Lunes, 27 de Junio de 2022

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Reportaje:HACIA UNA NUEVA LIBIA

Una revuelta enquistada con un futuro lleno de incógnitas

La estructura tribal del país, la integración de los leales al régimen depuesto, la lucha por la riqueza petrolífera y el ascenso de grupos islámicos pueden complicar una salida pacífica y democrática

Muamar el Gadafi ha sido asesinado tras cuarenta y dos años asentado en el poder. Años en los que ha pasado de ser un peligro para Occidente por varios ataques terroristas a un socio preferente recibido con honores por la situación geoestratégica del crudo libio. Reprimió a sangre y fuego a su pueblo y controló a los grupos islámicos, temidos al otro lado lado del Mediterráneo. Tras ocho meses de cruentos combates, la fuerza y el espíritu de la 'Primavera árabe' ha acabado con su tiranía, pero la nueva Libia empieza a caminar con más preguntas que respuestas.

El 17 de febrero, cuando los primeros libios salieron a reclamar sus derechos en Bengasi, todo el mundo miró atónito como las revoluciones árabes progresaban a un ritmo vertiginoso, se extendían de país a país y acababan con sus acomodados sátrapas. Túnez y Egipto habían encabezado un movimiento que no tenía visos de detenerse y los pueblos árabes querían luchar por algo tan común en Occidente como la libertad, la dignidad y la justicia. Países sumamente ricos que mantenían a su población en condiciones de pobreza, desigualdad y bajo una seguridad arbitraria. Pero Libia no era como sus vecinos y el conflicto se enquistó. Muchos pensaron que el país se convertiría en una nueva Somalia, en otro estado fallido. Un país, dividido en tribus y clanes con intereses propios, se adentraba en una guerra civil donde los manifestantes pacíficos pasaron a ser rebeldes alzados en armas.

En una decisión, casi sin precedentes, en el mundo de las relaciones institucionales y la diplomacia internacional el Consejo de Seguridad de la ONU dio luz verde para intervenir en el país africano. Sería una operación de exclusión aérea y para el embargo de armas, sin la actuación de fuerzas terrestres, aleccionados de las misiones fallidas de Irak y Afganistán. Los rebeldes avanzaron al ritmo de los bombardeos de la OTAN, que le abrieron camino justo en el momento en que se veían de nuevo acorralados en Bengasi, capital del alzamiento. Fueron tomando posiciones en enclaves como Ajdabiya, Ras Lanuf, Brega o Misrata, sin llegar a la capital ni poder ganar la guerra psicológica al arrebatarle a Gadafi el poder de su ciudad natal, Sirte. Los rebeldes avanzaban mientras la comunidad internacional daba la bienvenida y reconocía al Consejo Nacional de Transición como legítimo interlocutor del pueblo libio. En agosto, 'las ratas', como denominaba el dictador a los rebeldes, entraron en Trípoli y el día 23 tomaron su palacio, símbolo de la lucha anticolonial y antimperialista de Gadafi, desde donde tantas veces había arengado a sus seguidores para mantener la lucha. De ahí siguieron su camino hasta Bani Walid y llegaron a Sirte. Tras más de 15 días de asedio y un desgaste considerable en su credibilidad, Gadafi ha caído.

Pero... ¿qué ocurre a partir de ahora?

Sin embargo, el futuro de Libia es una incógnita. Salen de un régimen sanguinario y los rebeldes admiten que necesitan ayuda para externa para reconstruir un país destrozado. "Libia es un país rico pero no hay nada sobre el terreno", reconocía un alzado tras la conquista de Trípoli. Es el país con mayores reservas de petróleo de África, que están casi paralizadas, pese al restablecimiento de las exportaciones con algunos países en estos últimos meses. Libia es un país sin estructuras sociales. No ha contado con partidos políticos, asociaciones sociales o sindicatos, solo organizaciones religiosas, vigiladas y reprimidas de cerca por el sátrapa más excéntrico. Gadafi consiguió gobernar con el beneplácito de un acuerdo tácito de tribus y clanes, que no se han manifestado sobre sus aspiraciones en nueva Libia. El nuevo gobierno deberá integrar a grupos del antiguo régimen, minimizando el afán de venganza, habrá de contar con las minorías y tendrá que decidir cuál es el papel de los islamistas.

El Consejo Nacional de Transición ya ha manifestado que la sharia será la principial fuente de inspiración en la nueva Constitución, aunque aseguran que respetarán a todos los grupos. Libia empezará de cero. Mientras Túnez y Egipto han decidido llevar a cabo una transición democrática y moderada, Trípoli carece de un Ejército y unas fuerzas de seguridad instruidas para convencer a la población de que debe devolver todas las armas. Muchos rebeldes serán nuevos polícias, pero Libia se enfrente a un complicado desarme y una lucha social y política en la que no se descarta que se derrame más sangre. Una apertura del sistema político debe perseguir una reducción de los niveles de radicalización yihadista, que unidos al peligro de la cercanía de Al Qaeda en el Magreb Islámico y el descontento en las aspiraciones de muchos jóvenes, pueden poner en aprieto el destino del país.

Las dos caras visibles del Consejo Nacional de Transición están llamadas a liderar este proceso regenerador. Su presidente, Mustafa Abdul Jalil, ministro de Justicia que desertó del régimen de Gadafi al comienzo de la revuelta, ha demostrado mano dura para evitar una radicalización rebelde y su carácter moderado y conservador, anunciando a su llegada a Trípoli un proceso de reconciliación, conciliador, democrático y regido por un islam moderado. En un país donde todo está por hacer, goza de más apoyos que su segundo, el primer ministro Mahmud Jibril. El tecnócrata, que también sirvió al régimen de Gadafi, ha liderado las negociaciones y reuniones con los líderes internacionales. Experto en ciencias políticas y economía, estudió en EEUU, apuesta por la unidad del país, intenta disipar en Occidente los miedos a una deriva islamista radical y predica que solo ayudará al proceso de transición pero que no aspira a liderar al país tras las hipotéticas elecciones en 2012. Los rebeldes han luchado y se han jugado sus vidas en este sanguinario primer paso, pero deben avanzar a un gobierno democrático, conciliador, que deponga las armas y coloque las urnas para que los ciudadanos, construyan un futuro libre, justo y digno, alejado de la venganza y la separación.

Mahmud Jibril: "Anunciamos al mundo que Gadafi ha muerto"

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