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Lunes, 14 de Octubre de 2019

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El sarcófago de Babette

Proliferan los festivales de cine y gastronomía y las secciones gastronómicas dentro de los festivales de cine. La próxima, la de San Sebastián. Se trata de la segunda edición de “Culinary Zinema”, organizado en colaboración con la sección homóloga del Festival de Berlín. Este año, entre el 22 y el 28 de septiembre, se proyectarán largometrajes como  “Jerusalem on a plate”, de James Nutt (Reino Unido); “Comme un chef” de Daniel Cohen; “Les saveurs de palais”, de Christian Vincent, sobre la cocinera de Miterrand; “Entre les bras: Michel Bras, la herencia de la cocina” de Paul Lacoste y “Lupe el de la vaca” de la mexicana Blanca Aguerre, entre otros. Y, además, regresará la inevitable “El festín de Babette”, restaurada y digitalizada. Se estrenó en 1987 y, al año siguiente, obtuvo un Óscar a la mejor película extranjera. Es una de esas películas alabada por los entendidos por su sencillez e iluminación, melancólica, como la península danesa de Jutlandia, donde se rodó, y como la propia historia, basada en un relato con moraleja de Karen Blixen. Es el film que no falta cada vez que se hace un acto de gastronomía y cine, un clásico que resulta ser el favorito de cocineros como Ferran Adrià y que, inevitablemente, no deja de ser un pastel, con frases como: "Todas las noches me sentaré a cenar con usted, no con mi cuerpo, que eso no tiene importancia, sino con el alma, porque esta noche (tras una cena espectacular de cocina francesa servida en una casa puritana del norte de Dinamarca, donde el disfrute de la comida es pecaminoso) he aprendido que en este hermoso mundo nuestro todo es posible”. La película tiene, desde el punto de vista culinario, uno de los más sabrosos gazapos de la historia del cine, como el periodista gastronómico Pepe Barrena recoge en su último libro, Comer de cine. Se trata de la elaboración del plato estrella, en el que la cocinera, Babette, introduce unas codornices rellenas de foie gras y trufa completamente crudas en un volován de hojaldre. Milagrosamente, algunas secuencias más tarde saca la bandeja del horno con las codornices crujientes y el hojaldre en su punto. Son las codornices en sarcófago, el mismo del que sale esta película cada vez que hay que hablar de cocina y cine, en la que, para ejemplo o perjuicio, la chef, tras gastarse todo su dinero en una cena, clama: “Un artista nunca es pobre”.

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