Sábado, 04 de Diciembre de 2021

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El Barça se atasca contra el Benfica y jugará una final contra el Bayern en Múnich

Un empate ante el conjunto lisboeta (0-0) deja al Barça con la difícil tesitura de jugarse el pase contra el Bayern de Múnich en Alemania

Gavi peleando el balón contra los futbolistas del Benfica

Gavi peleando el balón contra los futbolistas del Benfica / Getty Images

El Barça empata contra el Benfica (0-0) en un partido que evidenció la falta de pegada de los culés, obligándoles a jugarse el pase a octavos en Múnich ante el Bayern de Nagelsmann.

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El Barça lleva demasiado tiempo viviendo en la cuerda floja, y eso es algo que no va a cambiar en un futuro cercano por mucho que Xavi Hernández quiera hacer funambulismo. Esa forma de aguantar en la cuerda floja exige tomar riesgos para salir, y el nuevo inquilino del banquillo sabe adonde mirar para arriesgar. Como si fuera Cruyff, el técnico catalán apostó por un llamativo 1-3-4-3, demostrando claramente sus intenciones en un partido vital para la economía y el proyecto del club: ante el Benfica daba igual lo que pasase, porque pasaría según lo que había hecho al Barça grande.

Si bien la calidad de Nico González y Gavi (que hoy estaban custodiando a Memphis Depay desde la mediapunta) hacían que el control y los acercamientos al área cayesen por su propio peso, era evidente que la tensión por un buen resultado estaba ahí. Ter Stegen, que no está cuajando su mejor temporada aunque poco a poco va volviendo a su nivel, falló en salida de balón, poniendo en bandeja una ocasión a Yaremchuk que por poco estrena el marcador. El Benfica sabía perfectamente que su partido era ese, jugando más con las necesidades del Barça que con las suyas. Si llegaban con vida a la segunda parte, iban a tener su oportunidad, y los de Xavi Hernández tenían que evitarlo como fuera.

Nico y Gavi, con el descaro propio de la juventud y con la consciencia de un veterano sobre lo que estaba en juego, eran los que mejor interpretaban lo que quería Xavi de sus futbolistas. Sus acciones individuales, simples para ellos pero inalcanzables para el resto, hacían que el colectivo funcionase en ataque. En una de esas jugadas individuales llegó una ocasión de Jordi Alba, que pese a no acabar en gol por una buena parada Vlachodimos, levantó al Camp Nou. Los problemas llegaban cuando Nico y Gavi, por aquello de no poder multiplicarse, no aparecían en todos los lados.

En defensa, con el esquema de tres centrales, ya fuese por los nervios o por la falta de confianza, el equipo no funcionaba. Yaremchuk, el único delantero de los portugueses, traía dolores de cabeza a los zagueros, siendo Araújo el único capaz de achicar agua. Con esas malas sensaciones llegaron dos acciones que pudieron acabar con la moral del Barça, pero ya fuese por Ter Stegen o por la suerte, el marcador se mantenía a cero. Tras verle las orejas al lobo, el Barça bajó los brazos pese a que estuvo cerca de irse ganando al descanso por una acción brillante de Demir, que acabó dándole al larguero.

La vuelta de los vestuarios no le favoreció al Barça. Aunque la grada se volvió a enchufar tras aquella opción de Demir al filo del entretiempo, el equipo de Xavi Hernández no se lo acababa de creer y el tiempo seguía corriendo. La desesperación se iba apoderando de los culés, cayendo poco a poco en la trampa del Benfica. La entrada de Darwin Núñez, verdugo del por entonces equipo de Koeman en Da Luz, ponía todas las cartas lisboetas encima de la mesa. Quedaba más de media hora y el Barça ya había sufrido demasiado.

Ante una moral que iba a la baja, Xavi decidió despertar a los suyos con la salida Dembélé. Si bien era la muestra de que cualquier tiempo pasado fue mejor, reconfortaba ver al público del Camp Nou jaleando a los suyos, aumentando los decibelios la entrada del francés. El extremo, con su imprevisibilidad por bandera, agitó el partido dando una variante al atascado ataque posicional barcelonista. Sus conducciones por la derecha inclinaron el campo hacia la portería de Vlachodimos, y el gol se estaba rondando.

Pese a que el peligro llegaba por centros laterales ante una defensa bien plantada, Jordi Alba tuvo la frialdad necesaria como para romper al Benfica con un pase antológico mientras salía la zaga, poniendo a Araújo en una situación idónea para marcar. El uruguayo no falló, haciendo que el Camp Nou estallase en júbilo. Aunque, como viene siendo norma en el feudo blaugrana en los últimos tiempos, la alegría no dura demasiado. El linier levantó el banderín y el VAR lo corroboró: Araújo estaba en fuera de juego.

El encuentro finalizó con el Barça consciente de que el tren había pasado, intentándolo con poca fe. En un contragolpe, Seferovic libró a los azulgranas de una derrota con uno de los fallos de la temporada, salvándose así de una situación peor para la última jornada. Con el pitido final, todo seguía prácticamente igual, ya que el Barça seguía dependiendo de sí mismo para pasar a octavos. Aun de esta forma, el problema era que ese "depender de sí mismos" tenía letra pequeña, ya que implicaba ganar en Alemania al Bayern. Si no se llevaban los tres puntos, habría que esperar al resultado del Benfica contra el Dinamo de Kiev en Lisboa. Por tanto, Xavi no puede estar del todo descontento... aunque el tiempo se echa encima para prepararse a hacer la machada de ganar en Baviera y no tienen demasiadas papeletas.

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