Internacional

Gadafi muere en Sirte a manos de los rebeldes

En uno de los discursos que pronunció durante la guerra ya dijo que no se iría de Libia y que moriría allí "como un mártir"

El coronel Muamar Gadafi, que gobernó Libia durante 42 años, ha muerto este jueves defendiendo un régimen totalitario y represivo que tocó a su fin el pasado 23 de agosto, con la toma de Trípoli por parte de las fuerzas que se crearon para derrocar al dirigente por haber aplastado las protestas antigubernamentales de febrero.

Ataudes yacen sobre el suelo afuera de la morgue del hospital de Ajdabiya, al este de Libia

Ataudes yacen sobre el suelo afuera de la morgue del hospital de Ajdabiya, al este de Libia

El presidente español José María Aznar  a su llegada al hotel de Trípoli donde se reunió con su colega libio, Muamar El Gadafi, para asistir a la cena que en ese mismo lugar ofreció Gadafi al presidente del Gobierno español, quien visitó Libia siendo el p

El presidente español José María Aznar a su llegada al hotel de Trípoli donde se reunió con su colega libio, Muamar El Gadafi, para asistir a la cena que en ese mismo lugar ofreció Gadafi al presidente del Gobierno español, quien visitó Libia siendo el p

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Gadafi, conocido en todo el mundo por su excentricidades -como su equipo de exóticas mujeres guardaespaldas o las jaimas que montaba en sus visitas oficiales a otros países-, huyó de la capital cuando comprobó que las fuerzas rebeldes se estaban acercando. No había rastro de él, y algunos dijeron que se ocultaba en una zona desértica del sur del país.

El exlíder libio ha fallecido el mismo día en que las fuerzas del Consejo Nacional de Transición (CNT) -el Gobierno interino formado por los sublevados- han anunciado la toma de las últimas posiciones que estaban en manos de los ''gadafistas'' en Sirte, ciudad natal del dictador.

Gadafi tenía un carisma que, al menos al principio de su régimen, le granjeó el apoyo de muchos ciudadanos libios. Su disposición a enfrentarse a las potencias occidentales y a Israel, tanto verbalmente como con acciones, le hizo ganar un cierto prestigio en otros Estados árabes donde la gente consideraba a sus gobernantes demasiado abúlicos.

Aunque en países como Túnez y Egipto las revoluciones llevadas a cabo por sus ciudadanos provocaron la caída de sus respectivos regímenes con bastante rapidez, en el caso de Libia no fue así, y comenzó un conflicto en el que acabaron interviniendo varios países, luego comandados por la OTAN, para proteger a la población libia de los ataques de las fuerzas gubernamentales.

Férreo control

Durante la mayor parte de los 42 años que duró el régimen, Gadafi ocupó una posición importante en la galería de ''villanos'' del mundo. Mantenía un férreo control sobre el país eliminando a los disidentes y negándose a designar a un sucesor.

El ''Guía de la Revolución'', que tomó el poder en 1969 mediante un golpe de Estado militar, consiguió mejorar la relación de su Gobierno con Occidente en 2003 al renunciar a su programa para fabricar armas de destrucción masiva a cambio de la suspensión de las sanciones que le habían impuesto.

Sus días estaban contados a partir del momento en que usó sus armas contra los manifestantes y ordenó al Ejército que limpiase la ciudad de Benghazi en febrero, lo que llevó a la comunidad internacional a iniciar una campaña de bombardeos aéreos en Libia, con la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU, que favoreció a las fuerzas rebeldes.

El Tribunal Penal Internacional emitió órdenes de arresto contra el líder libio, su hijo Saif al Islam y el antiguo jefe de los servicios de Inteligencia Abdala al Senussi por haber planeado la represión violenta de la revuelta, que comenzó en el este del país.

Cientos de manifestantes murieron abatidos a tiros por las fuerzas gubernamentales y, ya iniciada la guerra civil, mientras las fuerzas ''gadafistas'' avanzaban hacia Benghazi, advirtió a los rebeldes de que no tendría "piedad ni compasión". Afirmó que iba a perseguirlos y atraparlos "callejón por callejón, casa por casa, habitación por habitación".

Uno de los ataques de la OTAN acabó con la vida del hijo menor de Gadafi, Saif al Arab, y tres de sus nietos, pero ésa no fue la primera vez que los países occidentales causaban la muerte de un miembro de su familia.

El expresidente estadounidense Ronald Reagan describió a Gadafi como un "perro loco" y envió a Libia aviones de guerra que bombardearon el complejo militar de Bab al Aziziya (en Trípoli), su base principal, en 1986, después de un atentado con bomba perpetrado en una discoteca de Berlín Occidental del que Reagan culpó a agentes libios.

"Morir aquí, como un mártir"

El líder libio usó el edificio bombardeado entonces, que durante 25 años no fue reparado, para pronunciar uno de los primeros discursos que dio durante la guerra. Gadafi dijo que la rebelión la habían llevado a cabo "ratas y mercenarios" que estaban bajo la influencia de drogas alucinógenas que echaban en el café y a quienes el entonces líder de Al Qaeda, Usama bin Laden, había lavado el cerebro.

A medida que pasaban las semanas, surgían rumores de que el dirigente había muerto o resultado herido en los ataques de la OTAN. Para desmentirlo, aparecía de vez en cuando hablando en televisión, aunque sus últimos discursos fueron difundidos sin imágenes, probablemente para no dar pistas sobre su paradero. En uno de esos mensajes afirmó: "No voy a dejar esta tierra, moriré aquí, como un mártir".

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