Martes, 02 de Marzo de 2021

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Demografía

Palas de Rei, el pueblo gallego que multiplica sus inmigrantes

Por cada niño que nace en Galicia mueren dos personas. Sin embargo, durante el año 2020 el censo de la comunidad creció gracias a un saldo positivo migratorio

Viajamos al municipio gallego en el que, proporcionalmente, más aumentó la población extranjera desde 2007: un 1.283%

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El declive demográfico de las zonas rurales es posiblemente uno de los mayores retos que tenemos por delante y que la pandemia, desgraciadamente, no ha hecho más que acelerar. La Federación Española de Municipios y Provincias lleva alertando varios años de que la mitad de los municipios del país están en riesgo de extinción. Son localidades que sufren un envejecimiento continuo y un mínimo o nulo relevo generacional.

Galicia lleva varios años consecutivos encabezando la lista de comunidades autónomas con un peor saldo vegetativo, según los datos que arroja el Balance Estadístico del Movimiento Natural de la Población elaborado por el INE cada año. La comunidad gallega es en la que hay una diferencia mayor entre el número de nacimientos y el de defunciones: por cada niño que nace mueren dos personas. A pesar de esto, durante el año 2020, el censo gallego creció en 1.378 personas ¿Cómo? Gracias a un saldo positivo migratorio.

Palas de Rei, en Lugo, es el municipio gallego en el que, proporcionalmente, más aumentó la población extranjera desde 2007 hasta hoy: un 1.283%, según el Instituto Galego de Estadística. En este municipio lucense de poco más de 3.000 habitantes había apenas 6 extranjeros empadronados en 2007 y el pasado año cerró su censo con 83. Este pueblo enclavado en el Camino de Santiago no ha conseguido revertir la caída demográfica, pero pierde menos población que otros municipios de su entorno.

La idea de repoblar y atraer a las zonas rurales a inmigración no es nueva. Existen multitud de iniciativas en la España Vacía que persiguen ese objetivo. Tal vez más complejo resulte dar un trabajo estable y con buenas condiciones a la gente que se traslada a estos pueblos. El pasado 24 de enero el gobierno gallego aprobaba la primera ley autonómica de impulso demográfico de España con el objetivo de atraer a retornados e inmigrantes e impulsar el equilibrio territorial.

Marcelo, un enamorado del Camino de Santiago

Marcelo dejó atrás su vida en la Toscana para montar un albergue de peregrinos en Palas de Rei (Lugo) / Cadena SER

Antes de la pandemia, Galicia esperaba repetir durante este año Xacobeo la cifra de más de nueve millones de visitantes que se alcanzó en el último año santo. No parece que vaya a ser posible por la situación sanitaria, pero el crecimiento de la economía vinculada al camino de Santiago fue lo que llevó a Marcelo a instalarse en Palas de Rey hace 6 años. Este italiano trabajaba en la Toscana como técnico de luces en el mundo del cine y, después de recorrer varias veces el camino, decidió dejar atrás su vida en Italia para montar su propio albergue para peregrino, A Casiña di Marcelo: “Me costó entender cómo funciona el mundo de los peregrinos. El primer año es muy complicado”. El último peregrino que se alojó en su albergue lo hizo en noviembre: “Este tenía que ser un año espectacular de gente, pero…”

Reconoce que la vida en invierno en el pueblo se le hace un poco solitaria y que cuando hay movimiento de peregrinos “las cosas pasan más rápido”. Una de los aspectos que más valora es la seguridad de poder ir al mercado y poder dejar el coche abierto sin que ocurra nada: “La calidad de vida para mí, es esto”, concluye.

Abdul, de llegar en patera a trabajador esencial en el sector primario

Abdul es marroquí y llegó en patera a España hace cuatro años. Trabaja en la granja Gavieiro e Hijos y este año, con su situación ya regularizada, ha descubierto que es un trabajador esencial. / Cadena SER

José Manuel Gavieiro lleva seis años y medio al frente de una explotación de más de 400 vacas dedicadas a producir leche destinada a la elaboración de queso. Son 6 trabajadores: su mujer, dos chicas gallegas, un chico paraguayo y Abdul, marroquí.

Hasta hace poco (en las granjas) no se trataba bien a los empleados, en el sentido en el que los ganaderos no teníamos mentalidad de empresarios. La gente venía a trabajar a las granjas con sueldos ridículos, a lo mejor, simplemente por la vivienda y la comida trabajaban de sol a sol. Ahora, esto ha cambiado”, explica Gavieiro. La granja de José Manuel tiene un horario “como el de cualquier empresa”, aunque la rutina es exigente. Se dividen en dos turnos. Llegan a las 7 de la mañana y media hora después comienzan a ordeñar. Por la noche, llegan a las 6:30 hasta las 9:30. “Te tiene que gustar el trabajo y los animales”, asegura.

La granja Gavieiro e Hijos S.L. en Palas de Rei (Lugo) / Cadena SER

Abdul es marroquí y llegó hace cuatro años en patera a España con otras 25 personas. Cruzó desde cerca de Ceuta a Málaga y lleva recorrido ya medio país buscando trabajo. Estuvo en la campaña de la aceituna como temporero, cortando leña en un pueblo de Guadalajara y pintando casas en A Coruña hasta que llegó a Palas de Rei, un municipio donde encontró un trabajo estable gracias a la ganadería.

Confiesa que le gusta escaparse a alguna ciudad cuando tiene tiempo libre “para disfrutar un poco”. Pero se lo tiene merecido. Regularizar su situación no fue tarea fácil y tuvieron que pasar más de tres años hasta que un empresario le hizo un contrato que le permitió acceder a los papeles. Llegó en patera y en este año de pandemia se ha convertido en un trabajador esencial para el país: “Si no me gustara el trabajo, no vendría a trabajar aquí”.

De California a Palas de Rei por amor

Jason es americano y gestiona desde una aldea de Palas de Rei su trabajo en una empresa textil en California y Judit fundó su propia academia de idiomas / Cadena SER

Ella es gallega, él estadounidense, hijo de un sheriff de Texas. Se conocieron en Dublín cuando él, que trabajaba para una marca de ropa en Alemania, acudió a una reunión a la capital irlandensa. “Fue amor a primera vista”, confiesan ambos.

Después de décadas viviendo por medio mundo han recalado en una pequeña aldea de Palas de Rei, el lugar de la familia de Judit. Tenían claro que querían volver a Europa antes de que su hijo Mateo se hiciese mayor. ¿El trabajo? Él puede continuar trabajando para la misma empresa que lo hacía en California gracias a internet y ella ha montado una escuela de idiomas en el pueblo. Jason ya se atreve con algunas palabras en gallego como queixo o toxo “Para mi es complicado aprender porque una persona habla gallego, otra castellano… y es un lío en mi cabeza”.

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