Viernes, 23 de Abril de 2021

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Sin vacuna para las colas del hambre

A inicios de 2020 en el Banco de Alimentos atendían a 1.050.000 personas y a finales de año eran ya 1.630.000 personas las que necesitaban ayuda alimentaria, y el número va creciendo

Las cifras que manejan las ONG y organizaciones sociales especializadas son abrumadoras. Sólo en el Banco de Alimentos han visto cómo ha incrementado la demanda de ayuda en más de un 60 por ciento. Cruz Roja dice que no para de llegarle gente a pedir comida y Cáritas que la situación sigue siendo muy difícil

Una voluntaria de la Despenda de Villaverde Bajo: "Las instituciones no están respondiendo"

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Podemos poner muchas excusas, desde la gravedad de las cifras de la pandemia, a la esperanza de las vacunas o el ruido ensordecedor de las polémicas políticas de unos y otros, pero lo cierto es que las necesidades extremas de miles de hogares de este país no están en boca de casi ningún responsable público, ni en el eje de los debates.  Las cifras y los testimonios en cualquier despensa solidaria de barrio o en las puertas de las diversas ONG, a diez días de cumplirse un año de la declaración de la pandemia de la COVID 19 por la OMS, dejan en evidencia que el sistema público no ha sabido reaccionar y lejos de mejorar, las tristemente célebres “colas del hambre”, las peores secuelas económicas de esta gran crisis sanitaria no paran de crecer con nuevos usuarios, como Kiko, quien, sin parar de llorar, cuenta: “No tengo para comer ni para vivir. Tengo una niña de dos añitos, llevo desde el 14 de marzo en el ERTE, me emociono porque yo nunca he venido a esto. He llamado Cáritas, Cruz Roja y a todos lados pidiendo ayuda. Mi mujer está minusválida del 65 por ciento y no puede trabajar. Cobro 780 de ERTE, pago 650 de piso, no me queda nada para los gastos y comer, y ya me han echado de otro piso".

A este camarero de la Plaza Mayor, ahora en ERTE, lo conocemos en su primer día en una cola del hambre del barrio de Tetuán, en el centro de Madrid. Como él, cada semana son centenares las familias que por primera vez tienen que acudir a pedir comida para sobrevivir. Lo hacen a despensas solidarias que han organizado los propios vecinos en muchos barrios de todo el país, también a organizaciones como Cruz Roja, Cáritas o el Banco de alimentos donde la demanda se ha disparado un 60 por ciento. “La situación sin duda es preocupante, la demanda de alimentos ha aumentado, así como el número de beneficiarios que hemos atendido. A inicios de 2020 atendíamos a 1.050.000 personas y a finales de año eran ya 1.630.000 personas las que necesitaban ayuda alimentaria, y el número va creciendo" explica Miguel Fernández, director de la Federación Española de Bancos de Alimentos. Solo en esta red se ha incrementado en casi 600.000 las personas que necesitan su ayuda para poder subsistir. A esto hay que añadir los más de 3 millones de usuarios han pedido ayuda desde el inicio de la pandemia a Cruz Roja, centenares de miles a Cáritas que sigue definiendo la situación como "muy difícil", las cifras siguen encendiendo todas las alertas sobre esta crisis social.

LA PIZARRA DE JAVIER RUIZ

Las clases más pobres han sufrido mucho más el coronavirus: las hospitalizaciones han sido mayores cuanto menor ha sido el tamaño de la vivienda.

A Kiko, este camarero de poco más de 50 años pero con aspecto de haberle caído encima dos décadas más, lo encontramos pidiendo pañales para su hija en una cola del hambre, en los bajos de una parroquia del barrio de Tetuán, que ha pasado de ayudar a 400 familias a la semana a más de 4.000 al día. Por cuarta vez en estos 10 últimos meses volvemos a esa misma cola, que no para de crecer con nuevos usuarios como Kiko. Esta es la cola del hambre de los carritos de bebé, donde esta vez nos sorprende, que en medio de esa norme fila de madres que acuden con sus carritos de bebé a por su lote semanal de alimentos, aparezca Kiko que por primera vez ha venido a pedir pañales: “Llevo 12 meses parado , mi empresa es de hostelería , y de ganar 2.000 euros al mes he pasado a 785 . Con mi niña y mi mujer que está muy enferma, que le han quitado hasta la ayuda de 200 euros que tenía, y encima este mes no me han pagado aún el ERTE, estamos en una situación crítica", relata desesperado en su primer día en la enorme cola de más de 500 personas que encontramos en los bajos de la parroquia de Santa María de Micaela, en la zona de Tetuán.

Tamara , con 5 hijos , es una de las más veteranas de esta cola . Lleva desde abril del año pasado viniendo a por ayuda , ahora tiene varios avisos de desahucio de su piso / Nicolás Castellano

"Yo salgo de mi casa cada día a las 9 de la mañana a pedir ayuda. Porque he intentado ponerme a pedir en la calle, pero no valgo, me emociono mucho, estoy llorando porque he estado por irme de aquí hace unos minutos, pero es que me hace mucha falta. Aquí las mujeres en la cola se han portado muy bien conmigo, fíjate que no tienen para ellas y me han dado desde una lata de bonito a más pañales para la niña", agradece a sus compañeras en la cola. En el hospital, donde le han diagnosticado pérdida avanzada de visión que está sufriendo, le recomendaron ir a esta parroquia a recibir ayuda, "la misma gente de la cola me ha ayudado mucho, y luego dicen de los inmigrantes, ellas lo son y me han dado un cacho de pan y otras cosas que no se han llevado a su casa para compartirla conmigo, yo nunca había pensado estar así, he intentado buscar un piso más barato pero ya no se para donde tirar", lamenta.

Camarero desde los 18 años, lleva 30 como empleado en un restaurante de la Plaza Mayor. Cuando deja de llorar y nos cuenta un poco más calmado su vida descubrimos que a Kiko en 12 meses de pandemia le han caído muchos años encima, aparenta más de 70 y nos confiesa que tiene solo 53, dice que está situación está consumiéndolo física y mentalmente. Un padre desesperado al que los ingresos del ERTE no le dan para sobrevivir, con miedo a ser desahuciado de su piso.

"Desde que vengo cada vez hay muchísima más gente en la cola"

Este es precisamente otro síntoma del agravamiento de la situación, familias que no solo no tienen para comer, sino que además se están quedando en situación de calle porque no pueden pagar los alquileres. Familias amplias, con muchos hijos, que agotados todos los colchones familiares o ahorros, quien los tuviera, ahora están siendo desahuciadas por no poder pagar las rentas o las hipotecas. En una casa ocupada vive una de las más veteranas de esta cola, Tamara, madre de 5 hijos. “Llevo desde abril viniendo aquí , vivo en una casa ocupada, con 5 niños, no tenemos casi luz, las paredes están fatal, hemos tenido que fumigar porque hay cucarachas y cada dos por tres me mandan cartas para echarme del piso" comienza a relatar.

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"Desde que vengo cada vez hay muchísima más gente en la cola. A muchos le pasaría lo que a mí, trabajaba pero a raíz de la pandemia me quedé sin trabajo, estaba en una tienda de manicura, mi marido era frutero y también perdió el empleo, ninguno de los dos tenemos nada" detalla Tamara, que, desde hace 10 meses, cada semana, ve crecer la enorme cola de las madres con sus carros, el de bebe y el de la compra.

Familias realojadas en Castilla y León

La de esta madre es una de las familias que va a ser realojada en pueblos de Castilla y León , a través de un programa de la Fundación Madrina, que les están dando la posibilidad de irse a pequeñas poblaciones con oferta de trabajo y vivienda. En concreto en su caso es en Las Torres, en Ávila. “Nos hablaron de trabajar en el matadero o cogiendo fresa, yo me adapto a lo que sea si sale algo”, señala Tamara. No tienen ningún tipo de ingreso, por eso la comida y los pañales que recibe en esta cola son esenciales, ya que desde hace meses no tiene ayudas públicas ni respuesta a su petición de Ingreso Mínimo Vital.

Sus cinco hijos tienen desde los 17 años al bebé de solo 1. Su esperanza, irse al pueblo que le han ofrecido e intentar emprender una nueva vida lejos de las colas del hambre porque está muy desencantada con las administraciones. “A los políticos solo les importa ellos mismos y los demás les importamos una mierda. Pedí el Ingreso Mínimo Vital desde el 30 de junio y todavía estoy esperando respuesta" se queja. 

La cola da la vuelta al edificio con más de 500 personas aguardando su lote de alimentos / Nicolás Castellano

A su lado está su prima Susana, con 28 años, tiene 4 niños de 10,7, 4 y un año. Se quedó sin trabajo durante la pandemia. Está a punto de ser desahuciada, por eso está muy ilusionada con la posibilidad de mudarse a un pueblo. “Hicimos una vista al mismo pueblo y vimos una casilla, con mucha ilusión. Yo la verdad es que tengo muchas ganas de salir de aquí porque no hay nada ahora mismo. La trabajadora social tampoco me ayuda, pedí el Ingreso Mínimo Vital y no tengo respuesta tampoco ", se queja y señala otro de los problemas que como muchas de las madres que están recibiendo los alimentos ella también ha caído en la depresión por la situación tan desesperada. “Sigo con psicóloga porque nunca, jamás, me imaginé estar así, verme en la calle, lo he pasado muy mal y me veo sin nada , por lo menos una pequeña ayuda" afirma esta madre veinteañera que desde Carabanchel Bajo acude cada semana a esta cola de ayuda a pocos metros del ministerio de Defensa y de la Castellana.

Pero no sólo hay amas de casa o mujeres que se han quedado desempleado as por la pandemia, hay perfiles que nos vuelven a llamar la atención, como trabajadoras de hoteles de lujo que no perciben ningún ingreso como Cristina, quien lleva acudiendo a la cola desde el mes de junio del año pasado. Ella trabajó como fija durante 16 años en uno de los hoteles más lujosos de Madrid, el Palace. Ahora, le han denegado el ingreso mínimo vital por sus ingresos de 2019, cuando aún tenía trabajo y paga la luz y el agua con la ayuda que le dan algunos amigos. Jamás se imaginó acudir a buscar alimentos. Además, ha reclamado el subsidio por desempleo pero tampoco tiene respuesta. "Dijeron que no iban a dejar a nadie atrás, pero nos están dejando", lamenta

Muy cerca, otra joven que va a cumplir 31 años es madre ya de 7 niños. Antes de caer al abismo por la pandemia tenía dos trabajos, como su marido. Desesperados con la situación, también les han denegado el Ingreso Mínimo Vital, han pedido a la Fundación Madrina que les ayude a buscar una casa en un pueblo. En su piso actual viven 10 personas. Impresionada con la cantidad de gente nueva que viene cada semana a la cola, se teme que la situación siga empeorando.

Madres muy jóvenes, cada vez más, en las colas del hambre, lejos del estereotipo de familias empobrecidas desde antes de la pandemia, que también las hay, lo cierto es que no paran de llegar cada vez más veinteañeros que no tienen como subsistir. Y a diferencia del inicio de esta crisis también hay cada vez más españoles.

Sin prestación pública ni Ingreso Mínimo Vital

Carolina de 26 años y su chico de 28, sin trabajo ni expectativas de lograrlo, llevan 5 meses acudiendo a recibir alimentos. Vienen de Villaverde y Aluche. En plena pandemia fueron padres de la pequeña de 9 meses que está adormilada en el carro. No reciben ningún tipo de prestación o ayuda pública, a su chico le han ofrecido un trabajo recientemente de teleoperador, pero al no tener experiencia lo han rechazado.

Desde 400 a 4.000 familias al día y los perfiles cada vez más precarios, muchas familias ya no pueden pagar los alquileres y se están quedando literalmente en la calle / Nicolás Castellano

Otro cambio radical, de servir copas en sus bares propios en barrios bien de Madrid a una cola del hambre. Con 29 años , madre de un hijo de 11 años y ahora embarazada , está acudiendo por primera vez en su vida a solicitar ayuda para poder sobrevivir. Propietaria de dos bares de copas, con la pandemia sus problemas se han multiplicado y denuncia la situación en la que han dejado a la hostelería. Esta madre soltera, con un embarazo de alto riesgo, se queja de que no le conceden la baja ni el Ingreso Mínimo Vital porque tiene una deuda con la seguridad social. Después de 12 años en la hostelería ve un panorama muy complicado. Dice que conoce muchos casos que en su sector han pensado hasta en el suicidio.

En esa cola hemos escuchado en estos meses a ex empresarios, comerciantes, modelos, todo tipo de casos que demuestran la enorme fragilidad de la economía de miles de familias pero esta vez te has encontrado incluso a payasos o trapecistas de un circo que se quedó varado hace 11 meses y que no perciben ningún tipo de ayuda.

Entregando el DNI para apuntarse a la cola encontramos a toda una familia, un grupo de trabajadores de un circo que tuvo que apagar los focos de repente por la pandemia cuando actuaban en un pueblo de Toledo. "Llevamos toda la vida trabajando en el circo", reconoce Antonio, un conocido payaso del Circo Coliseo, quien denuncia el desamparo y el olvido de este sector.  Viven en las caravanas del circo y acuden desde Toledo a asociaciones como esta para obtener alimentos Se emociona al pensar en las carencias que están sufriendo sus hijos. Dice que la pandemia ha sido la puntilla al circo español, que ve muy difícil levantar la cabeza. "Me siento defraudado porque como persona no me siento realizado", añade, mientras mira a su alrededor en la cola y se vuelve más pesimista aun. 

Conrado, el responsable de la Fundación Madrina, que se ha convertido en una de las colas del hambre más fotografiadas por medios internacionales. Desde 400 a 4.000 familias al día y los perfiles cada vez más precarios, muchas familias ya no pueden pagar los alquileres y se están quedando literalmente en la calle. "Las colas del hambre se están convirtiendo en colas de familias sin techo", explica Conrado. En este sentido, indica que se trata de una nueva pobreza con perfiles inimaginables antes de la pandemia. Además, advierte de que no hay visos de mejoría y que estas colas del hambre se pueden prorrogar durante años.

La demanda de alimentos sigue aumentando: Durante el confinamiento se triplicó la petición de alimentos a Cáritas

Las cifras que manejan las ONG y organizaciones sociales especializadas son abrumadoras. Sólo en el Banco de Alimentos han visto cómo ha incrementado la demanda de ayuda en más de un 60 por ciento. Cruz Roja dice que no para de llegarle gente a pedir comida y Cáritas que la situación sigue siendo muy difícil.

Despensas solidarias de todos los barrios, asociaciones como Valiente Bangla en Lavapiés, dicen que no dan abasto. En el caso de una de las mayores redes que existen en nuestro país para el reparto de comida, la Federación Española de Bancos de Alimentos, su director Miguel Fernández dice que "la crisis es mucho más fuerte" que en 2008.

A inicios de 2020 en el Banco de Alimentos atendían a 1.050.000 personas y a finales de año eran ya 1.630.000 personas las que necesitaban ayuda alimentaria, y el número va creciendo / Nicolás Castellano

La demanda de alimentos sigue aumentando. A inicios de 2020 atendían a poco más de un millón de personas y la última cifra de finales de diciembre señala que los bancos de alimentos ayudan hoy a casi 1.630.000 personas con perfiles que jamás habían encontrado, como "familias que han perdido su trabajo por ERE, parejas jóvenes que han perdido los dos su empleo y que pueden enviar a los niños al colegio pero no pagar sus comida, gente que jamás se imaginó tener que pedir esta ayuda” .

Desde Cruz Roja, Olga Díaz, subdirectora de Inclusión Social, asegura que desde que comenzó la pandemia no ha parado de crecer la demanda de ayuda y especialmente desde finales del año pasado. "El número de entregas se ha incrementado y vimos un aumento considerable en diciembre", comenta Olga.

Durante el confinamiento se triplicó la petición de alimentos a Cáritas. Dimas Nogueras cree que el escenario ha cambiado, pero sigue siendo “preocupante”. El responsable del economato que visitamos en Hoy por Hoy en el mes de junio en el norte de la ciudad, cerca de Plaza de Castilla, donde las necesidades de las familias son cada vez mayores. Prevé que esta situación se va a prolongar durante más tiempo de lo que imaginamos

Las demandas de alimentos siguen siendo muy importantes. Hay muchas colas, otras que son invisibles, como las de vecinos que en distintos barrios de Madrid esperan entre las 21:30 horas y las 22:00 horas de la noche a que los trabajadores de los supermercados saquen los contenedores con la comida que, o bien ha caducado o acaba de hacerlo. Las organizaciones más veteranas y las redes vecinales alertan de que esta situación precaria de miles de familias sigue empeorando.

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