en un gesto de complicidad. Del Dios Sol siguen saliendo los rayos-manos que protegen a los faraones.

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