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Lunes, 18 de Noviembre de 2019

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Trashorras, incapaz de concretar si enseñó la finca de Morata antes de los atentados a la Guardia Civil

El ex minero, acusado de proporcionar el explosivo a los terroristas, niega de nuevo su relación con ETA y su implicación en los atentados de 2004

El ex minero José Emilio Suárez Trashorras ha incurrido hoy en múltiples contradicciones durante la octava sesión del juicio del 11-M, segunda jornada de su declaración. El asturiano ha afirmado que días antes de los atentados, el 27 de febrero de 2004, mostró a la policía, atendiendo a su labor como confidente, el lugar donde se encontraba la finca de Morata de Tajuña (Chinchón, Madrid) en la que según la investigación se prepararon los explosivos utilizados en la masacre. Sin embargo, posteriormente ha declarado que, en realidad, cuando acompañó a los agentes a la finca de Morata fue el 17 de marzo de 2004. Asimismo, ayer declaró que el día 26 de febrero llegó a Madrid de su viaje de novios y que partió al día siguiente, 27, hacia Asturias.

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Trashorras, para quien la Fiscalía de la Audiencia Nacional solicita 38.670 años de cárcel por su implicación en el 11-M, ha insistido en que él jamás traficó con explosivos, pese a reconocer que la venta ilegal de estos materiales es algo que todo el mundo conoce en Asturias y que hay mineros corruptos, "al igual que se puede sobornar a un juez o a un fiscal".

Sobre su visita con la Policía a Morata el 27 de febrero, uno de los abogados le ha preguntado si no se refería con ello al mes de marzo, a lo que Trashorras ha insistido que no, que acudió con los agentes en febrero. En dicha ocasión no llegaron hasta la propia finca, porque él se perdió, pero sí indicó desde un sitio cercano la zona donde ésta se encontraba. En otro momento de su declaración, Trashorras ha asegurado que esta visita fue el 17 de marzo. Ayer, sin embargo, declaró que visitó dicho lugar con su mujer al regreso de su viaje de novios el 26 de febrero de 2004, para regresar a Asturias al día siguiente.

Implicar a los moros

El ex minero ha denunciado que, tras el 11-M, la Policía le pidió implicar a "los moros", entre ellos al procesado como autor material Jamal Zougam, a cambio de que tanto él como su ex esposa, la también procesada Carmen Toro, fueran declarados testigos protegidos en la investigación. El inspector jefe de la Policía de Avilés, Manuel García, 'Manolón', también ofreció supuestamente a su mujer un puesto de trabajo en El Corte Inglés en diciembre de 2003, a cambio de su colaboración "y otro tipo de compensaciones" que no quiso concretar.

Según la versión de Trashorras, su ex cuñado Antonio Toro le implicó a él en el tráfico de explosivos porque por la época de los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid no se llevaban bien. La realmente implicada, según Trashorras, es una persona "fugada en el Caribe, que está en tratos con la Guardia Civil para no venir a España".

"No me afectó"

Suárez Trashorras ha insistido en que su mujer no sabía nada de sus actividades ilegales, ni siquiera cuando en febrero de 2003 viajaron ambos a Madrid en coche junto a Jamal Ahmidan, 'El Chino', uno de los siete suicidas de Leganés (Madrid)- "porque ella iba detrás y había música" cuando ambos hablaban sobre sus negocios de hachís. Del resto de personas que se suicidaron sólo conoció a Mohamed Oulad.

El ex minero ha explicado también que tras los atentados de Madrid no estaba especialmente nervioso, sino que, como ya declaró en su día su ex esposa, él es una persona nerviosa y el 11-M no le afectó "para nada", porque además "desde el primer momento se supo que era ETA". Sobre Ahmidan, con quien mantenía negocios de hachís, ha negado haber dicho tras la masacre "menuda la armó 'Mowgli" en referencia a Ahmidan, al que no consideraba integrista, porque "disfrutaba de la vida occidental. Estuve con él con prostitutas, poniéndome cocaína", ha señalado en otro momento de su declaración.

Sobre Rafa Zouhier -a quien la Fiscalía considera intermediario entre los terroristas y la trama asturiana-, ha señalado que se lo presentó su cuñado, Antonio Toro y que fue el confidente policial Javier Lavandera el que trató de sobornarle para que sacara explosivos de Mina Conchita, pero nunca trató de ponerlo en práctica, si bien conoce que existen mineros corruptos "porque corruptos los hay en todos los lados". Añadió que en Asturias hay un mercado negro de explosivos que se utilizan para pesca furtiva, voladuras, fiestas y otras cosas, "y eso lo sabe todo el mundo donde hay explotaciones mineras".

Sin relación con ETA

A preguntas de la abogada de la Asociación Víctimas de Terrorismo (AVT), ha relatado que un miembro de CNI le interrogó en la comisaría de Asturias junto a otros policías, entre ellos 'Manolón', que fue quien informó a sus superiores de su relación "con los moros". Gracias a esta relación y a su labor como confidente policial, Trashorras logró sacar a su cuñado de la cárcel en 2002., según ha explicado.

Sobre lo que dijo a la Policía Nacional de la relación del confidente Lavandera con "vascos" para obtener dinamita, Suárez Trashorras ha recordado hoy que conoció a este confidente en 2001, cuando se lo presentó una prostituta y que le contó a la Policía que éste se relacionaba con "vascos", no con miembros de ETA".

También ha negado relación alguna con los dos etarras procesados por poner un coche-bomba en el aparcamiento de Santander en diciembre de 2002, siendo este coche sustraído por ETA en una calle de Avilés. "Todo eso es un bulo" y ha añadido que tampoco tuvo relación nunca con 'Terra Lliure' y que desconocía que había etarras ingresados en el mismo módulo que él ocupó en la prisión de Villabona (Asturias).

Trashorras también ha negado haber acudido a Mina Conchita para hacerse con explosivos en la noche de 28 al 29 de febrero, tal y como le acusa la Fiscalía: "Esa noche no estuve en casa con mi esposa, pero no le voy a explicar mi vida íntima", ha espetado al letrado que se interesó por este punto.

Mina Conchita

En cuanto a la sustracción de explosivos en Mina Conchita, ha explicado que es imposible que se distrajera la cantidad que dice la Fiscalía porque se trabaja por metros, a los que corresponden unos detonadores o explosivos concretos, y se puede distraer como mucho un cartucho a la semana por cuadrilla. Ha añadido que en la mina se reciben 300 kilos por semana, y si los mineros no lo utilizan queda reflejado en sus nóminas.

El presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez, le ha preguntado entonces cómo es posible que exista un tráfico generalizado de explosivos si sólo se puede distraer un cartucho a la semana, a lo que Trashorras ha contestado que para la pesca ilegal y las fiestas se precisa muy poca cantidad de dinamita.

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