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Martes, 20 de Agosto de 2019

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En la antigüedad, hace 14 años

La visión de Severino Donate del I Congreso Nacional Joven y en Red en el Día Internacional de Internet Seguro

"En la antigüedad -o sea, hace catorce años, cuando Carmen todavía no había nacido y sus padres andaban de novios o algo así- no usaban las redes sociales". Las cámaras presentes pueden dar fe de que así lo ha dicho delante de mil chavales (gentes del presente de entre once y dieciséis años). Han venido desde todos los rincones con el encomiable propósito de hablarles cara a cara a los antiguos. "En la antigüedad, las teocracias asignaban a cada día del calendario la celebración de la vida y obra de sus santas y santos. Así, todos los siete de febrero, las naciones católicas hacían alabanzas a San Teodoro de Heraclea, San Tobías, San Lusca el Joven, San Nirvano, San Ricardo...

La sociedad actual es más proclive a los días internacionales de todo tipo. Es el caso que este martes, 70 países celebran el Día Internacional de la Internet Segura. Aquí en España ha tomado la forma de congreso, el I Congreso Nacional Joven y en Red, organizado por el Centro de Seguridad en Internet para menores 'Protégeles'. La Comisión Europea, que está detrás de todo esto, ha elegido un lema más apropiado para señoras y señores de la antigüedad, "Conectando generaciones".

Al socavón generacional entre padres e hijos, nada nuevo bajo el sol, lo llaman ahora "brecha digital". De algo de eso han hablado los ponentes de once años. Ya saben, que si "mi padre solo sabe encender y apagar el ordenador", que si "he enseñado a mi madre a enviar 'whatsapps' y ahora no me deja en paz"... Cosas así se han oído, y relatos portentosos, como el de la abuela que ya sabe pasar fotos con el dedo índice en la pantalla táctil.

Qué dirían los antiguos si hubieran presenciado lo que yo he visto. Les cuento. Era ya media mañana, cuando alguien anunció la presencia en el auditorio del vicepresidente de la red social Tuenti. ¡Fue la apoteosis! Cómo gritaban los chavales, qué emoción. Querían tocarle, le reclamaban autógrafos y si no vi lágrimas en los ojos de los niños, fue porque también yo estaba turbado por la emoción y no me fijé bien.

Cuando todos conseguimos recuperar el aliento, regresamos a lo que nos había llevado allí. Los chavales se quejaron de la obstinada negativa de algunos "antiguos" a aprender, provocando sin pretenderlo el distanciamiento. Los padres, como no saben, no hablan; como no hablan, ni preguntan, no aprenden; como lo desconocen todo, les da miedo; el miedo les hace ver peligros que no existen y, en cambio, pasan de largo por los problemas reales.

Se han dicho muchas más cosas. Un montón. Pero hasta aquí llego yo. Para ustedes (antiguos y presentes), dejo el debate sobre las poderosas corrientes subterráneas de atracción y repulsión que azotan a padres e hijos desde muy, muy, muy antiguo. Por lo menos, catorce años.

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