Martes, 30 de Noviembre de 2021

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La vida con COVID persistente: 10.000 pastillas después y un paseo con muletas por el parque

Conviene no olvidar lo que pasa detrás de las paredes. Muchos de aquellos que creímos curados, como Manuel, luchan cada día contra las secuelas del COVID persistente

Manuel Rossi tiene 63 años. Contrajo el COVID-19 en los primeros días de marzo del año 2020. Ingresó en el Hospital Infanta Leonor, de Madrid, entre los días 15 y 16. Pasó por la UCI y por un largo periodo en planta hasta recibir el alta y salir en silla de ruedas aplaudido por los sanitarios.

"Yo, cuando salí del hospital, que me aplaudió todo el mundo, aún no sabía que iba a quedar así. A los seis días estaba otra vez en el hospital. Me volvieron a aplaudir cuando salí después de un mes..., y a los ocho días otra vez en el hospital. Llega un momento en que piensas; me traen ahora (a casa), pero cuánto tiempo van a tardar en llevarme. No se crean que porque salga ya está curado. No, no, no. Sale en silla de ruedas y no sabe la gente lo que le espera para volver a ser persona".

Antes que llegara el COVID, Manuel había sido encargado general de obras, había estado al frente de una empresa de servicios, muy activo socialmente, también había rehabilitado el camino de peregrinos del Monasterio de Uclés a Santiago, practicaba el ciclismo, se ejercitaba en el gimnasio, había corrido maratones, no bebía y nunca había fumado. Hoy se desplaza por casa ayudado por muletas y atenúa las secuelas del COVID tomando 26 pastillas diarias. "El otro día eché la cuenta y llevaba diez mil y pico pastillas en estos meses".

Las habitaciones están en la planta de arriba. Manuel no puede subir las escaleras. El salón, en la planta baja, lleva año y medio acondicionado como dormitorio. El oxímetro, las pastillas y geles analgésicos están sobre una de las mesas, acondicionada como mesita de noche. Delante del sofá- cama, se amontonan las carpetas con los informes médicos. Después de recibir el alta, Manuel vivió unido a una máquina de oxígeno durante ocho meses. “Y mi vida era, con la manguera de oxígeno de ocho o nueve metros, desde la cama del salón hasta esta ventana, hasta la puerta de allí y hasta el baño. Tengo unos ganglios en el pulmón, debido a la neumonía. Pero no sé qué es lo más malo, si lo de los ganglios o lo de los nervios".

A finales de septiembre de 2020, más de medio año después del contagio, el cuerpo de Manuel empezó dar señales de que algo no iba bien en el sistema nervioso. “Las piernas empezaron a moverse solas”. Manuel volvió a ingresar, esta vez por un cuadro de COVID persistente. “Cuando la doctora sacó conclusiones, me dice: tienes un problema en la médula que la tienes muy inflamada. Creemos que tienes la proteína del coronavirus dentro de la médula y el líquido raquídeo te inflama la médula y ataca a todo el sistema nervioso, lo descontrola.

Vienes en el mejor momento. Si hubieras venido hace una semana me hubieras tenido que ver en la cama porque no podía levantarme de la cama. Cuando llegan las rachas malas, tengo que estar días y días en la cama. Pero ahora has venido en el mejor momento, porque estoy muy ilusionado. Esta vez creo que lo voy a conseguir. Estoy andando un poquito más. Antes cogí mucho miedo porque al andar, las piernas se iban para un lado y para otro, para donde querían. Yo no las controlaba y cuando pisaba era como si fueran de corcho, como si no fueran mías (…) Y ahora me he propuesto andar un poco, aunque me duela todo, aunque me duelas las piernas. Si pierdo mis piernas, me quedo en silla de ruedas y eso no”.

Manuel Rossi / Foto SER

La situación de su mujer

“¿Y qué le dices, - María García Fons, esposa de Manuel –, si sus médicos no pueden decirle nada, tú qué le vas a decir? Estás viviendo con esa inseguridad que él tiene, con ese miedo, con ese dolor que él siente. Estás viviendo con una persona que ha sido muy vital, muy fuerte, que toda su vida ha estado de un lado para otro y, de repente, te encuentras con alguien que no se puede mover apenas, que para llegar a la esquina de casa venía llorando y tenía que estar tres días quieto. Y no sabes qué decirle. No es tan fácil como en las películas, tener esa palabra mágica que le consuela”

María fue la primera en enfermar. En aquellos primeros días de marzo de 2020, cuidó a su madre en el box de urgencia de un hospital durante tres días al lado de una mujer enferma de neumonía. Luego estuvo visitándola en una residencia de mayores de Leganés. La residencia acogía a 266 residentes. En aquel primer periodo de la pandemia perdieron la vida 96. La madre de María fue una de las primeras fallecidas. María, ya enferma, no pudo ir al entierro. “No soy fuerte, estoy tomando antidepresivos. Empecé con lo de mi madre, porque no fue fácil. Fue también una persona superfuerte que empezó con alzhéimer. Es muy duro, muy duro. Cuando quieres a una persona y la ves deteriorarse... Y luego esto no me ha ayudado mucho. Pero hay que vivirlo, son las personas que más quieres. Y tienes que hacerlo”, afirma.

Algunas de las pastillas que toma Manuel, también han sido recetadas por Psiquiatría para hacer frente a otra secuela: el síndrome postraumático. Durante semanas y meses se despertaba aterrorizado en la madrugada, pensando que seguía en la UCI.

Este reportaje cuenta la vida de María y Manuel después de diez mil pastillas y un paseo con muletas por el parque.

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