Martes, 11 de Mayo de 2021

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La salud mental de los sanitarios sigue en la primera ola

Los daños colaterales de la pandemia están siendo especialmente duros entre los sanitarios. Insomnio, agotamiento, desesperanza, fatiga, irritabilidad o culpabilidad frente al disfrute son algunas de las consecuencias psicológicas que experimentan los profesionales que trabajaron en primera línea contra el coronavirus

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El nudo en la garganta no desaparece hasta que comienza a hablar de sus avances en terapia. “Era incapaz de salir a pasear. Me duchaba, me arreglaba, llegaba a la puerta de mi casa y me daba la vuelta. Tenía un miedo atroz a estar en la calle”, cuenta Carmen, una trabajadora del Hospital Ramon y Cajal de Madrid que lleva trabajando desde marzo del año pasado con pacientes afectados por la COVID-19.

Más de la mitad de su cara está cubierta por la mascarilla, pero el brillo empañado de sus ojos casi explica más que sus palabras. Carmen dice que no es capaz de rememorar aquellos días de marzo sin emocionarse. La primera vez que lo consiguió fue hace solo una semana, junto a sus compañeras de enfermería: “Me tocaba turno de noche y compartimos cada una de nosotras las vivencias que tuvimos durante la primera ola. Fue la primera vez que conseguimos hablar de esto sin llorar”, explica. Y al pronunciar estas palabras sus ojos ya no expresan tristeza, muestran satisfacción.

Parte de este avance se debe gracias a los grupos de apoyo psicológico a los que acude desde enero en su hospital. A finales de verano, el personal de psicología y psiquiatría del centro desarrolló un programa para dar apoyo no solo a familiares o enfermos de coronavirus, sino también al personal sanitario que comenzaba a manifestar síntomas de mala salud mental. Los grupos funcionan como terapias grupales, con una periodicidad semanal, a la que actualmente acuden unos 200 trabajadores del Hospital Ramón y Cajal de los servicios de UCI, urgencias y de la macro Unidad COVID.

Cuenta Patricia Fernández Martín, psicóloga clínica y una de las coordinadoras de estos grupos de apoyo, que los síntomas más frecuentes entre sus pacientes son insomnio, agotamiento, desesperanza, fatiga o manifestaciones psicosomáticas como cansancio, pérdida de apetito e incluso dolores. Es muy frecuente, además, el sentimiento de culpabilidad que se ha instalado entre los trabajadores del hospital. “La exposición al desconsuelo permanente hace que no tengan emociones positivas a las que agarrarse. Sienten imposibilidad para el disfrute y culpa por pasárselo bien. Muchos tienen la idea de que hay que vivir en consonancia con esta situación pandémica de tristeza prolongada en el tiempo”, analiza la psicóloga.

Carmen lo sabe bien. Hasta finales de verano no fue capaz de sentarse en la terraza de un bar, no solo por miedo, sino porque sentía que no debía hacerlo. “Era tal el compromiso que habíamos adquirido con la enfermedad, que ni siquiera me planteaba la posibilidad de salir a tomar algo a la terraza de debajo de casa”, recuerda. Y frente a su responsabilidad, ver cómo resto del mundo continuaba con su vida olvidando la pandemia germinó en ella un sentimiento de malestar hacia los demás mientras se cuestionaba si su postura era o no la correcta.

“A los profesionales les desgasta ver que la realidad clínica sigue siendo parecida a la del año pasado. Sería bueno que la sociedad se concienciara de que haber empezado la vacunación es positivo porque se avanza en el tratamiento y la prevención de la enfermedad, pero no podemos pensar que el problema está superado”, opina la jefa de psiquiatría del Hospital Ramón y Cajal, Ángela Ibáñez, profesora asociada a la Universidad de Alcalá.

A partir de aquí, la pregunta es sencilla: ¿hay solución? ¿Cómo se consigue? La psicóloga Fernández Martín responde: “Utilizamos técnicas de desactivación emocional, relajación, activación conductual con actividades agradables que se tenían incorporadas a la vida anteriormente... Intentamos concienciar en el autocuidado físico, descansar adecuadamente, no olvidar las comidas, tener horarios regulares o hacer ejercicio”, explica. Las actividades de ocio, además, resultan fundamentales en este proceso. “La cultura es claramente una variable de salvación mental, ayuda mucho ver películas, documentales o rodearnos de personas adecuadas para desconectar de la información constante del coronavirus”, recomienda la psicóloga.

Frente a esta situación, no todo lo vivido es negativo. Cuenta la doctora Fernández que en aquellos casos en los que el personal sanitario ha sentido una pérdida temporal de la vocación, se les pregunta si hubieran repetido la experiencia. “Y la mayoría responde que sí, que hubieran elegido estar en este mismo lugar”.

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