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Insectos a puñados

mosca500 El hambre es política. La comida también. Dice la FAO, la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, que comer insectos puede ser una posible solución al hambre en el mundo. Lo acaba de hacer público en un informe publicado esta semana. Sin embargo, esta idea no es nada nueva. Según el antropólogo Marvin Harris, el hacendado inglés Vincent M. Holt, indignado por que los insectos se comieran sus cosechas, publicó en 1885 un libro titulado Por qué no comer insectos en el que decía que, si los jornaleros se dedicasen a recolectar insectos, no solo se doblaría la cosecha sino que los pobres ya no tendrían que quejarse de no poder permitirse el consumo de carne. El hacendado explicaba: "En estos días debemos hacer cuánto podamos para aliviar los sufrimientos de los jornaleros agrícolas. ¿No deberíamos ejercer nuestra influencia señalándoles una reserva de alimentos olvidada?". Y, efectivamente, la carne de insecto es tan nutritiva como la carne roja o la de ave de corral, pero que europeos y estadounidenses, quienes aborrecemos culturalmente los insectos, impulsemos su consumo como carne barata para pobres, no deja de ser una hipocresía, que, además, no para de repetirse. Comer no es solo nutrirse. Es cultura y tradición. Decía Pedro Duque, el astronauta español, que pese a estar perfectamente nutrido en la Estación Espacial Internacional, soñaba con el momento de morder una manzana. Su colega ruso, con morder una cebolla. Y eso fue lo primero que hicieron ambos cuando volvieron a poner los pies en la Tierra. Sin embargo, a la política se le olvida este extremo. Nos invita a inundar el mundo de transgénicos con la mentira de que aliviarán el hambre del mundo (cuando en realidad lo que harán será engordar las arcas de unos pocos) y nos dice que tenemos que comer una cosa u otra, bajo el disfraz de las recomendaciones saludables. Se olvidan de que la sociedad a la que dirigen sus mensajes ya no es la misma de hace mucho tiempo. Es una sociedad que pide democracia real, que se informa e intenta pensar. Una sociedad que no se traga todo, ni siquiera los insectos a puñados.   * Foto: Getty.

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