Domingo, 27 de Septiembre de 2020

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LA VISIÓN

Boicot burocrático en Ceuta y Melilla

Oenegés denuncian las trabas para empadronar a magrebíes, muchos de ellos menores que, incluso, llevan años viviendo allí

Ciudadanas marroquíes, en Ceuta.

Ciudadanas marroquíes, en Ceuta. / Getty

El viernes escuchábamos a la niña melillense de 11 años que finalmente pudo ir al colegio español. El colegio en el que tendría que haber estado escolarizada desde hace años, pero esta niña -según nos ha ido contando Nicolás Castellano- no estaba empadronada pese a haber nacido en Melilla, y por eso ha tenido que llegar incluso a la ONU, que denunció a España por incumplimiento de los derechos de la infancia. Tal y como recordaba la pequeña, hay otros 200 niños que siguen sin poder empezar el curso en la Ciudad Autónoma.

Eulalia Torrent conoce bien a muchos de esos menores, porque ha estado atendiéndoles y cuidándolos en Melilla. Esta enfermera jubilada se fue hasta Melilla para ayudar durante 3 meses, y se ha quedado 2 años. Hemos escuchado cómo la echan de menos esos chavales a los que curaba, pero sobre todo les daba cariño “un abrazo y un poco de cariño que es lo que más necesitan”. Junto con la activista jurídica de Solidary Wheels y No Name Kitchen, Laia Costa, han denunciado que en Melilla hay un boicot burocrático para no empadronar a marroquíes “existe entre la población penínsular el temor a la “marroquización” de la ciudad, y por eso no empadronan. Cuando tienen que hacer los papeles, tienen que ir a comisaría a registrar sus huellas, pero no pueden porque no están empadronados” denuncia Laia Costa.

Eulalia nos cuenta que, por desgracia, estas personas no tienen otra opción para salir de Melilla que el “Risky” una práctica que como su nombre indica es sumamente arriesgada porque consiste en esconderse como polizón en un camión o un ferry que vaya a la península. Esta mismas semana un niño murió ahogado cuando intentaba alcanzar un barco en plena noche. “Hasta que no se pueda hablar públicamente de este tema no se van a solucionar el resto” nos cuenta Laia Costa de Solidary Wheels

La voz de las prostitutas

Nuestra compañera Isabel Salvador ha conversado con dos personas que se intentan ganar la vida en la calle. Ejercen la prostitución, una de ellas de 30 años nos cuenta que no tiene más salida, era cajera de Carrefour y desde hace unos años no tiene más remedio que prostituirse porque no tiene ninguna otra opción para dar de comer a su hija de 7 años. La pandemia les está dejando sin clientes y sin ningún tipo de asistencia ni cobertura.

 

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