Martes, 07 de Diciembre de 2021

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Pueblos deshabitados

Un pueblo donde solo habitan fantasmas

Juanjo Millás y Paqui Ramos rescatan las historias de Sarnago, un pueblo vacío desde 1958

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La gente del pueblo se marchó cuando se marchó el maestro. "Don Jerónimo era un maestro bueno, callado, discreto. Y luego nos enteramos de que lo habían expedientado" Por rojo. Priscilo Ramos recuerda perfectamente el drama que supuso quedarse sin escuela en su Sarnago local. Sin coche no se podía llevar a los niños a la escuela en otra localidad. "Nos fuimos porque no había esperanza". Porque las instituciones les abandonaron, como ha pasado en miles de pueblos de España.

¿Cómo se puede vivir en un sitio sin servicios? Si quieres pan a 5 kilómetros, un periódico a 40. Transporte solo ciertos días a ciertas horas. Si te da un infarto encomiéndate a la suerte, porque la ambulancia tiene que venir desde Soria y el centro de salud también está lejos. Es el drama del mundo rural.

Calle del pueblo de Sarnago / Paqui Ramos

Josefina Benito (Pimpín, como la conocen en el pueblo) Recuerda lo felices que eran de jóvenes. Cómo bailaban, los juegos picantes con los que se divertían, dónde estaba la cantina o quién le robaba el vino al cura "que era más malo que el sebo".

Cuando paseas a solas por sus calles casi puedes escuchar aquellas voces entre las ruinas de piedra de las casas por las que ya solo corre el viento helado del cierzo que nos recibió ese día. Esa soledad se rompe con la voz de Jose Mari Carrascosa, el hijo de Josefina, pariente de Priscilo, que nació en el pueblo aunque solo vivió allí 3 años. Lo suficiente para luchar con todas sus fuerzas e imaginación contra la desaparición de Sarnago.

José Mari creo la Asociación de amigos de Sarnago con más de 200 socios consiguió comprar alguna de las casa abandonas y restaurarlas. "El problema de comprar en los pueblos es que los dueños se piensan que sus ruinas cuestan lo mismo que un piso en la Gran Vías". Su sueño es que la gente empiece a ir en vacaciones, a pasar fines de semana, incluso por temporadas a teletrabajar. Ha ideado un espacio de co-working dónde las líneas de Internet llegan con más calidad que las carreteras de acceso. Han arreglado el cementerio, conectado una bomba para que el agua llegue a la fuente y está empeñado en restaurar la iglesia románica "pero con la Iglesia hemos topado Sancho".

Solo faltan personas, nuevos habitantes que ocupen el espacio por el que ahora campan los fantasmas del pasado.

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