Sábado, 27 de Noviembre de 2021

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Leviatán

"Que se hable de salud mental sólo cuando criaturas excepcionales pierden el rumbo es el espejo en el que se mira, regocijado, el miserable 2 por ciento del gasto público que los países destinan para combatir a este Leviatán"

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Una investigación canadiense demostró que la prevalencia de estrés postraumático, ansiedad y depresión fue, en 2020, cinco, cuatro y tres veces más frecuente de lo que suele reportar la Organización Mundial de la Salud. La salud mental es una catástrofe en cámara lenta, empeoró con la pandemia, pero casi no aparece en la conversación pública. Saltó a las portadas cuando la gimnasta Simone Biles se retiró de la final de las Olimpíadas porque “no me estoy divirtiendo. Quiero concentrarme en mi bienestar”. Después, la tenista japonesa Naomi Osaka abandonó el tenis por un tiempo puesto que “cuando gano no me siento feliz. Me siento más bien como aliviada. Y cuando pierdo me siento muy triste. No creo que sea normal’'. Titulares como “Simone Biles y la importancia de la salud mental” o “Naomi Osaka prioriza la salud mental” dieron la vuelta al mundo. Poco después, el tema desapareció. No sé si el deporte, la escritura, o cualquier arte llevado al extremo tienen algo que ver con el “bienestar” o la “diversión”. Basta leer Open, la biografía del tenista Andre Agassi, para entender que se puede odiar y amar lo que se hace. A cierta altura sobre el nivel del mar nadie es “normal”. ¿Se “divertía” Nadia Comaneci? ¿Experimentó “bienestar” Mozart después de componer el Requiem? La relación entre un devoto y su obra es compleja. Hay momentos de vacío y parte del asunto consiste en combatir el desánimo. Los atletas de alto rendimiento están sobreexpuestos, Biles fue abusada por Larry Nassar, el médico del equipo de gimnasia norteamericano condenado a 60 años de prisión por abusar de 100 deportistas, y la infelicidad no debería ser el precio a pagar por ser hermanas de los dioses. Pero que se hable de salud mental sólo cuando criaturas excepcionales pierden el rumbo es el espejo en el que se mira, regocijado, el miserable 2 por ciento del gasto público que los países destinan para combatir a este Leviatán.

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