Martes, 02 de Marzo de 2021

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La pandemia acelera el cambio hacia el consumo de cine y series en plataformas de vídeo bajo demanda

¿Estamos tendiendo a un consumo individual y en casa y perdiendo la experiencia de ir al cine? ¿Falta material para estrenar y atraer a un público más amplio a las salas? ¿Son competidoras las plataformas de 'streaming' y la televisión? Reflexionamos sobre estas y otras cuestiones junto a Concepción Cascajosa, profesora de la Universidad Carlos III de Madrid.

En septiembre de 2020 hemos visto de media 3 horas y 36 minutos de televisión al día, un 18% más que en esas fechas en 2019. Frente a este medio y antes de la pandemia cuatro de cada 10 hogares en España tenían contratadas alguna plataforma de vídeo bajo demanda, según la CNMC. Tras la pandemia y a nivel mundial, la revista Forbes situaba este septiembre a Netflix como la reina de esta modalidad VOD: en septiembre contaba con 183 millones de suscriptores. Le seguían los 150 millones de Amazon Prime Video, los 140 de HBO y los 60 de la más reciente, Disney +.

Las taquillas no se recuperan

En junio reabrieron los cines en España, pero el público no ha vuelto a las salas de cine como se esperaba. En el mes de agosto sí hubo un pequeño repunte, pero en un contexto como el actual, la ausencia de grandes estrenos, o blockbusters, como cebo para el gran público, no permite la recuperación del negocio cinematográfico en el “probablemente peor momento de su historia”, tal y como apuntaba Concepción Cascajosa, profesora de Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III de Madrid.

Estrenos exclusivos en plataformas como reclamo para la suscripción

Las plataformas de vídeo bajo demanda se están convirtiendo en el negocio del futuro de las grandes majors de Hollywood”, explicó Cascajosa.

Estos meses debido a las restricciones ocasionadas por la pandemia, algunos estrenos en sala han tenido que retrasarse o incluso se han emitido en exclusiva en plataformas de streaming. Este ha sido el caso de Mulán, que llegó a Disney + a principios de septiembre a través de un acceso premium; lo que significaba que el usuario debía pagar la suscripción mensual a la plataforma 6,99 euros, más los 21,99 euros de acceso a la película.

Esta modalidad sirve no solo para recaudar fondos con la película per se, sino también para llevar abonados que paguen mes a mes por la plataforma. Cascajosa lo considera como un “efecto llamada” y un cambio en las reglas del juego, ya que las salas de cine quedan fuera del tablón.

Con estrenos como el de Mulán en Disney +, ¿se está eliminando al intermediario? La profesora de Comunicación Audiovisual estima que las salas de cine llevan tiempo siendo lugares pensados para el estreno de películas que buscan, también, lograr un prestigio en festivales y premios como los Óscar. La tendencia ya apuntaba de manera gradual hacia un modelo en el que había solo dos tipos de película: la superproducción que recauda cientos de millones de dólares para ser rentable y la del pequeño circuito de un cine más autoral e independiente; aunque ligado a su vez a los festivales de cine. Y ambas parecen estar encontrando acomodo en las plataformas, dejando a las salas de cine sin apenas títulos que estrenar.

Televisión vs. Plataformas de VOD: ¿son competidores?

“Creo que, sin duda, son competidores. Sobre todo, porque ofrecen un contenido que el espectador puede consumir en el momento que le venga mejor, en las circunstancias más favorables y sin publicidad”, recalcó la experta. Hecho que se evidencia, a su vez, en la manera de medir las audiencias: “Los datos de audiencia que tenemos hoy no están midiendo lo mismo que medían hace 6 o 7 años y, aun así, los datos son muy inferiores, lo cual demuestra que ese contenido de plataformas se está posicionando”.

El problema es cómo se mide ese contenido. Y es que, actualmente, las plataformas tienen sistemas de medición propios para analizar los datos de sus abonados (perfiles de usuario, contenido consumido o tiempo dedicado) y no son públicos. En base a esos mismos datos, deciden qué se produce o qué es más rentable, por ejemplo, lo cual conlleva que el modelo en el que se conocía cuándo algo funcionaba y cuándo no, ya no exista. Y la pérdida de ese elemento de referencia coloca a los creadores en una posición más vulnerable a la hora de negociar sus condiciones laborales.

Este tipo de cambios se han visto acelerados a raíz de los confinamientos y la pandemia en el caso del consumo de vídeo bajo demanda; pero son, en última instancia, parte de un proceso gradual que no tiene nada de novedoso.

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