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La normalidad democrática

vaca499 Lo normal, es decir, lo que se halla en su estado natural y que por ello sirve de norma o regla, a veces no lo es: solo lo parece. Por ejemplo, lo que comemos siempre sin pensar, más como un acto de costumbre que de reflexión. El desayuno parece imposible sin abrir un tetra brik de leche uperizada (UHT), un líquido que ni siquiera huele a leche. Y es que poco puede oler un producto que se somete a 150 grados centígrados. La justificación podría ser sanitaria pero realmente está en que así es más fácil conservar el producto y esto es importante, especialmente, para la industria y para la distribución alimentaria, más que para el consumidor. No obstante, la leche pasterizada también es salubre aunque la temperatura a la que se someta el producto sea de 72 grados. ¡Y la leche fresca! Esa sí que es natural... Lo normal, vamos, aunque no sea la norma. La mayor parte de los quesos se elaboran con leche pasterizada y su sabor difícilmente deja recuerdo. Una vez más, la salubridad podría ser la excusa, pero la justificación está más en los procesos de elaboración y distribución que en los riesgos del consumidor. El queso que mantiene el sabor del terruño y llega al espíritu es el que se elabora con leche cruda, pero estos son los que slo se encuentran en tiendas especiales, porque no son lo normal. También es normal abrir una lata de atún para ponerla con cualquier cosa, como si su contenido fuese una elaboración de cualquier ingrediente, un producto básico que se compra al mogollón a principio de mes en el súper. Pero el contenido procede de un pez salvaje, el atún, al que cada vez hay que cuidar más. El anuncio de “pan caliente” o “pan recién hecho” es cada vez más normal, pero nada tiene de normal. Las masas congeladas industriales se hornean en las tiendas y parece recién hecho. Las aceitunas con sabor al líquido de expedición y cuya carne perdió la tersura, una vez más, en la temperatura de la pasterización, también son ya las normales en un país olivarero como España. Empiezan a ganar su normalidad también los tranchetes, las masas de pizza que no son de pizza, los zumos de naranja industriales que poco saben al cítrico, etc. Y con normalidad comemos esta normalidad desde el desayuno, mientras tomamos un croissant industrial recalentado a la plancha y cuyo sabor responde a la negritud de la propia plancha. Con mantequilla y mermelada.   * Foto: Getty.

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