Sábado, 27 de Febrero de 2021

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Trabajo social

No son personas con buenas intenciones

Son mucho más que eso: un trabajo vocacional, cualificado, versátil, mayoritariamente femenino. Las tareas de las trabajadoras sociales son casi inabarcables

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Si te preguntaran qué hace una trabajadora social rápidamente la asociarías a la falta de recursos, incluso a la caridad. Y es verdad. Pero esto es solo una parte de todo lo que hacen. Combaten la opresión de la pobreza, la del machismo y el racismo, la falta de oportunidades. Están en, prácticamente, todos los sectores en los que una persona necesita ayuda.

Loreto Aranda Sánchez es directora de programas sociales en Hartford y profesora asociada en el Grado de Trabajo Social en la Universidad de Comillas. Ha desarrollado su carrera profesional en diferentes sectores y ámbitos: migraciones, mayores, mujer y menores.Es TS desde hace 30 años, una decisión que, dice, le cambió la vida. “Es una actitud, una pasión, una mezcla de ética y gestión. Aunque, muchas veces, sin recursos para desempeñarla”. Y los fines de semana colabora voluntariamente en movimientos vecinales, en las colas del hambre. Es muy difícil explicarle a una persona que se tiene que encargar de ayudar a sus hijos con los deberes cuando viven, por ejemplo, en la Cañada Real y la educación de los niños es la última de sus preocupaciones. Pero ahí están, para que ese aspecto tampoco quede desatendido.

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Rubén Yusta Tirado es Trabajador social en una residencia de mayores de Sanitas. Es el nexo de unión entre los usuarios y sus familias. Y si no tienen familia o la que tienen se desentiende, se convierten en ese apoyo que necesitan. Durante el confinamiento tuvieron que adaptarse a la durísima situación que se vivió en las residencias. El acompañamiento en la fase final de la vida se convirtió en un trance mucho más rápido y triste. Los mayores nos dieron una lección. Cuando dijeron que tenían que quedarse encerrados en la habitación nadie se quejó. Todos lo aceptaron y se adaptaron a la nueva situación”.

Concha Vicente es jefa del servicio de trabajo social del Hospital Gregorio Marañón y profesora Asociada en la universidad Complutense. Su trabajo en el Hospital consiste en garantizar los derechos de los ciudadanos como pacientes. Poner los recursos y el apoyo emocional. No solo de las personas económicamente vulnerables. Podemos ayudar tanto a una persona sin hogar que no sabe leer como al director de la SER. Imagina que le da un ictus, necesitaría rehabilitación y ayuda emocional porque todo su mundo se le habría venido abajo. Nosotros gestionaríamos todo eso”. Eso y la necesidad de contacto espiritual o las bodas in extremis.Todo el papeleo y burocracia para eso también lo hacemos nosotros”

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Quieren reunirse con el consejero, Javier Luengo, para pedir que se agilice el papeleo para solicitar la RMI y que se una ayuda complementaria con el IMV

María Fernández trabaja en Servicios Sociales del Ayuntamiento de Madrid. “Es como el cajón de sastre del trabajo social: atienden a menores en riesgo de alimentación, a mayores en situación de maltrato, de aislamiento, , ayudas a domicilio, absentismo escolar…” Para ellos son muy importantes las entrevistas empáticas, por eso jamás se hubiera imaginado que pudiera desempeñar su trabajo desde casa. Pero al inicio de la pandemia tuvieron que hacerlo así. Con esta crisis nos hemos encontrado un nuevo perfil de usuario. Personas que estaban en la cuerda floja y que, ahora, se han quedado sin los pocos ingresos que tenían y han bajado de nivel. No saben cómo pedir ayuda”. No son psicólogos, pero sí que trabajan con las emociones. Van más allá de cubrir las necesidades materiales. Su mayor reto es llegar a las necesidades que han quedado encubiertas por el aislamiento que ha causado el virus: “Los colegios nos alertan sobre ciertas situaciones. Cuando se suspendieron las clases la comunicación con los colegios se cortó”

Para ellas el reto es tener que reconocer que no son capaces de llegar a todo. Pero lo intentan y no solo con buenas intenciones.

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