Miércoles, 28 de Julio de 2021

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Flores anónimas para "los nadie"

Conocemos la historia de una mujer -que prefiere mantener el anonimato- que lleva flores todas las semanas para un grupo de migrantes que murió intentando llegar a Canarias: "El estado del bienestar ha hecho a la gente cruel. Los corazones están duros"

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Esta es una de esas historias que nos reconcilian con lo mejor de nuestra sociedad. La historia de unas flores anónimas para “los nadie”, que cada semana aparecen en un grupo de 15 tumbas sin nombre en un pueblo de Gran Canaria. Los “Nadie” como los definió Eduardo Galeano “que no son aunque sean, que no tienen nombre sino número, que no figuran en la historia universal sino en la crónica".

Este sonido protagonizó muchas crónicas el 26 de septiembre de 2020. Está grabado en el cementerio de Agüimes, y entre el viento se escucha al párroco Miguel Lantigua en un vídeo realizado por uno de los dos únicos acompañantes en el entierro de 15 inmigrantes. Sus cuerpos en descomposición fueron encontrados el 20 de agosto del verano pasado en un cayuco, que un avión de salvamento marítimo localizó a la deriva, al sur de Gran Canaria, con todas esas vidas hundidas en el fondo de la barca...

El entierro de los sin nombre

El 26 de septiembre de 2020 se daba sepultura en la más estricta intimidad a los 15 migrantes que fueron rescatados sin vida el pasado 20 de agosto en un cayuco a la deriva cuando se dirigían a Canarias

Tito, el sepulturero, usaba el montacargas para elevar hasta los nichos más altos estos 15 ataúdes en un bloque de tumbas junto al pasillo central del cementerio de Agüimes. A esos nichos sin ninguna identificación, ni nombre, ni fecha, ni número, sin embargo, no les faltan cada semana flores en su memoria...

Casi siempre siemprevivas. Nuestra protagonista fue testigo del entierro y se quedó tan impactada con la escena de las 15 “cajas juntas” sin ningún familiar que las acompañara, que desde entonces, cada semana, se encarga de poner estas flores anónimas para estos sin nombre. Esta bisabuela, abuela y madre con una historia familiar de migrantes es la protagonista de este reportaje, aunque nos ha pedido guardar el anonimato. La historia de estos 15 jóvenes que yacen en ese pueblo de Canarias forma parte de la lista de las más 44.000 víctimas mortales de las rutas migratorias de África a Europa desde finales de los años 80. Muchos cementerios de Andalucía, Ceuta, Melilla y Canarias tienen nichos como estos de Agüimes, pero en ese pueblo de Gran Canaria esta señora simboliza con su gesto la empatía y la solidaridad más auténtica.Todas y todos la conocen en el cementerio...

Para ella aquella mañana de sábado parecía una más, era la del 26 de septiembre del año pasado, pero al llegar a la puerta del cementerio, a donde acude cada semana a enramar a sus seres queridos, se llevó una sorpresa muy impactante: "Fue algo muy fuerte. Ese sábado fui al cementerio como de costumbre. Tengo a mi marido, mis padres y mi hermana. Llegué ese día y encontré que el cementerio tenía una cuerda que vallaba la puerta... Le pregunté al sepulturero Tito y me dijo que había un entierro porque habían fallecido 15 inmigrantes. le digo: «¡Qué dices! ¡No me digas! ¡Qué locura! ¡Qué horror!»".

Quedó paralizada en los primeros minutos con la escena de las 15 cajas juntas a la espera de ser introducidas en los nichos: "Yo iba con mi hijo que me decía «¿Quieres que nos vayamos y esta tarde te traigo? No te veo bien. Yo le decía: «Es que no estoy bien. No he visto nunca un entierro de 15 personas juntas, ¡qué horror! Vienen aquí a buscar una mejor vida, ayudar a sus familias y se encuentran con la muerte (...) Yo le dije a mi hijo que se fuera tranquilo que me quería quedar peor no podía ver el entierro. Era muy impresionante".

Sacó fuerzas y se acercó a las dos únicas personas, además del sepulturero y los trabajadores de las funerarias, que acompañaban al cura del pueblo en el sepelio: "Vi a dos señores negros y me acerqué a ellos para saber si eran familiares. me dijeron que sí y les di el pésame".

Les dio el pésame y volvió a alejarse impresionada por la escena, quería acompañarlos en esa última oración pero no pudo: "Yo quería acercarme a él y acompañarlo en las últimas oraciones pero no podía. Era tal la emoción que sentí (...) Veía al cura que estaba desencajado, demacrado. Yo pensaba «es el momento en el que tengo que estar acompañándole y no puedo». Cuando terminó de rezar yo me fui y cuando llegué a casa lo primero que hice fue llamar a mi familia y decirles «qué horror he vivido hoy». Y ese día estuve que no valía para nada. Llamé al párroco y le dije que me disculpara que era una cobarde, que tenía que haber estado junto a él, pero no podía".

Su angustia era que ningún familiar estuviera presente para despedirse de estos 15 chicos: "Imaginaba a sus familias pensando que iban a venir a trabajar, a buscar una mejor vida para mandar dinero a su familia para que pudieran comer y vivir, y mira lo que se encuentran. ¡Qué pena! ¡Qué dolor tan grande!".

No podía dejar de pensar en esas familias, y a la semana siguiente comenzó el ritual de ponerles flores: "Con esa tristeza tan grande, a la siguiente semana me fui al cementerio y le dije a mi hermana que fue conmigo: «Yo quiero ponerle aquí una jarrita para ponerle tres floritas». Hablamos con el sepulturero y nos la puso".

Y en esa jarrita coloca cada semana casi siempre siemprevivas, flores como símbolo de la solidaridad y empatía que aprendió de sus padres: "Me dieron unos valores muy hermosos y se lo tengo que agradecer. Porque somos todos iguales: blancos y negros y del color que sea tenemos la sangre del mismo color. No debemos ser tan crueles y pensar a lo que podemos llegar".

Nuestra protagonista sabe bien de lo que habla cuando dice que “no sabemos a lo que podemos llegar” cuando pide comprensión para las personas que migran. Su propia historia es la de una familia que conoce lo que es emigrar de Canarias desde hace más de un siglo...Ella es hija de una cubana de padres canarios que emigraron al Caribe a inicios del siglo pasado y ahora su hijo es emigrante en Inglaterra: "Inmigrante es mi hijo que trabaja en Londres. Inmigrantes son todos los que salen de aquí y se desplazan a trabajar a otros países o a otros sitios. Mi madre es cubana y vino con ocho años de Cuba".

Se le ilumina la cara cuando recuerda cómo empezó su familia a migrar en busca de prosperidad: "Mis abuelos se casaron en la iglesia de Santa Ana en Las Palmas, y esa misma noche salieron para Cuba. Allí vivieron hasta que tuvieron cinco hijos...".

A su abuela y a su madre las apodaron para siempre en el pueblo de Agüimes “las cubanas”. Su hijo ha tomado el testigo de los emigrantes de la familia: "Mi hijo es licenciado en farmacia y está trabajando en Inglaterra. Está muy bien. Mi hijo es inmigrante. Como es un negro cuando viene o un blanco cuando sale. El color no importa"

Insiste en que es necesario de vez en cuando hagamos como sociedad un ejercicio de memoria de quienes hemos sido: "Las personas parece que les falta humanidad. Ves lo que está pasando por el Telediario y lo hacen con una frialdad tremenda. Eso da lástima".

Cree que aquellos que rechazan a los inmigrantes se basan en ideas erróneas y rechaza los incidentes xenófobos que se han dado en las islas en los últimos meses: "no entiendo el racismo. Somos todos iguales. No entiendo por qué esa diferencia con estas personas y con las personas que vienen de fuera. No puedo entenderlo. creo que la gente está equivocada. Creo que la gente se piensa que vienen a trabajar y que les quitan los trabajos aquí".

No entiende el racismo y tampoco la indiferencia ante la repetición de tantas muertes evitables. Hoy, en pleno siglo XXI y después de más de tres décadas de naufragios y tragedias en las rutas hacia España no existe un protocolo para identificar a las víctimas de este sistema migratorio...Se pregunta lo que muchos, por qué hay tanta indiferencia, su respuesta remueve: "Tal vez es que no quieren a los pobres, a los pobres deberían de ayudarles. A los pobres en mi tiempo se les ayudaba, pero ahora no. Ahora la gente se ha vuelto toda rica. El estado del bienestar ha hecho a la gente crueles, duros. Los corazones están duros, están endurecidos, no sé por qué".

Pide un esfuerzo a las administraciones para que se identifique a estas personas por el bien de las familias y se deje de enterrar sin nombre a estas víctimas de las fronteras: "Todavía es más doloroso no saber dónde están sus seres queridos, cuánto se le arranca el alma esa familia. ¿Tú te imaginas cómo puede una madre, un familiar, acostarse todas las noches pensando dónde estará? Ni sabes si está muerto, si está vivo, en qué sitio está...".

Por todo esto comenzó a llevarles flores ca, por amor y por acompañarlos a ellos y a sus familias: "Porque me da mucho dolor y me sale del alma. Porque es lo único que puedo hacerles. Porque pienso en esa familia y digo: «Ya que ellos no lo pueden hacer lo hago yo mientras yo pueda». Les llevo flores y les rezo que para mí tiene más importancia la oración. Y por amor. Por amor al prójimo".

No puede entender este sistema que permite que los españoles como su hijo puedan emigrar de manera segura y que para los africanos no exista esa vía: "Es penoso que eso pase. Mi hijo está en Londres trabajando y eso yo no lo puedo entender: por qué este racismo, esta distinción, esta forma de ser de los gobernantes... No sé qué les pasa que están todo virados al revés. No se ponen de acuerdo para parar estas muertes".

Cree que es una cuestión de valores humanos y se dirige a los que siguen intentando el viaje en patera y a los familiares de las víctimas: "Que lo siento un montón. Siento un montó lo que les ha pasado con sus seres queridos y lo que están pasando. Me da mucho dolor lo que se está viendo aquí en Canarias prácticamente todos los días. Como vienen esas barcas llenas de esos infelices que no saben cuál es el destino".

Con cinco hijos, tres nietos y una bisnieta, orgullosa de los valores que han ido de generación en generación en su familia, pide a los políticos que se pongan en la piel de estas familias y que acuden a estos entierros: "Tienen que ponerse en el puesto de esas pobres familias porque, si no, no se dan cuenta. Los políticos tienen la vida fácil".

Reclama que todos somos dignos de una despedida, ser enterrados acompañados de los nuestros y que las familias tienen derecho a saber dónde están sus seres queridos: "Todas las personas somos dignas de tener un entierro donde vayan los familiares, donde vayan sus seres queridos. No de verse solos, ¡solos! ¡Qué penoso! En un cementerio fuera de su país donde ni siquiera la familia sabe dónde está. De eso deberían ser conscientes los políticos, de lo que estoy diciendo".

No quiere ser identificada porque afirma que lo que hace no tiene más importancia, pero también porque vive sola y tiene miedo de que aquellos que opinan diferente y son reacios a las migraciones la ubiquen. Su deseo, a conocer alguna vez a los familiares de estos 15 “nadies” a las que mientras pueda seguirá poniendo flores en el cementerio.

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