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Yukio Mishima, la historia reciente de Japón a través de sus ojos

Lo primero que debería mencionar, y que debo admitir que yo ni sabía hasta ponerme a escribir esta sección, es que Mishima era un pseudónimo: en realidad se llamaba Kimitake Hiraoka

Yukio Mishima, último protagonista de la sección de Victor Lloret en Si Amanece nos vamos / GETTY IMAGES

Al haber nacido en 1925, es inevitable que una de las cosas que más afectaran a Yukio fuese la Segunda Guerra Mundial, en la que su país se vio involucrado cuando el era un adolescente. Pero antes de eso, ya tuvo una infancia bastante colorida. Digamos que la educación del joven Yukio no creo que ayudase mucho a su futura sanidad mental.

Era descendiente de la nobleza japonesa, y su abuela le inculcó un gran respeto por el Japón tradicional. Y sí, digo su abuela porque fue ella que lo tuvo a su cuidado hasta los 12 años. El plan educativo de su abuela su fundametaba en no permitir que jugase a ningún deporte, que jugara con otros niños o que estuviese expuesto al sol. A los 12 años volvió a la casa de sus padres y su padre digamos que tenía un punto de vista igualmente duro, pero con otros matices: el creía en la formación militar de los niños.

Su hijo ya mostraba una inclinación por escribir historias, de hecho se inventó su pseudónimo a los 16 años, pero su padre veía esto como una actividad feminizante que debía ser cortada sin contemplaciones, así que hacia visitas sorpresa a la habitación de su hijo y destruía sus manuscritos.

La madre era mucho más comprensiva. Cuando su hijo empezó a escribir en secreto, a escondidas del padre, le enseñaba a su madre sus esfuerzos. En la literatura, como en su infancia, también tuvo dos fuerzas que tiraban de él contradictoriamente: la literatura tradicional japonesa y la occidental. Lo que sí que tenía claro es que quería ser escritor, y también era evidente que tenía un talento prodigioso para la escritura.

Tanto es así que a los 16 una revista muy prestigiosa publicó un relato suyo. De hecho fue para publicar este relato que se inventó el pseudónimo, para que no llegar a oídos de su padre que estaba no solo escribiendo, sino publicando. Y ese podría haber sido el único texto publicado de Mishima, si no fuese por un giro indeseado para él pero muy celebrado por sus padres: que no fuese a luchar a la segunda guerra mundial.

Cuando la llamaron a filas, fue a hacer la revisión médica, pero se dio la circunstancia que la hizo con gripe, y lo diagnosticaron erróneamente como tuberculoso. Esto fue a principios de 1945, cuando la guerra estaba ya muy complicada para Japón. El batallón en el que tendría que haberse incorporado Mishima fue destinado a las Filipinas, y la práctica totalidad de sus integrantes murieron ahí.

Pero este hecho de no haber podido luchar y lo de haber sido catalogado como físicamente incapaz tuvieron efectos duraderos en el escritor, que se convirtió en una persona obsesionada con la forma física y el culturismo. Otro incidente que le marcó de la guerra fue que su mentor, Zenmei Hasuda, mató a un oficial superior por criticar al emperador y se pegó un tiro después.

Esta identificación del emperador con Japón y con su pasado fue un elemento clave en el final del propio Mishima, como también lo fue la idea del suicidio como una muerte honorable en según que circunstancias. Recordemos que la estrategia bélica de Japón, sobre todo hacia el final de la guerra, contemplaba como lícito y honorable el uso de pilotos suicidas, los conocidos como kamikazes. Una palabra que recordemos que quiere decir “viento divino”.

Mishima tampoco se tomó nada bien la ocupación y depuración que llevaron a cabo los norteamericanos. Muchos de los colegas y profesores que habían sido sus primeros padrinos literarios fueron censurados y catalogados como criminales de guerra literarios.

Otros se inclinaron hacia posturas de izquierda, algo que a Yukio le costaba aceptar, particularmente porque este posicionamiento político también comportaba un nuevo estilo literario, más realista, y alejado del estilo más tradicional de sus propios escritos. Pero no tendría que haberse preocupado mucho, porque sus escritos tuvieron un éxito inmediato.

Sobre todo cuando se publicó su novela “La máscara”, que narraba la vida de un joven homosexual que debe disimular su inclinación sexual ante la sociedad. Que era lo mismo que le pasaba al propio Yukio, añadiendo otro elemento de tensión interior en la caldera. En su primera novela, por cierto, Mishima había tratado el caso de dos jóvenes aristócratas fascinados con el suicidio, otro tema que tendría una presencia constante en el imaginario del autor.

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