Martes, 02 de Marzo de 2021

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La pobreza como germen de la expansión de Boko Haram

Tras el último secuestro masivo de niños en Nigeria, analizamos con el periodista Alberto Rojas el modus operandi del grupo terrorista y el caldo de cultivo que favorece su control de la zona del Lago Chad

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344 niños secuestrados por el grupo terrorista Boko Haram en Nigeria fueron liberados el pasado jueves. El ataque se produjo el 11 de diciembre en una escuela de la ciudad de Kankara. Boko Haram controla gran parte del norte de Nigeria, donde actúa con total impunidad.

Secuestros de niños como este ocurren “prácticamente todos los días”, aunque no sean tan masivos, asegura el periodista Alberto Rojas. “Hay decenas de miles de personas secuestradas en las zonas que controla Boko Haram” en los cuatro países en los que tienen presencia: Nigeria, Camerún, Chad y Níger, unos ataques que se han puesto en el foco a raíz del secuestro de las niñas de Chibok de las que, en decenas de casos, todavía no se sabe su paradero.

La pobreza en Nigeria, pese a tratarse del país más rico de África, ha contribuido a la expansión de “la mafia” de Boko Haram que ha llegado a donde el Estado no logra llegar, explica el periodista. “Ningún grupo armado puede conseguir tanto territorio si no tiene el apoyo de la población”. El grupo terrorista ha ofrecido trabajo, dinero y mujeres a unos jóvenes que no tenían ningún tipo de oportunidad, actuando “como un Estado dentro del Estado”.

El crecimiento del terrorismo y la violencia con la que ha reaccionado a esa expansión el Estado nigeriano por la zona del Lago Chad ha dejado a los civiles “entre dos fuegos”, lamenta Rojas.

Con los secuestros que lleva a cabo Boko Haram pretende engrosar sus ejércitos. Los niños son objetivos fáciles, manipulables, por eso esta es una práctica habitual entre este tipo de grupos armados. Utilizan a los varones como soldados y a las niñas como esclavas sexuales. “A las que no quieren casarse con ellos las convierten en niñas bomba”, cuenta el periodista.

Rojas estuvo en una de las pequeñas aldeas del Estado de Borno custodiadas por el Estado nigeriano. Una pequeña aldea de unas 16.000 personas a la que llegaron otras 70.000, dando lugar a una absoluta escasez de agua y comida. “Me encontré con una situación de desborde humano total donde había gente que llevaba ocho meses sin ducharse y la gente que llegaba de zonas controladas por Boko Haram llegaba en muy malas condiciones”, recuerda el periodista.

A la crisis humanitaria se unía la incertidumbre por la seguridad, al no poder asegurarse de que quienes llegaban de fuera no eran miembros del grupo armado. Entre los miembros de la aldea era casi imposible no encontrar personas que hubieran sido secuestradas por Boko Haram, asegura Rojas. “Encontré a mujeres que tenían las orejas cortadas, que era una manera de castigarlas”.

Para muchas de las niñas secuestradas es muy difícil volver a su vida. El grupo armado defiende que se casaron voluntariamente con militantes de Boko Haram y se convirtieron al islam. Quienes logran huir y regresan a su hogar en ocasiones sufren el rechazo de sus familias y su pueblo por haber tenido contacto con un miembro del grupo, especialmente si llegan embarazadas de su captor.

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