Jueves, 28 de Octubre de 2021

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Las grietas que deja el bono eléctrico: "Es muy duro escuchar a tu hija que tiene frío en casa"

Las organizaciones de consumidores piden modificaciones en este descuento para las personas más vulnerables porque no cubren todas las necesidades

Cáritas destaca la doble penalización que viven las familias que necesitan alquilar una habitación porque no pueden permitirse una vivienda completa y tampoco pueden acceder a las ayudas en las facturas de la luz

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Manuela vive al norte de Madrid, a unos 40 kilómetros de la capital. Es una mujer de 54 años, separada, y tiene una hija de once años.

Al entrar en su casa lo primero que se ve es que es bastante luminosa; pero porque entra mucha luz del exterior. Allí llaman la atención dos cosas: la primera es que todo, absolutamente todo, está apagado; y la segunda es que en las paredes hay unos espacios libres, unos huecos donde antes había radiadores. Radiadores que ya no están: "Pero claro, los he tenido que quitar porque no me valen para nada".

Cómo funciona el bono eléctrico

Manuela vive así, aunque es beneficiaria del llamado "bono eléctrico". Es un descuento en la factura de la electricidad para ayudar a las familias más vulnerables y que tiene tres escalones:

  • 25% de descuento: a él acceden los consumidores vulnerables que tienen que estar dentro de la tarifa regulada. Personas con ingresos bajos o bajos teniendo en cuenta sus cargas, pensionistas que cobran el mínimo y, desde el COVID, -y esto lo han ido renovando hasta ahora- personas desempleadas o en ERTE.
  • 40% de descuento: los llamados consumidores vulnerables severos. Son los que tienen unos ingresos que son mucho menores, aproximadamente la mitad de los de los anteriores.
  • 100% de descuento: un escalón que por lo que dicen las asociaciones que trabajan con estos casos es el más complicado, el que menos se produce. Son personas en riesgo de exclusión social a las que atienden los servicios sociales y que ya les están pagando la mitad de la factura. En este caso -complicado, dicen- no se paga nada.

Los que se quedan fuera

Un ejemplo son las familias que viven en habitaciones compartidas y no pueden poner la factura de la luz a su nombre. Cada vez son más las familias que tratan con Cáritas que no se pueden permitir el alquiler de un piso y sufren esta doble penalización. Víctor Rodríguez es el responsable del observatorio de la realidad de esta ONG en Madrid y lo ha explicado en una entrevista en el informativo 'Matinal SER'.

Manuela está en el segundo escalón de los anteriores. Tiene el descuento del 40% en la factura, pero, aun así, paga muchísimo. Y es porque hay más condiciones, por ejemplo, un consumo máximo: una vez te pasas de los baremos, el resto no lleva descuento. Y en su caso -a pesar de que gasta poco y ahorra mucho- su consumo es desorbitado: "A mí me han llegado a pasar 228 euros de factura de luz", explica.

Por lo tanto, el bono casi ni lo nota: "Yo al recibir las facturas y ver que las facturas eran las cantidades que era les decía: «Perdone, si es que yo tengo el bono social» Y me decían: «Sí, sí, si claro que lo tiene»".

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Por eso ha quitado los radiadores, porque son eléctricos. Y en invierno, sobre todo, mantas. Esto con una niña de 11 años: "Es muy duro escuchar a tu hija que tiene frío en casa. Arrimarte a ella y abrazarla para que no pase frío. Y decir: «Mami, vámonos de aquí que hace mucho frío»".

El caso de Manuela es un ejemplo de lo que llevan tiempo denunciando varias organizaciones de consumidores que piden un cambio en el bono eléctrico. La OCU -por ejemplo- pide que se aplique automáticamente cuando se cumplan con los requisitos de unos ingresos máximos y que no sea obligatorio tener contratada la tarifa regulada. Y FACUA va más allá: exigen tres tipos de descuento. Del 50, 70 o incluso 100 dependiendo del grado de vulnerabilidad de cada factura. Es decir, que las comercializadoras asuman la factura directamente cuando esté demostrado que la familia no puede hacer frente a los suministros.

Por casos como el de Manuela, que sueña con poder darle a su hija un lujo de esos que no debería serlo, como unas vacaciones: "Ella me lo dice: «Mami, ¿cuándo nos vamos a ir tú y yo de vacaciones?» Hay cosas que necesitan y que, efectivamente, son un lujo, pero también son necesarias para su salud mental".

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