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Miércoles, 18 de Septiembre de 2019

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La historia de un festival olvidado, la Isla de Wight

Hace más de cuarenta años se celebró la primera edición de festival europeo que daría la réplica a Woodstock del verano del amor

Neil Young durante su actuación en el festival en 2009 /

En el Olimpo de los grandes momentos musicales destacan marcos y paisajes rodeados de un aura especial, escenarios míticos. Woodstock, Monterey, Montreux, Glastonbury o Roskilde. Entre los grandes pocas veces se nombra a uno de los más emblemáticos, la Isla de Wight (Inglaterra). Se acaba de editar por primera vez la actuación de Leonard Cohen en la isla. Un directo a las dos de la madrugada seguido por más de medio millón de personas.

El festival original se celebró de 1968 al verano de 1970 en la isla que da nombre al evento, venía a ser el Woodstock europeo y alcanzó un mayor aforo. Sería un festival de vanguardia musical en una Europa en la que los jóvenes empezaban a alzar la voz. El Papa Pablo VI publicaba ese año una encíclica en contra del uso de los preservativos, Francia vivía su mayo universitario, en Inglaterra los Beatles publicaban su White Album y se precipita el final de la década que intentó cambiar el mundo.

Entre el asesinato de Martin Luther King, la matanza de My Lai en Vietnam y la primavera de Praga, se colaba un evento festivo que proclamaba la paz en Europa. Un festival diferente. Acababa agosto y diez mil personas reunían para ver las actuaciones de Jefferson Airplane, Arthur Brown, The Move, Tyrannosaurus Rex o Plastic Penny.

Un año después, y dos semanas más tarde que el festival de Woodstock, arrancaba la segunda edición con 300.000 asistentes. El incremento del aforo se debió al regreso de Bob Dylan a Inglaterra después de unos años retirado por un accidente de moto. El cantante, acompañado de The Band, fue el gran reclamo del cartel de una edición que completaban The Who, Joe Cocker, que venían de actuar en Woodstock, The Nice o Tom Paxton.

Pero todo lo bueno se acaba, y todo lo que se acaba termina por algo. En la edición de 1970 el aforo se desbordó, se colaron miles de personas y el recinto reboso. Las autoridades no podían garantizar la seguridad ni el abastecimiento. Entre 600.000 oficiales y unos 800.000 calculados, asistieron al festival. Hubo saqueos, trifulcas, asaltos al comercio en una isla cuya población, por aquellos años, apenas superaba el centenar de miles. Tras esta edición no se volvería a celebrar un festival en la isla en más de treinta años.

La culpa fue de Jimmy Hendrix, el primero en confirmar su asistencia apenas tres semanas antes de su muerte, pero Hendrix no fue solo, convenció a unos cuantos amigos. Fueron cinco días de música. Las primeras jornadas contaron con gente como Judas Jump, Kathy Smith, Rosalie Sorrels, o Kris Kristofferson. Supertramp, con su disco debut, Gilberto Gil o Chicago fueron abriendo el festival hasta la llegada del fin de semana.

El sábado estaba completo, Miles Davis, Joni Mitchell, The Doors, The Who o Ten Years After, ponían su sonido en la isla. El domingo era el día esperado, casi veinte horas de conciertos con las actuaciones de Donovan, Jethro Tull, Jimmy Hendrix, Joan Baez, y el mencionado cierre nocturno de Leonard Cohen.

En el siglo XXI la música volvió a la isla, grandes grupos devolvían el rock a Wight. Rolling Stones, Neil Young, U2, Coldplay, The Kooks o The Police. En 2006 se le otorgaba el premio a Mejor Festival Británico. Buena organización, grandes bandas, patrocinio de marcas y beneficios considerables, la Isla de Wight era un éxito, pero ya no era lo mismo.

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