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Ferran Adrià, en directo

FerranAdrià500 Lo importante no es la foto en sí. Esa es la parte anecdótica del asunto. Quien solo vea una foto de Ferrán Adrià con una servidora es que no es capaz de ver más allá ni de leer entre líneas. Me dicen que parece que en la foto estoy emocionada y, de hecho, lo estoy. La persona a la que más idolatro del mundo, Ferrán Adrià, está a mi lado. No es para nada una idolatría gratuita, infantil. Sí, idolatro a Ferran. Pero es que para mí es uno de los grandes genios que ha dado la humanidad. Una persona que ha aportado al mundo de la cocina todos sus conocimientos para que ésta avance y al que todos deberíamos estar agradecidos. En la vida soñé que alguna vez le conocería. He visto y leído la mayoría de lo que se ha publicado sobre El Bulli y os puedo asegurar que mi admiración hacia él es infinita. La Fundación Teléfonica, en la Universidad de Málaga, ha hecho realidad ese sueño. ¡Gracias! Tenerle delante y oír de sus labios la historia, tantas veces escuchada, de cómo se creó elBulli, ¡me puso los pelos de punta! En el momento de la conferencia en el que se emiten los últimos minutos del documental El último vals que nos muestra el momento en el que sale de cocina una fondue, el último plato servido en elBulli, me emocionó. Un momento histórico en la gastronomía de este país, con su protagonista delante. No se puede pedir más. Cada palabra que dice está pensada, meditada. Lanza preguntas, en principio banales, que te dan mucho que pensar. "¿Tenéis claro qué es cocinar? ¿Abrir una ostra es cocinar? ¿Hacer una pizza congelada en el horno es cocinar?". Y a una, que ha sido cocinera media vida, le deja fuera de juego. Me doy cuenta de que Adrià es un incomprendido para muchos. Es frecuente que escuche comentarios despectivos hacia su trabajo y hacia su forma de ver la cocina, viniendo incluso de personas que se dedican a esta profesión. En mi cabeza tengo siempre presente una anécdota que contó en uno de los documentales sobre elBulli emitidos por TVE. Ferran relataba la revolución que supuso el descubrimiento de las gelatinas calientes con agar agar, ya que en occidente, hasta ese momento, solo se conocía la gelificación en frío. Y cómo, cuando presentaron ese plato, totalmente novedoso, en elBulli los comensales se lo comían como si fuera lo más normal, como si hubieran existido desde siempre, sin darse cuenta de todo lo que suponía, de todo lo que había detrás, del paso de gigante que se había dado en la evolución de la cocina. También tuvo el detalle de contarnos el secreto del éxito de elBulli, que no es otro que su compromiso y el de todo su equipo con un proyecto en el que creen. Ferran llegaba el primero y se iba el último. En los últimos 10 años solo faltó cuatro o cinco días. Emociona, y se emociona, cuando relata cómo uno de los stagieres ve parir a su mujer por Skype porque no quiere faltar ni un día a su trabajo. Hasta ese punto llega el compromiso humano en esa empresa. El gran Ferran Adrià, incomprendido por algunos. Idolatrado por muchos, entre ellos yo.   * Foto: Ferran Adrià, durante su conferencia en la Universidad Complutense de Madrid, el pasado mes febrero (Carlos G. Cano).

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