El ciudadano rehén
Los estudiosos de la gestión pública llevan tiempo predicando que el futuro es el paradigma del ciudadano-cliente. Además de ciudadanos activos que participamos en la vida pública, queremos ser tratados como clientes satisfechos por la calidad recibida. La realidad les desmiente y supera. El paradigma emergente es el "Ciudadano-rehén".Sigue a Antón Losada en Twitter .
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Funciona así: al cliente se le toma como rehén, para que el ciudadano se enoje y presione al Gobierno de turno para que pague el rescate al secuestrador. Se nos colapsa como clientes cortando por sorpresa el servicio, o atosigándonos con la amenaza de males aún mayores. Luego se hace escalar la tensión para activar al ciudadano que todos llevamos dentro y hacernos pasar por las conocidas fases del cabreo ciudadano. Empezamos por pedir mano dura y que rueden cabezas. Luego pasamos a la equidistancia y a exigir que se arregle cómo sea. El cansancio por el conflicto nos lleva a culpar de todo al gobierno por no saber arreglarlo y finalmente el gobierno corre a actuar con lo primero que parezca una solución.
Así lo hacen las multinacionales cuando amenazan con deslocalizarse, la banca cuando advierte que la quiebra del sistema financiero se puede comer nuestros ahorros, o las constructoras o el sector del automóvil cuando amenaza con despidos. Lo hacen y funciona ¿Por qué no iban a intentarlo los controladores? ¿O los pilotos? Que además tienen experiencia. A eso, sumen un panorama donde para tantos todo vale para desquiciar y desgastar al Gobierno. Tendrán el escenario idóneo para la huelga salvaje perfecta.
Somos rehenes en un secuestro. No lo olviden. Como en las películas. es importante mantener la cabeza fría, no dejarse llevar por el pánico o la indignación y ayudar a nuestro negociador para que actúe con inteligencia y logre que secuestrador deponga su actitud, no que nos libere a cambio de un rescate.




